La quema de Judas, un símbolo de justicia popular

Cada Domingo de Resurrección se quema un muñeco que representa a Judas Iscariote

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El nuevo testamento de la Biblia nos relata la traición cometida contra Jesús por parte de uno de los apóstoles, Judas Iscariote, quien vendió su libertad por 30 monedas. Esta historia se ha convertido en una tradición en la que distintas comunidades cristianas tienen una amplia participación el Domingo de Resurrección.

Se trata de La quema de Judas, tradición que tiene un significado simbólico de justicia popular, pues a través de ella el pueblo expresa sus quejas y descontentos con relación a los acontecimientos políticos y comportamiento de figuras públicas, de igual forma trata de dar finiquito simbólico a la cuaresma para garantizar su resurrección el próximo año.

El motivo original es recordar la traición de Judas a Cristo, y simbólicamente alude a la traición del personaje escogido para ser el Judas, a su pueblo, comunidad o hasta el país.

El Judas en cuestión es un muñeco elaborado con telas, ropa vieja y trapos, relleno con fuegos artificiales que aportan los participantes de la quema de cada comunidad, estos fuegos artificiales son explotados una vez que el Judas es ahorcado y se quema.

Generalmente, se hace el muñeco de cuerpo entero y se viste con zapatos y trajes usados, se le colocan lentes, guantes y distintos accesorios, que aportan y colocan los integrantes de la comunidad que lo crean.

Néstor Arvelo tiene 40 años viviendo en la parroquia Sucre, y relata que cada año queman a un personaje distinto: “Eso depende de los que nos tengan la pata montada. Viene siendo una venganza para nuestro pueblo, y así lo asumimos en la comunidad”.

La ceremonia comienza cuando es escogida la persona que sea considerada, por sus acciones, una amenaza para la sociedad y que sea merecedora de burlas o escarnios. “Aún no sabemos a quien quemaremos este año, pero si me preguntan, yo voto por Trump, es un hombre que escupe odio y maldad a la humanidad”, expresó Arvelo.

El muñeco es elaborado a semejanza del Judas escogido, se le coloca una soga al cuello y, antes de su quema, en varias comunidades es arrastrado y ahorcado dramáticamente.

Néstor Arvelo también relata que, antes de ser quemado, debe recorrer las calles del pueblo o comunidad para que todos sus habitantes tengan conocimiento de su castigo, una vez cumplido este recorrido, el Judas se sube a un árbol o poste de luz, y allí es ahorcado y, posteriormente, quemado.

Este rito es motivo de fiestas y celebraciones que se acompañan con música y bailes de los integrantes de la misma comunidad, y así es como expresan su espíritu de satisfacción y victoria al quemar a ese personaje que amenaza al pueblo.

Néstor Arvelo cuenta que, para él, es una de las tradiciones más practicadas en Semana Santa, y debido a la organización que implica la quema, muchos vecinos se han unido al ritual de forma voluntaria para ser parte de la fiesta.

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Historia: Primera quema en Venezuela

Se cuenta que el primer Judas quemado en Venezuela se realizó en Cumaná en el año 1499, y fue en representación de Américo Vespucio, cuando este se presentó con espejos y baratijas para ser cambiadas por perlas, y hacer que los indios le construyeran un bergantín. La embarcación fue construida, y en ese mismo bergantín se marchó don Américo y jamás regresó. Los indios, en vista de que el conquistador no regresaba, decidieron hacer una especie de espantapájaros y colocarlo en el sitio donde se fabricó la barraca de don Américo, allí le prendieron fuego y bailaron al son de los tambores y chirimías.

Aunque formalmente esta práctica proviene de las tradiciones originadas por la religión católica, los indios hallaron una curiosa manera de vengarse, que años más adelante se convertiría en una forma de expresión.

Posteriormente, durante la Capitanía General de Venezuela, cuando algún personaje cometía algún error esperaban su caída y lo judaizaban. Se cree que el primer Judas de Caracas fue incinerado en el año 1801, y luego se hizo común en nuestro pueblo quemar a Judas el Domingo de Resurrección.

Como estaban vestidos con ropas muy gastadas hechas a partir de retazos de tela, el nombre de Judas también era utilizado por los “clase alta” para denominar a quienes andaban con ropas muy modestas (para ellos mal vestidos), es decir, los pobres.

Así, poco a poco fue creciendo la tradición en todo el territorio nacional, y se puede decir que son más famosas las que se realizan en Caracas, en diversos estados orientales y en Lara, Cojedes y Aragua, por su particular forma de vestir al personaje y por mantener la tradición tan arraigada en las diferentes comunidades que se manifiestan.

Veremos este año quién será el Judas que el pueblo decida poner a merced de las llamas.

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Cine nacional: La quema de Judas en la pantalla

En 1974, comenzó a nacer el nuevo cine venezolano, expresión que es conveniente utilizar para distinguir el cine nacional que se hizo desde ese año hasta 1979, y luego, del que se hizo a partir de 1981, cuando fue creado el Fondo de Fomento Cinematográfico.

Fue cuando salió La quema de Judas de Román Chalbaud, que llegó al cuarto lugar de ingresos por taquilla. Al año siguiente fueron Crónica de un subversivo latinoamericano de Walerstein, Sagrado y Obsceno de Chalbaud y los primeros créditos otorgados por el Estado para la realización de películas.

La quema de Judas se convirtió en una película muy vista, es una historia de Román Chalbaud con un guión de José Ignacio Cabrujas, estrenada en julio de 1975, con una duración de 90 minutos, narra los hechos de un delincuente, Jesús María Carmona, que se infiltra en la policía con la intención de dar un gran golpe a un banco; pero unos guerrilleros urbanos se le adelantan y al tratar de defenderse es muerto con una ráfaga de metralla por uno de los guerrilleros. Al final de la película aparece un judas quemándose con la cara de Jesús María, como clara referencia de quien ha traicionado a los suyos; es colgado y quemado como un Judas.

El primer largometraje de Chalbaud nos muestra una escena real, la fotografía que ganó el premio Pulitzer, que se vivió en1962, conocida como El Porteñazo. Puerto Cabello fue escenario de las acciones bélicas más cruentas que registra la historia, tres días de terror y muerte. De alguna manera quiso mostrar quiénes son los verdaderos enemigos del pueblo, es por eso que expresa la justicia del ciudadano de a pie.

Sin duda, el director plasma la realidad que se vivía en el año 1975 cuando gobernaba Carlos Andrés Pérez, injusticias, maldad y odio, un suceso real de violencia que merecía ser contado y pensado por la generación que vivía los hechos en la búsqueda propuesta y solución para el conflicto en que se expresa claramente el director.

Sigue viva la historia contada en este filme y las comunidades guardan el día de la quema para cumplir la misión de hacer justicia con sus propias manos de una manera simbólica, pero que satisface la necesidad de alzar la voz ante la violencia.

REDACCIÓN NIEDLINGER BRICEÑO
FOTO MARCOS COLINA

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