José Ángel Fernández: «El sello lingüístico ancestral no se desprende de uno»

Antonio Trujillo | Regiones verbales

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La palabra en wayuunaiki A’yajuui es hija del mito y tiene su origen en la tradición ancestral de mi cultura. Como poema viene de tres pasajes. Mi papá me llevaba al mar a buscar pescado donde un paisano de él llamado Makaantira y nosotros pasábamos por el lado del médano A’yajuui, que según la mitología nuestra es donde una enorme serpiente devoró a dos señoritas que eran hijas de Juya, el Creador entre los wayuu, (no es Ma’leiwa), Ma’leiwa es como una aliteración para evangelizar, Ma’leiwa ma’in se traduce en el principio de las cosas. En la cosmovisión wayuu, repito, el personaje central es Juya, y las hijas de él fueron devoradas en esa cacimba, ( hoyo de agua) que mi papá me señalaba mientras yo estaba montado en las ancas de su cabalgadura. Desde allí yo veía una parte de la salina rojiza y él me decía en wayuunaiki “Tachon, na süshachikinain nüchonyuu Juya” lo que quiere decir:”hijo, esa es la mancha de la sangre de las hijas de Juya”.¿ Cómo olvido eso?… Luego hago un recorrido inspirado en Gallegos que retoma el mito y voy en son de reconocer realmente el espacio y contemplar la maravilla de allá, porque queremos que se declare patrimonio sagrado, ya que ahí habita toda una mitología. Entonces voy y me dicen los lugareños: “. Él mito según la oralidad, A’yajuui es la presencia de esa palabra, que no es otra cosa sino el médano misterioso, fragmentado por Juya, cuando una serpiente devoró a sus hijas”. Entonces, los lugareños me insisten “Tú no has visto nada…” además uno de los pasajes del poema A’yajuui que recrea Gallegos dice “no hay verano que lo seque” es la cacimba natural, cuando ese rojo se manifiesta es la sangre de las hijas de Juya.

Como se sabe en los accidentes geográficos de las salinas se forman concavidades en el terreno, pero de pronto me enseñan una que tenía como tres metros de profundidad y ahí estaba la cacimba con agua de color rojo. Me quedé impresionado. Empiezo a escuchar los cantos sobre el mito y ciertamente aparece el mito en los cantos. Como dice Ramón Paz Ipuana, el jayeechi (el canto) es el fundamento de la literatura wayuu, estoy totalmente de acuerdo, todas las culturas las hacen así. Cuando mi versión se confronta con el mito, no me apresuro, busco varios cantos de mis ancestros sobre el mito. No puede ser digo yo…Ahora si puedo escribir un poema sobre esto y sale este poema:

Shii’irain A’yajuui:

Yala’a yala sa’ato’u tü ishikaa A`yajuui / ja’yasü süsha chikanain piamasü majayünnnüü nüchonyuu Juya.
Shiaja’a tü wuikaa Wo’ulijano’u emirajaakaa nüchonyuu Juya.
Nütüttaapa Juya ishosü ma’in so’u ishikaa / jee nnojotsü oosojooyaain joutale’ulu.
¿ Kasainje süinyain sükalu’u ka’i suumain wayuu ?
Juya aka mulo’usheyuuin ma’in nia jee jashiain ma’in nia
walakatajataashi chi jasaikai A’yajuui nutuma / naapapa kasachiki sünüliamaajatü nüchonyuu / nüküjala junuunai nümüin.
Su’unulejee wüikaa pasanainmüin sünain palaakaa / alaasajünüsüja’a shia jee süntinnüin suchukuwa’aya nutuma yolija eemüin eejetüle paala shimirajüin tü mahayünnüüchennuukoo.
Pasalaasü nüchonyuu Juya nutuma / mulo’ushaana nu’wuira nüshorottirakaa / shipiraja’alaatain shi’ratshiikaa jee tü laakalüirua.
Aisü ma’in nümüin Juya tia / naayü’iya jasaika A’yajuui nüta’apalain joutaikai.
¡Tü A’yajuuikaa shiaja’a wanee mma pülashii / eere me’raajuuin tü miaasüukaa!

Canto de A’yajuui:

Ahí cerca de la cacimba A’yajuui / se ven las manchas de sangre de dos señoritas hijas de Juya.
Es la serpiente Wo’ulijano’u / la que devoró a las hijas de Juya.
Cuando truena Juya, rojo intenso se pone el agua de la cacimba / y no hay verano que lo seque.
¿Qué agua perenne tendría la comarca de los wayuu ?
Juya portentoso y rebelde fragmentó al médano A’yajuui / al recibir la noticia de sus hijas de boca del escarabajo.
La serpiente se fue mar adentro / fue enlazada y traída por el pelícano / al mismo lugar donde había devorado a las señoritas.
Juya vengó a sus hijas / derramó muchas lágrimas / inundando las sabanas y jagüeyes.
Aquel suceso le dolió mucho a Juya / ahí está todavía el médano A’yajuui / soportando los latigazos del viento.
¡ A’yajuui es un lugar encantado donde no se conoce la sed!

Así fue el origen de estos dos textos. Eso existe, donde yo nací queda cerquita el médano A’yajuui. Nos remitimos otra vez a Gallegos, el mito aparece recreado en su novela Sobre la misma tierra, un mito de la nación wayuu. Todavía oculto pues a pesar de que existen muchas versiones orales, él vive no sólo en la escritura sino en la oralidad, su gran casa. Y lo más bonito es cuando tú llegas ahí, el ambiente, la visibilidad se parte en dos escenas. Si miras al horizonte del poniente, ves el crepúsculo de la sabana inmensa. Si miras hacia el oriente, ves el azul del mar. ¡Qué cosa no!, un lugar digno de hacer un juramento. Es el sitio más alto que tenemos ahí, no hay otro. Habrá cerros, serranías y concavidades… pero ese es el único cerca del mar donde está sintetizado el hilo espacial, el hilo toponímico y lo geográfico en ese mito de Juya, el verdadero Creador. Recordemos eso y relacionálo ahora con este poema que se refiere al lugar de mi nacimiento.
Yo nací en el caserío Wulerii que se traduce en el «Lugar de lo despejado», ese es el genuino nombre de la Laguna del Pájaro. Pero la característica central del espacio es la existencia de un hoyo de agua en una laguna natural. Entonces ahí competían pájaros. En mi infancia yo veía que los cazadores con hondas, mataban a los inocentes pájaros.

Posteriormente se le cambió el nombre más acá por cuestiones de reafirmación étnica por Alitasía. Nemesio Montiel Fernández, el antropólogo wayuu le cambió el nombre. Yo respeto ese nombre. Alitasía, también está en la novela ya nombrada de Gallegos, tomando en cuenta que ese sitio fue visitado por el novelista. Entre los informantes estaban: Mi abuelo Torito Fernández Wuliana, Germán Pocaterra, padre de Leoncio Pocaterra (Juan Püshaina) Noelly Pocaterra y Nemesio Montiel padre, entre otros. Una tía mía, Florinda Palmar, le cantó a Rómulo Gallegos un jayeechi. Cómo no relacionar eso; por eso te digo, para llegar a estos textos, me adentré en la cosmovisión wayuu y por supuesto eso requiere de una pulitura, no hice una mera versificación antropológica, porque la idea es mantener la esencia como un testimonio. Y con el caso del wayuunaiki se mantendrá ahí.

¿Qué pasa en la Guajira? Comúnmente la Guajira es un encuentro y desencuentro de situaciones oníricas y de realidades. Los wayuu no ven en la oscuridad, ven en la luz a través de los sueños, ven los destinos a través de los sueños, presagian a través de los sueños. Entonces el keeralia (fuego fatuo) que emite luminosidad en las noches acompañando a los contrabandistas que iban en bestias por las cercanías de la Laguna del Pájaro para llegar a Maicao, contrabandeando de noche, eran acompañados por esas luminosidades. Tengo un testimonio directo de mi madre Teresa Silva. Esta me contó: «solíamos espantarlos con chirinche (ron), en parte se ahuyentaban pero volvían». Yo nunca los vi. Mi hermano Lucas, mellizo conmigo, sí los vio. Nunca los vi porque nunca tuve la oportunidad de contrabandear en bestias con mi mamá. Pero a través de los mitos, a través de la poética y del jayeechi (canto) me encontré que la Guajira y cualquier punto del ser que poetiza y canta consigue muchas luminosidades. Yo encontré eso, una vez más por la palabra. La luz pues. La luz de la vida, la luz de la esperanza, la luz de la metáfora, la luz de los ritos, de los mitos…Entonces, uno de los ritos dancísticos que mejor sintetiza el imaginario social wayuu es la kaa’ulayawaa (el juego de las cabritas) y se comporta como un juego/teatro/danza en honor a tü eiikaa mma (la madre tierra) y Juya por las providencias que dan estos a los wayuu cuando las cosechas ya están listas.

Esta danza se ejecuta en una extensa pista rectangular con parejas fijas llamadas ajülüwaa. Y se da la clausura: ella llega, se va y muere a través de la voz de los cantores llamados jayeechimaajana a manera de contrapunteo. Así llega la kaa’ulayawaa: «Anii jolu`u taya antuin taikeyuuchenuuwaa, joo’ulaajayaa taya japülin sutuma wayuu waneejetü». Esto se traduce en: He llegado nietecitos míos, no dejen que los extraños se burlen de mi vejez. Esto es poesía. Y en la voz de otro comtrapuntero, la kaa’ulayawaa se despide: «O’unatatüinja’aya joolu’u taya taikeyuuchennuuwaa, wane’eree tale’ejüin tüshe wanee juya anteetkaa». Se traduce en: «Ahora si me voy nietecitos míos, regresaré hasta el año venidero».
La palabra Juya es polisémica. Juya es el tiempo, la edad, el personaje principal en la cosmogonía wayuu.
Una de las versiones de los cantos durante el juego de la cabritas, esa danza nocturnal y primaveral es que, una letra de quien dirige dice: «Aa ichaale’ema’in tayaamainnee, ichaale’ema’in taya mainne kepiain mainne na’ato’uchonnmainee eemüinre nümotüin ka’ikaimainee,ka’ikaimaineee… ». Se traduce en: «allá vivo cerquita donde se oculta el sol…».
Eso es mucha poesía a cielo abierto. Qué es lo que yo he hecho con estos textos. Tratar de traducirlo lo más fiel posible y por supuesto los recreo y les mantengo la dimensión espiritual.
Entre filosofía, canto y poesía no hay mucha diferencia. Al darme cuenta de eso, cuando me conseguí un día con un anciano que vio que el sol estaba rodeado por una aureola, él escupió y dijo en wayuunaiki: «Outeechi wanee wayuu washirü». «Se va a morir un hombre rico».

Yonna
Yonnatüsü kashikaa
outeechi wanee wayuu washirü.

Danza
La luna está danzando
se va a morir un hombre rico.

Mi papá Nectario Fernández Ja’yaliyuu, saliendo una madrugada conmigo a pie desde la Laguna del Pájaro hasta los Filúos, cuando estaba amaneciendo, vio que la rama de un cují estaba como serruchada y me dice: «Hijo, mira, ese según cuentan los ancianos era un wayuu muy laborioso, tejedor de huertos, le decían Pü’üüten. Este relato también me inspiró así:

Tatuushi Pü’üüten
Taata Pü’üüten ashanaajushi sütuna aipio’uliakaa.
Taata Pü’üüten akulaalajüshi jimoo’oluushajayaain
[shia nutuma.
Taata Pü’üüten aneerü juyakaa tüü müshi.

Abuelo Pü’üüten
Abuelo Pü’üüten quiebra las ramas de los cujíes
imitando el paso de las adolescentes.
Abuelo Pü’üüten enuncia
este año va a ser bueno.

Qué es lo que hice yo, lo salvé en el sentido poético de la palabra, porque si no se le presta atención a eso, se pierde.
Mi lugar de nacimiento queda muy cerca de aquí, a tres horas. Queda antes de Guarero, hacia la vía Cojoro-Castillete.
Le cuento poeta, cuando conocí una partecita de la Alta Guajira, me quedé azul, la Guajira venezolana es una microparte de la Gran nación wayuu binacional. Me fui un día para la Alta Guajira y me encontré con una cosa maravillosa e impresionante, el Parque Nacional de la Makuira en la Guajira colombiana. Me dice un lugareño cantor de allá, que existe un personaje llamado Waneetuunai, que cita Jusayú y también lo cito en uno de mis poemas. Waneetuunai se traduce en «el que tiene una sola pierna». Pues, es como si su cuerpo fuese cortado longitudinalmente y camina al revés con el talón del pie. Él rapta a las doncellas y su presa predilecta es el corazón de sus víctimas. Cuando a él lo están buscando, como camina al revés, la gente cree que lo tiene cerca, mientras cada vez es más distante de ellos. ¿Me entiendes? Ese es el Waneetuunai. Me dicen entonces que el Waneetuunai es el guardián de cuanto tesoro hay en la Guajira. ¿Qué no hay en la Guajira? Hay un túnel que llaman el túnel de la vida y llega al mar. Si tú vais a tener larga vida, por muy gordo que seas, entras sin problemas al túnel. Y si vais a tener corta vida, por muy flaco que estés, no entras al túnel. Esto es una maravilla.

Lo otro es que, en la Alta Guajira se mantiene mucho todavía el sentido de lo colectivo, de la propiedad colectiva, demarcada también.
Esto está imbricado, es así como hay que resaltar que el verdadero personaje equivalente a Dios es Juya, aquí también lo refleja el mito. Shiiirain A’yajuui («Canto de A’yajuui») y Jayeechi sümüinja tü Wulerii («Canto a la Laguna del Pájaro»). En la escena aparece en primer lugar las hijas de Juya, recuerde que estamos en una cultura matrilineal, donde una serpiente devora a las hijas de Juya, y son vengadas por el mismísimo Juya en una de las versiones del mito.

Dado que A’yajuui está a nivel del mar y hay un montículo de arenas, eso tiende a calentarse con los rayos del sol. Y el agua que llega ahí, que se deposita ahí en las laderas del médano, no es fría ni caliente, es como un cuerpo tibio, de ahí viene la palabra A‘yajuui («lo que se puede calentar»), aquí la toponimia es parte el mito.

Sí, el Creador principal en la cultura wayuu es Juya, y venga a su hijas porque es portentoso e hipermasculino. Muchas culturas tienen este atributo y los wayuu en particular.
Evidentemente que hay todo un legado mítico que aún permanece vigente en la conducta del wayuu, su condición de ser colectivo, de parentesco matrilineal. Todo eso me llamó la atención en la Alta Guajira.

Primero estudié sociología, posteriormente estudié antropología, pero si vuelvo a esos textos hay muchas cosas que van aflorar. Repito, no solamente es hechura mía, es una crónica ancestral al mismo tiempo que implica pulitura, traducir, recrear. Bueno, en eso estamos.
Si yo no me despojo de las terminologías que vuelvo a repetir en castellano, es para darle énfasis. Y si yo me desprendo del wayuunaiki y lo recito en cualquier parte del mundo, a lo mejor dirán que es un poema de origen japonés o chino. Hacerlo en mi lengua originaria ancestral es un sello importante. Cuando empecé a acercarme a la poesía occidental, no me sonaba nada, no comprendía la poética escrita, hasta que un buen día una persona que no era wayuu (el poeta Jorge Luis Mena) mi facilitador en literatura me dice «por qué no escribes primero en tu lengua». Yo me asombraba y me preguntaba «ahora cómo lo hago».

Por esos días estamos creando en la Universidad del Zulia, la Asociación de Estudiantes Indígenas Universitarios de la Universidad del Zulia (AZEINLUZ) con Noelly Pocaterra a la cabeza y nos traían otras personas anteriores a nuestra generación de facilitadores como Petra Josefina Moreno, Saúl Rivas Rivas. Yo era muy joven. Nos traen por primera vez a Esteban Emilio Mosonyi como facilitador de wayuunaiki (idioma wayuu), otro asombro para mí, una persona que no es wayuu dominando magistralmente mi idioma. Dije «éste es el campo». Entonces ante el nombre recurrente de Miguel Ángel Jusayú y Ramón Paz Ipuana, dije «otros nombre pueden surgir». Producto de ese impacto, decido visitar a Jusayú con mi hermana Susana Fernández, exsecretaria de él, no se habían visto en quince años. Solamente mi hermana al pronunciar su nombre: «¡Jusayú!», él pronunció el nombre de ella: «¡Susana!». No olvidemos que él era invidente. Qué capacidad de memoria. Luego mi hermana le dijo: «Éste es mi hermano, quiere tu apoyo y tu ayuda, quiere ser como tú». «Cómo no, trabajaremos juntos, mi casa está a la orden, vivo en el barrio San José». Le contestó el Maestro.

De modo que el sello lingüístico ancestral no se desprende de uno, no se va a desprender fácilmente.

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3 comentarios

  1. Mary Carmen Gavidia Deza Responder

    Muchas gracias por compartir con nosotros esa sabiduría indígena, me gustaría si es posible que me dijera que es un Tolú, gracias mucho éxito en todo,y cual es su facebook para seguirlo

  2. José Angel Fernández Responder

    La memoria y la historia en muchos parajes de la tierra están a cielo abierto
    Que viva una vez más la palabra verdaderamente revolucionaria por las vidas espirituales

  3. José Angel Fernandez Responder

    La palabra colectiva no se negocia, se comparte en pos de las geopoéticas libertarias y descolizantes