1927-29, intentos de República del Zulia

Gerónimo Pérez Rescaniere

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En el libro Eduardo Machado, un general de la utopía, Guillermo García Ponce cuenta que en el año 1927 nació una división dentro del Partido Comunista estadounidense a raíz de la interpretación de algunos líderes de la puja entre Estados Unidos e Inglaterra como principal pugna interimperialista del momento. En verdad, desde que se produjo la Independencia de los Estados Unidos, hay una dinámica de vaivén en la relación de las dos potencias anglosajonas, que si bien las asocia en la Doctrina Monroe, las lleva a varias crisis de distanciamiento durante todo el siglo XIX por causa de México, Centroamérica y Venezuela. Las asoció otra vez con el tratado Hay-Pauncefote para robarle Panamá a Colombia y otra vez en la Primera Guerra Mundial, de ahí en adelante continúa la pendulación. Después de 1925, momento en que se sitúa la narración de García Ponce, se pone agria la relación y adviene una guerra comercial entre la Shell y la Standard Oil. Las actividades en el territorio norteamericano de la filial de la Shell –la Roxana– estuvieron casi paralizadas.

No es por supuesto estudio académico el que hacen los “camaradas” de 1927, el comunismo de esos años era intensamente conspirativo, de acción. Y no podía ignorar por ejemplo, que dentro de la guerra petrolera la Standard Oil de Nueva Yersey daba a la recién nacida URSS una ayuda objetiva y poderosa que se incrementará en los años siguientes dentro del cálculo ulterior que resultó acertado, de que los ejércitos comunistas serían un valladar decisivo contra Alemania. Por el contrario la Shell, poseída por el anticomunismo de su presidente Henry Deterding, estaba alineada con Hitler. Luego Deterding se tornará antihitleriano a medida que Inglaterra lo hace y motivado por el antijudaísmo del nazismo. La dicha guerra entre petroleras se libraba en muchos escenarios a lo largo del mundo, con copia de zancadillas, maniobras y golpes.

“Diplomacia en mangas de camisa”

García Ponce refiere un intento de República del Zulia que tuvo por escenario la Guajira colombiana y coloca al respecto los nombres de dos estadounidenses petroleros Smith y London, quienes formaron un reclamo a fin de convertirlo en un caso diplomático que finalmente justificara una intervención militar apelando a la ultraimperialista declaración del presidente Coolidge, según la cual “donde está la propiedad de un norteamericano está el territorio de los EEUU, nuestra marina y nuestro ejército lo protegerán”. La acción de los dos estadounidenses aspiró a provocar un incidente al estilo del que justificó el derrocamiento de Cipriano Castro en Venezuela, el de Santos Zelaya en Nicaragua. El embajador norteamericano en Bogotá practicaba lo que llamaron “diplomacia en mangas de camisa”, declaraba “concesiones o secesión”, recordando con su máscara de duros trazos el antecedente de Panamá.

El complot tenía sus entusiastas del lado colombiano y también del lado venezolano. Algún venezolano compraba masivamente tierras del sur del lago en los días de máximo furor secesionista. Ahora bien, decir conspiración norteamericana para la secesión de la región petrolera es decir golpe contra Inglaterra, dentro de la pelea interimperial que ocupaba a los camaradas. Y no era juego, todo todo lo que sucedía en el mundo económico –que quiere decir en el mundo– tenía que ver con esto, muy factiblemente derivaba de esto. La Shell estaba bien instalada en el Zulia con el nombre de Venezuelan Oil Concessions.

A los nombres anotados hay que añadir el de William F. Bucley, también estadounidense, que venía expulsado de México, donde electrificó la cerca de unos terrenos de los que sacaba petróleo, haciendo que los indios que habitaban allí murieran electrocutados. Bucley aterriza en Venezuela, donde sería de los más destacados gestores de la República del Zulia, entre 1924 y 1926. Figura misteriosa, el norteamericano parece ser un pescador en río revuelto, ni hombre de la Shell ni de la Standard.

Acaso la mejor documentación sobre esto está contenida en algunos artículos del periódico Libertad, editado en México en 1929 por exiliados venezolanos, donde menudean noticias de la lucha de Sandino enviadas desde el campo de batalla y otras por el estilo. Es una de esas publicaciones de frecuencia irregular, tipografía borrosa y papel barato que siempre son más interesantes al historiador que los periódicos de gran tiraje, obedientes al gran capital. Su encuadre básico era que el petróleo venezolano iba en camino a convertirse en causa de una guerra entre Estados Unidos e Inglaterra. En el número de mayo de 1928, viene un texto de J. A. Silva Márquez (¿Un pseudónimo?) titulado: “La separación del Zulia en República independiente”. Empieza así:

“La riqueza petrolera de Venezuela la ha colocado en una posición internacional muy complicada. Venezuela será, y esto no es una afirmación nuestra sino de varios técnicos internacionales, la presa que dará origen a la futura guerra entre las naciones imperiales. El próximo conflicto no será como el anterior por el control de los mercados, sino por el control de la materia prima que permite producir para los mercados y que permite transportar para los mercados, y esa materia prima es el petróleo. Pero no solo el petróleo es la causa principal de las guerras, sino también la situación geográfica de los yacimientos en disputa.

“Estamos en contacto con Vincencio Pérez Soto”

La producción de Venezuela sobrepasará a la de Estados Unidos en pocos años y la posición geográfica del Zulia en las mismas puertas del canal de Panamá –y de los Estados Unidos como siempre destaca Walter Martínez– , que permite a Estados Unidos tener una sola zona de explotación y la materia lista y pronta para sus avances sobre los países del Pacífico, hacen de Venezuela el lugar de disputa más ambicionado por los dos imperialismos en lucha, el inglés y el yanqui.

A todas estas, la Standard Oil de Nueva Yersey presiona para entrar a los campos petroleros venezolanos. Su obvia y silente oferta es “deseamos concesiones, si no las recibimos recurriremos a la secesión. Estamos en contacto con Vincencio Pérez Soto”. Por su parte la Shell, que había entrado primero, aprovechando la Primera Guerra Mundial para obligar a Venezuela a financiarle el gasto militar con petróleo barato, no admite la entrada de la competidora. Gómez está en apuros, el tiempo para su derrocamiento empieza a correr, de momento se ha abierto “la ventana”, como la llamaron. ¿Qué es la ventana? Consiste en que los Estados Unidos le suspende a Gómez la protección que le asignaron cuando derrocó a Cipriano Castro, más exactamente para que derrocara a Cipriano Castro, porque sin eso el Cabito hubiera regresado y muy factiblemente habría retomado el poder con uso de la bronca causa de andinos “lanudos” que lo seguía y lo admiraba.

Venezuela ha estado patrullada desde entonces por los acorazados yankees pero a partir de 1927 eso se suspende. Es el tiempo en que llegan a Venezuela las invasiones de Rafael Simón Urbina y Román Delgado Chalbaud y se producen adentro varios pronunciamientos, entre otros el del general José Rafael Gabaldón.

Gómez solucionó la crisis creando la región petrolera de Anzoátegui, dando concesiones allí. Así, la compañía que quisiera gozar el petróleo de Oriente debía respetar la pertenencia del Zulia a Venezuela. Con esa medida, impidió la fragmentación de Venezuela, garantizó la riqueza que la caracterizó y la caracteriza, hasta hoy. Aunque no la Faja del Orinoco Hugo Chávez Frías, de la que entonces no se hablaba.


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