Cristianismo: ¿Liberación u opresión?

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En la Iglesia suramericana se enfrentan dos tendencias teológico-políticas: 1) La opresora, asociada a los proyectos de dominación de las oligarquías locales, y la potencia dominante, que se opone a las reivindicaciones de los sectores populares y a las reformas sociales, y divulga el credo de la resignación y el conformismo. 2) La liberadora, que asume que el cristianismo es un programa espiritual insurgente, de justicia y defensa de los humildes; se enfrenta a los sectores poderosos que oprimen al pueblo y a los estados imperiales que subyugan a las pequeñas naciones.

En general, las cúpulas de la Iglesia (católica o protestante) representan la teología de la opresión. Han blandido la Biblia como látigo y la cruz como vara de castigo. Mas, desde lo más profundo de nuestra espiritualidad corre subterráneamente un evangelio liberador, con “hambre y sed de justicia”, que pregona que el cristianismo debe expresar la voz del pueblo, porque la voz del pueblo es la voz de Dios.

Los católicos independentistas se enfrentan
al Vaticano promonárquico

Enfrentados a los teólogos que afirmaban que los indios no tenían alma, estuvieron Fray Antonio de Montesinos y Fray Bartolomé de las Casas, entre otros; defendieron a los indígenas y denunciaron las atrocidades que contra ellos se cometían. Igualmente, frente a la Iglesia, que justificaba la esclavitud de los africanos bajo el argumento de que África era el continente del demonio y sus pobladores los hijos de Cam, estaban Alonso de Sandoval y Pedro Claver, quienes denunciaron los crímenes del comercio de esclavos y dedicaron sus vidas a mitigar el dolor de los esclavizados en Cartagena de Indias.

Mientras el Papa Pío VII, a través de la encíclica Etsi Longiissimo (1816), ordena al clero de la América española jurar obediencia al Rey de España, respaldar el gobierno monárquico y defender el colonialismo español, el venezolano Juan Germán Roscio (1763-1821) se propone demostrar que la Biblia y la doctrina de la Iglesia se oponen al despotismo, y explica por qué apoyar la República y luchar por la independencia no son acciones contrarias a la religión católica. Para tal fin escribe el libro “El triunfo de la libertad sobre el despotismo”, dedicado a desagraviar en esta parte a la religión ofendida con el sistema de la tiranía.

En el mismo sentido, en Caracas el cura José Joaquín Liendo y Larrea dirige el sector más radical de los patriotas venezolanos: el Club de los Sincamisa. “Era un ardiente republicano; tenía para España, los españoles y las autoridades reales los epítetos más infamantes. En una ocasión, precisamente en la celebración aniversario del 19 de abril, condujo una manifestación, hasta las orillas del Guaire, portando un retrato de Fernando VII. Al llegar al río lo sumergió tres veces en el agua para ahogar al infame Rey. Luego, con peculiares ceremonias, enterró la efigie en la ribera para simbolizar con ella el cese del dominio español”. (Vinicio Romero Martínez, El despertar de la conciencia)

Igualmente el fraile chileno Camilo Henríquez (1769-1825) redactó las obras el Catecismo de los patriotas, y el Catecismo político Cristiano. En dichos textos “rescataba la idea cristiana de la igualdad entre los hombres; proclamaba el amor a la patria (en este caso la Patria Americana) como una lección de solidaridad social enseñada por Cristo; cuestionaba el poder monárquico como viciado por su base y naturalmente proclive al despotismo; denunciaba el sistema colonial como ilegítimo, violento, absurdo y el peor método de gobierno, y sostenía, con ejemplos bíblicos, que Dios se inclinaba por el sistema republicano. Adicionalmente, reivindicaba como derechos naturales y eternos, que fueron otorgados por Dios a los hombres, los de la igualdad, la libertad, la seguridad, la propiedad y la resistencia a la opresión”. (Jorge Núñez Sánchez, El catecismo de Fray Camilo)
Del mismo modo, al frente de las luchas independentistas, en México, estuvo el sacerdote Miguel Hidalgo (1753-1811). El 16 de septiembre de 1810, enarboló un estandarte con la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe, patrona de México, en el que, al lado del “Viva la religión, Viva nuestra madre Santísima de Guadalupe”, añadía “Viva la América y muera el mal gobierno”. Decretó la abolición de la esclavitud, la supresión de los tributos pagados por los indígenas a la Corona y la restitución de las tierras usurpadas por los hacendados.

Teología de la liberación en el siglo XX

En el siglo XX, acompañando a la gente de las favelas en Brasil, vivió el Obispo Rojo, Helder Cámara (1909-1999), quien enfrenta a la iglesia opresora. Manifiesta: “Los que tratamos de tomar la antorcha y seguir los pasos de Jesucristo no debemos descansar hasta que los muros de la injusticia, la exclusión y la mentira caigan en nuestra preciosa tierra americana, ancha y enajenada”. En Colombia, empuñando un fusil libertario y fundando cátedras universitarias, estuvo el padre Camilo Torres Restrepo (1929-1966), quien señala: “Sabemos que el hambre es mortal, y si lo sabemos, ¿tiene sentido perder el tiempo discutiendo si es inmortal el alma?”. Sistematizando la teología de la liberación ha estado el peruano Gustavo Gutiérrez Merino (1928). Afirma: “La pobreza es para la Biblia un estado escandaloso que atenta contra la dignidad humana y, por consiguiente, contrario a la voluntad de Dios. La pobreza no es una fatalidad, es una condición; no es un infortunio, es una injusticia”. En Centroamérica, Monseñor Oscar Arnulfo Romero (1917-1980) se convierte en “voz de los sin voz”. Expresa: “Una Iglesia que no se une a los pobres para denunciar desde los pobres las injusticias que con ellos se cometen, no es verdadera Iglesia de Jesucristo”.

Actualmente en Venezuela el Padre Numa Molina reta a la Conferencia Episcopal. Expresa: “Mi deber como religioso es decir lo que este pueblo no puede decir, porque la prensa occidental, que está vinculada al poder imperialista, distorsiona y falsifica la verdad”. Y agrega que pese a la arremetida de EEUU contra Venezuela “triunfaremos, porque aquí hay un gran secreto al que los grandes imperios y el capitalismo no le encuentra explicación, estamos palpitando juntos desde un mismo corazón, desde lo profundo del espíritu”.

En fin, en el seno de la iglesia latinoamericana se debaten dos tendencias teológico-políticas. En contrapunteo con la Iglesia, que esparce el incienso del sometimiento y la mansedumbre, se erige el ardiente evangelio de la emancipación que, como lo dice Juan Vives Suriá, enseña que “el amor a Dios y al prójimo tiene que ser también el amor político”. En consecuencia, si actualmente desde EEUU se pregona por toda Suramérica la teología de la opresión como incienso para derrocar gobiernos progresistas y como estupefaciente contra los pueblos, hoy con más convicción debemos levantar la tea iluminadora del evangelio político de Jesús, cuyo mandato fundamental es “libertar a los oprimidos”.

Ciudad Ccs/José Gregorio Linares