William Osuna

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Otro de los buenos poetas de este país, y mejor amigo, es William Osuna, recuerden que aquí lo que venimos es a echar cuentos de los panas. El más antiguo tal vez, era verlo desde El Gran Café, trotando en “shorcitos” por la Calle Real de Sabana Grande, no existía el bulevar aún, y descansaba viendo libros en Suma, la gran librería del sector. Años más tarde, lo veíamos en La Bajada, el bar anexo de “El Triángulo de Las Bermudas”, donde, quien caía, le costaba salir jeje.

Sin embargo, con los años ha ido dejando los ejercicios del codo porque la edad no perdona, y porque como buen atleta, siempre ha cuidado su salud.

Una noche de aquellas, fuimos a La Pastora, a la casa de una muchacha intelectual sobrina de guerrilleros, y ocurrió un episodio hermoso con los cocuyos del cerro Ávila que alumbraban la tenida literaria. Allí nos leyó los manuscritos de la Antología de la mala calle, uno de sus libros más sentidos que publicaría años más tarde. Hubo también episodios familiares, como la vez que coincidimos en la barbería “Ariston” al lado de La Vesuviana, donde había llevado a mi hijo Marcel a cortarse el pelo, y desde entonces quedaron buenos amigos.

Con los años nos perdimos, yo andaba en una de Eddie Palmieri, Rubén Blades, Ismael Rivera, Willie Colón y otros, incluida una viajadera loca a NuevaYork, París, Madrid, Cuba de una lista larga, y me lo volví a encontrar cuando me pidió prologar el libro de nuestro querido amigo Álvaro Montero, editado por la Casa Bello que preside, e hicimos presentaciones en Mérida y Barquisimeto. De esos viajes quedaron cuentos buenísimos, de hecho a Mérida duramos 2 días viajando en su ex camioneta y nos pusimos al día.

De verdad que me da mucha nota haber retoñado esta gran amistad. En la posada de Lola en Nueva Segovia, quedó un cuento buenísimo con una muchacha amiga, buenísima también, pero este espacio se acabó Jajaja.