Tres en 1 | Tarek William Saab: «A la corrupción hay que caerle a patadas»

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Poeta, abogado. fiscal general de la República Bolivariana de Venezuela. Antes fue defensor de los derechos humanos, diputado, constituyentista y gobernador del estado Anzoátegui.

– ¿Cómo conciliar la poesía con la Fiscalía General de la República?

– Conciliar el trabajo de la Fiscalía con la poesía a veces es dramático, porque casualmente mi labor como fiscal general de la República Bolivariana de Venezuela es liderar la acción penal, es decir, ver expedientes que tienen que ver con homicidios, atracos, estafas, violaciones de los derechos humanos, delitos de corrupción, todo lo que pudiera significar la atrocidad más inhumana que pueda tener un ser vivo, que va desde el narcotráfico al feticidio y las violaciones. Imagínate tú la tensión mental y la fortaleza que uno puede tener para que, siendo uno un poeta sensible, de tradición y escritura y formación no solo académica -por la maestría que hice de literatura venezolana-, sino por la lectura que para mí es lo más importante. Leer te lleva al manejo de un idioma, pero acompáñalo entonces con la vida misma, y mi vida ha sido muy intensa en los 57 años que he cumplido en septiembre del año pasado y, obviamente, a la poesía yo tengo que, muchas veces, quirúrgicamente separarla de mi actividad laboral como fiscal de la República, como también la separé cuando fui gobernador, o como diputado, o como constituyente, o defensor del pueblo, etcétera. Es decir, yo creo que no me he convertido en un burócrata y en cada cargo he tenido un toque diferente, porque mi alma de poeta la conocí desde pequeño estudiando en el liceo a Hermann Hesse, Rimbaud, a Zaratustra del gran Nietzsche, a Confucio y Lao Tse, es decir, a todo lo que fue mi primigenia formación que, por supuesto, abonamos con los clásicos, con los poetas malditos franceses, con lo poetas comprometidos latinoamericanos, con todo ese bagaje que yo creo que me ha salvado y me ha mantenido y va a mantener hasta el día de mi muerte, mi esencia de poeta.

– Hay quienes dicen: “para que haya paz, es necesario que haya justicia”. ¿Se está haciendo lo necesario para que haya justicia?

– Pudiéramos decir que es casi imposible que con impunidad, sin justicia, y sin que haya sanción ni castigo a quienes delinquen, a quienes cometen violaciones expresas a la ley y a la Constitución, pudiera simultáneamente a eso haber paz. Por lo tanto, es totalmente cierto, verificablemente cierto, como diríamos nosotros algo dentro del marco de la ley, pero también dentro del marco de la convivencia, de la civilización actual, para que pueda existir un mínimo de estabilidad política democrática, para que haya un mínimo de concordia tiene que haber una lucha incansable, permanente, diaria. Eso no tiene feriado ni tiene días de asueto en pro de la justicia, en pro de los derechos humanos, y por cierto, eso es parte de la consigna de nuestra gestión en el Ministerio Público, “por la justicia y los derechos humanos”, eso trae paz. Cuando hay impunidad, cuando los delitos sean de cualquier nivel, los cometidos por supuestos poderosos, que son los que menos buscan ser sancionados, o los llamados delitos menores o faltas no son sancionadas, estamos creando un clima, un ambiente sociopolítico para que exista lo que llamamos nosotros la vuelta al código del ojo por ojo y diente por diente, es decir, que en vez de tú dirimir una diferencia de carácter legal ante un tribunal, ante un ministerio público, frente a un fiscal, frente a unos jueces, entonces lo harás “a tiro” si es el caso, sería el preámbulo de una guerra civil. Para mí cuando no hay justicia, cuando hay impunidad, lo más grave es que sienta las bases embrionarias para una guerra civil, para una guerra fratricida, por lo tanto es la labor muy importante del Ministerio Público que haya justicia para que se sancionen los delitos graves, de corrupción, de narcotráfico, los delitos, inclusive, que atentan contra la dignidad humana, contra la familia, etc. Y eso concuerda con que haya un clima de paz.

– El poeta Rimbaud escribió: “Una noche, senté a la Belleza en mis rodillas. Y la encontré amarga. Y la injurié” ¿Dónde sentaría el poeta Tarek a la corrupción?

-Rimbaud es para los poetas de mi generación, los que nacimos a principios de los años 60, una estrella luminosa, ese cristo que sacrificó su adolescencia y su juventud para ser prácticamente el ídolo de la poesía joven que nunca muere, más allá de la edad biológica. Una temporada en el infierno, una de sus obras magistrales, que nos llega como tú lo haces ahora al citarlo, a tenerlo como un guía, yo estuve hace un tiempo atrás en París, en el cementerio donde están sus restos, y en verdad hasta allí se siente su enigma, su arcano, por lo tanto eso que hizo Rimbaud tiene una elevación de carácter espiritual, ético, metafísico, como tú quieras llamarlo, diferente en este caso a sentar a la corrupción, yo no diría en las rodillas, yo diría que hay que sentarla en los pies para caerle a patadas, en los puños para caerle a puños, para demolerla, para triturarla, porque en verdad la corrupción es la que daña, y yo estoy convencido, a la civilización, a un país, a una nación, a un continente, a un pueblo, porque al lado de un funcionario corrupto hay un empresario corrupto, un policía corrupto, y tú ves esto diseminando hacia abajo, y esa mala vibra de corrupción va a permear en todos los tejidos de una sociedad, hasta destruirla que es lo que les conviene siempre a los grandes centros de poder para sojuzgar a los pueblos, porque fíjate que los grandes imperios históricamente crecen de la mano de la corrupción en todas sus formas, dentro y fuera de las naciones que ellos sojuzgan, por lo tanto no es la corrupción solamente del asalto al erario público nacional, es también la corrupción moral, por ejemplo, un traidor a los principios éticos es un corrupto, ponte que no se robe un centavo, pero ya su mala conciencia pudre su sentido decente y lo convierte en todo lo contrario, en un inmoral, en una persona que puede dañar inclusive familias, grupos humanos donde esté, por lo tanto yo creo que a la corrupción hay que colocarla en el piso y entrarle a patadas.

– Después de haber ejercido como defensor de los derechos humanos, ante la realidad que vive el país, ¿siente que valió la pena porque ahora hay más respeto por la vida?

-Yo comencé la lucha contra la violación de los derechos humanos estudiando en el liceo, cuando tenía 14 años. Porque era normal para los que militábamos en la izquierda revolucionaria, tener grupos culturales y defensores de la vida, yo milité en la PRV Ruptura, que lideraba Douglas Bravo, por lo tanto esa esencia, ese embrión, que luego nos fue llevando a asesorar grupos, a ser abogado defensor de víctimas de abusos policiales y militares en la década de los años 70, 80, 90, y por supuesto, la parte estelar que nos permitió el Comandante Chávez. Yo lo conocí en Yare y en el San Carlos, entre los años 92 y 93 del siglo pasado, y nos dio el espaldarazo para poder presidir la comisión de derechos humanos de la Asamblea Constituyente, eso hace que esa tarea siempre sea viva, permanente y que ha valido la pena porque sin cuartel el Estado venezolano persigue, sanciona, más allá de los informes que puedan hacer fuera del país, a quienes violan derechos humanos, quien torture, quien mate, quien viole la integridad física o la libertad personal de un ser humano, por ser un torturador, un criminal, sabrá que bajo el imperio de la ley será sancionado con la privativa de libertad que le corresponde, por lo tanto siempre va a valer la pena, porque nada más y nada menos que los derechos humanos tienen que ver con la permanencia de la vida humana en el planeta.

 ¿Qué poema se le puede escribir a lo que está pasando con la oposición en la Asamblea Nacional?

– Yo creo que no merecen un poema, un solo verso a lo que hace ese sector apátrida que adversa al Estado venezolano que prefiere entregarle nuestra riqueza a un psicópata que hoy dirige el imperio del norte, que prefieren que nos invadan, que nos ocupen, que nos masacren, para ellos tener una migaja de lo que es el reparto de ese botín, como se lo han dado, migajas, para tener una mesada en un parlamento, algo que en la historia republicana no había tenido antecedentes, por lo tanto no merecen un solo verso, un solo poema, si acaso pudieran merecer la crónica de una muerte anunciada.

Retrato Hablado

El campeonato mundial de ajedrez que se celebró en Reikiavik, capital de Islandia, en 1972, paralizó el mundo del deporte y el mundo político. Porque se estaban enfrentando Bobby Fischer y Boris Spassky. Un estadounidense y un ruso. Desde el 1° de junio de 1972 y hasta el 2 de septiembre, el mundo hablaba de Bobby Fischer, quien no tenía nada que ver con la política, como él mismo lo declaró: “Juego honestamente y juego para ganar. Si pierdo, tomo la lección”. El 2 de septiembre se convirtió en campeón mundial al vencer a Spassky en 21 juegos: 12,5 puntos a 8,5 puntos. Con 29 años, Fischer se convirtió en campeón mundial desde 1972 hasta 1975, cuando se negó a defender su título frente a Anatoly Karpov. Fischer, a partir de ese momento, se encierra y no sale a competir. A los 14 años había ganado el campeonato de Estados Unidos y se convirtió en Gran Maestro Internacional. Para muchos ha sido el jugador más brillante del mundo del ajedrez. Su madre le regaló un juego de ajedrez y a los seis años aprendió a jugar. Nació el 9 de marzo en Chicago, y murió a la edad de 64 años, el mismo número de casillas que tiene el tablero de ajedrez, el 17 de enero de 2008, en Reikiavik, Islandia, donde había ganado el campeonato mundial de ajedrez.

Viernes de Lira