15 y Último | ¿A cuál motor pertenece el petro?

Luis Salas Rodríguez

Luis Salas Rodríguez

A comienzos de 2016, se lanzaron los “motores productivos”. Eran unos 15, pero se sumaron otros, hasta superar la veintena. La idea –se dijo– era superar la guerra económica y también el denominado “rentismo”: de allí que se comenzara a hablar de “economía postrentista”, e incluso, “postpetrolera”.

Pero, a casi dos años de ese lanzamiento, y sin que tengamos un balance de lo ocurrido con los motores, se anunció el petro. Al principio se planteó como una “criptomoneda” respaldada por nuestras reservas minerales, utilizable para el pago en el comercio exterior, burlando el bloqueo financiero-comercial a través de mecanismos financieros no tradicionales. Sin embargo, con los días la idea se complejizó, al punto de concebirse como una moneda de curso legal en el país, adicional al bolívar, pero también al resto de las criptomonedas no nacionales (como el bitcoin), las cuales no solo se permitirán, sino que también se promoverá minarlas

Esto al menos es lo que se desprende de la lectura del Libro Blanco de El Petro lanzado recientemente de manera oficial. Pero, también, de una entrevista realizada por el diario Panorama al superintendente Carlos Vargas, que lleva el título de: “Podremos comprar pan con criptomonedas”.

Ahora, más allá de este tema cuyas implicaciones económicas en términos amplios merecen ser revisadas con calma (en 15yultimo.com hay una sección dedicada a varios escritos al respecto), hay un momento de la entrevista bastante singular. Y es cuando el entrevistado a la pregunta sobre si se ha considerado la enorme carga eléctrica que implica el minar criptomonedas, responde lo siguiente:

“Mantenemos reuniones permanentes con Corpoelec y nos indicó que en el caso de los estados con zonas industriales que han mermado su funcionamiento o capacidad, queda un poco de carga disponible.”

No es una pregunta inocente. De hecho, todos conocemos los problemas del sistema eléctrico nacional (SEN), allende los sabotajes. Para decirlo brevemente: se estima que en el supuesto de que la economía nacional detenga su caída y pueda recuperarse, dado el estado del SEN, se necesitaría incorporarle 5.400 Mw de energía adicionales, casi 30% en la oferta actual, para crecer un modesto 3%.

Lo que esto quiere decir es que si, por caso, la zona industrial de Valencia se pone a funcionar tal y como se aspira, al ritmo que vaya reactivándose (aunque preferiblemente antes) debe incorporarse al SEN energía adicional equivalente, pues, de lo contrario, los hogares de Valencia deberán “compartir” –por no decir competir– con las industrias la electricidad disponible.

Pues bien, si esto ya es un problema de restricción energética interna a la economía nacional de no simple resolución, consideremos lo afirmado por Vargas. El punto acá es que hoy día se estima que el minado de una criptomoneda como el bitcoin consume unos 200 KWH, es decir, lo que consume un hogar promedio norteamericano en electricidad durante un mes.

La solución propuesta suena lógica: aprovechar la capacidad “disponible” de aquellas zonas donde la actividad industrial ha caído. Ahora, ¿pasamos a suponer entonces que estas zonas no se recuperarán nunca, pese a que se nos repite siempre que se invierte mucho esfuerzo y recursos en ello? No necesariamente, tal vez se tenga un plan distinto al de sustituir fábricas por computadoras para criptomonedas, y lo que hace falta es explicarlo mejor. Que se diga a cuál motor productivo pertenecen las criptos, o cómo se acopla con los existentes o si vienen a sustituirlos y nos olvidamos de todo eso de la producción. Veremos.


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