15 y último: ¿Y después del golpe, qué?

Luis Salas Rodríguez

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En una reciente encuesta de Hinterlaces se resalta que el 71% de la población considera que el oposicionismo solo habla de sacar a Maduro, pero no presenta un plan para resolver los problemas económicos. No es un detalle menor, pues tales números indican que dentro del oposicionismo también hay quien está convencido de dicha debilidad.

Empero, no es verdad que el oposicionismo no tenga un plan económico. El problema es que no lo hacen explícito, a sabiendas de que no resulta popular cuando se le revisa más allá de lo obvio. Con “obvio” me refiero a que la MUD promete acabar con la pobreza, crear más y mejores empleos, abastecer el país, derrotar la inflación, etc. Hasta allí todo bien y de acuerdo todos, tanto, que incluso es lo mismo que promete el gobierno. El problema es ver el cómo lo harían para evaluar su viabilidad, y si no termina pasando que estemos ante una “cura” que resulta peor que la enfermedad.

Tres ejemplos actuales ilustran la importancia de tener claro cuál es el plan económico del oposicionismo: los de Argentina, Ecuador, y Brasil. En el primer caso, Macri hizo campaña ocultando deliberadamente lo que iba a hacer, prometiendo no hacer lo que ahora está haciendo y denunciando que quienes decían que iba a aplicar un ajuste, emprendían en su contra una campaña de miedo injustificada.

En el caso de Ecuador, Guillermo Lasso no ganó entre otros factores porque su identificación con Macri permitió al electorado ecuatoriano tener una perspectiva más clara de cómo sería su gobierno. Esta ventaja no la tuvieron los argentinos, quienes fueron más vulnerables a los cantos de sirena del empresario que dijo no iba a ajustar, pero sí acabar con la pobreza, pero casi dos años después ha duplicado esta última ajustando salarios a la baja, precios al alza y ha multiplicado el desempleo, tal y como mostramos en este mismo espacio la semana pasada.

¿Y qué decir del caso de Brasil? Luego del golpe contra Dilma y su destitución por cargos de corrupción, nunca probados, tenemos un país no solo con mayor inestabilidad política, sino más crisis económica. En cuanto a lo primero, vemos que el gobierno de Michel Temer está guindando, como decimos en criollo, siendo que han salido al aire grabaciones suyas sobornando diputados.

Lo peor es que de salir Temer, los dos posibles sucesores, según la Constitución de Brasil (el presidente de la Cámara de Diputados y el del Senado), son investigados por las mismas causas, hecho que les dificultaría el acceso al cargo.

¿Y en la economía? Bueno, el desempleo alcanzó nivel récord de 13,7%, lo que es equivalente a 14,2 millones de personas en busca de trabajo. La inversión pública se derrumbó en 61%. El índice Bovespa, que aglutina a las 70 empresas más importantes del país, abrió el día jueves 18 con -10,46%, y la cotización del dólar subió 6% solo en la apertura. Las acciones del grupo Petrobras se desplomaron en 20%. Ello con el trasfondo de los peores números económicos de la historia de Brasil. Temer presenta un rechazo del 87%. El 92% de los ciudadanos considera que Brasil está yendo en el rumbo equivocado.

Entonces ¿es importante o no saber cuál es el plan económico de la oposición, antes que quedarse pegados con el simple “Maduro vete ya”?______________

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