De la academia a la defensa de los derechos del pueblo

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Apasionada y fielmente chavista, así se define la historiadora y profesora universitaria Mercedes “Chela” Vargas Medina de Núñez. Mujer aguerrida venezolana, defensora del buen vivir del pueblo. Su trayectoria política inició cuando se unió a luchas sociales de la resistencia contra la dictadura de Marcos Pérez Jiménez.

En sus venas corre sangre revolucionaria, desde los 12 años de edad mostraba un gran liderazgo cuando fue expulsada de tres liceos caraqueños por promover la rebelión popular. Con tan solo 14 años, en 1948, se unió a las filas de la Juventud Comunista de Venezuela (JCV).

Participó en las huelgas estudiantiles de 1957 en oposición al régimen de la época, a la represión y en favor de la democracia y la igualdad social para el pueblo, continuas luchas revolucionarias que ayudaron a propiciar el derrocamiento de Pérez Jiménez.

Egresada en Historia de la Universidad Central de Venezuela (UCV), con una maestría en Filosofía de la Historia en su alma máter, realizó estudios doctorales como investigadora en la Escuela de Altos Estudios de Ciencias Sociales y en el Instituto de Historia Económica de La Sorbona, en París, Francia.

Al cumplirse 62 años de la gesta histórica del 23 de enero de 1958, Chela Vargas nos relata algunas de sus tantas experiencias como lideresa popular.

—Cuéntenos cómo comenzó su carrera como militante.

Desde muy pequeña mi mamá nos leía, por ejemplo, La cabaña del tío Tom, entre otros textos, que eran aprovechados para que sintiéramos la injusticia y las desigualdades. Nos hablaba de valores de humanidad y sentimiento social. Mi padre llegaba de viaje relatando la situación de muerte y represión que sufría el pueblo con la dictadura. Como consecuencia de mi actividad política, me expulsaron de varios liceos. Me expulsaron del liceo Aplicación y del liceo Fermín Toro también. Allí recuerdo al profesor José Vicente Escorza, quien nos orientaba ideológicamente y accionaba con nosotros en lanzarle piedras a la policía desde el jardín. Recuerdo un día que el director llamó a la policía, estábamos en la calle peleando y nos escapamos corriendo por las escaleras del Calvario. En ese momento ya me estaban buscando los cuerpos policiales. Después fui al liceo Independencia, en el cual tuve profesores muy buenos, como Elio Gómez Grillo, quienes nos formaron desde el punto de vista de la filosofía y de la teoría. En algunos momentos tuve que montarme en un carro para dar un mitin, fue así como dirigentes de Acción Democrática junto a Rodrigo Mora, de la JCV, me propusieron ir a una reunión. Me gustó, porque había una argumentación teórica más elaborada y a la cual ya estaba orientada. No fue fácil, tuve que hacer una prueba que consistía en entrar en la Escuela de Trabajo Social, que estaba en El Paraíso, y repartir volantes. Lo logré , y denuncié las torturas a los presos. Lo logré, salí corriendo y afuera me esperaba un carro para que no me agarraran. Y así empecé a militar muy joven en la Juventud Comunista.

—Para usted, ¿qué significa el 23 de enero?

Me contenta esta entrevista, porque me recuerda este hecho histórico, donde el pueblo es protagonista y tiende a olvidar. Definir el 23 de enero significa rescatar el espíritu de rebeldía que tipifica a este pueblo dispuesto siempre a liderar la batalla por la democracia y la libertad, que se consagró el 21 de enero de 1958, fecha en que una muchedumbre llenó las calles con su grito de muera la dictadura y que estremeció a Caracas. Los cuerpos policiales de la dictadura moribunda no tardaron en llegar para llenar de sangre y dolor ese día de júbilo patriota. Ese mismo espíritu se manifestó el 13 de abril de 2002, cuando el pueblo y sus soldados se lanzaron a las calles para rescatar su proceso constituyente y pusieron de nuevo al líder en el poder. Ese era mi espacio de lucha. Me la pasaba por el bloque 22, conocido también como “el siete machos”. Tengo una anécdota fuerte para mí. Me acuerdo que estábamos en una reunión y los multígrafos eran un arma que enfurecía a la dictadura. Nosotros los repartíamos, porque tenerlos en mano significaba que nos mataran. En esa reunión, nos informaron sobre el allanamiento del 23 de Enero. En uno de los bloques estaban unos camaradas con sus multígrafos y sus niños. Había que salvarlos. Fui con un compañero que se llamaba Gustavo. Nos llevó Edmundo Chirinos en su carro. Cuando llegamos, escuchamos el sonido de las balas que pegaban en las paredes. No sé cómo hicimos, pero escapamos. Eso para mí fue un gran triunfo, por eso le tengo mucho cariño al sector.

— ¿Cómo era ser militante en esa época?

La gente no entiende el nivel de organización que teníamos en la época con la Juventud Comunista en todos los sectores. En estos días, una compañera amiga me invitó a San Agustín del Sur. Me albergó un sentimiento bonito, porque me acordé de cuando recorría esas calles organizando y luchando con la gente.

Me emociona recordar la huelga del 21 de enero, porque en ese entonces estábamos en El Silencio cargados de propaganda en la espalda y en los bolsillos. En ese momento, cuando sentí las campanadas de la iglesia, los carros tocaban cornetas y la gente gritaba que muriera la dictadura. Se oía como que si llegara del cielo. Eso me estremeció muchísimo. Nos enfrentábamos a la policía desde el puente.

Estábamos moralizadas por la huelga universitaria y por la presencia de los militares. Fue allí donde se manifestó la unidad cívico-militar, debido a la presencia de la Junta Patriótica, el frente universitario y demás organizaciones que demostraron que había fuerzas para enfrentarse. Eso fue maravilloso, y todavía sigue siendo un hecho que me marcó. Esa noche no lograba dormir, porque seguía escuchando esa algarabía en mi cabeza.

Recuerdo también, esa vez, en la huelga universitaria, que se nos acercó un militar para acabar con nosotros. Pusimos la Bandera de Venezuela grandísima y comenzamos a cantar el Himno Nacional. Por eso hoy en día sigo emocionándome cada vez que lo escucho, porque me trae muchos recuerdos. Allí hablamos con el militar de apellido Betancourt. En este punto me di cuenta que ya había una conciencia política y social en los militares. A él le dijimos que todos éramos hijos del pueblo y que si entendía lo que significaba su accionar. Inmediatamente, él ordenó que bajaran las armas. Seguimos hacia adelante, pero nos detuvo la policía.

Yo estaba súper fichada, porque era el rostro visible del movimiento, y me tuve que escapar vestida de monja, gracias a la ayuda de unas religiosas de un convento.

—Después de la caída de Marcos Pérez Jiménez, ¿qué fue de su vida?

Llegó la dictadura de Betancourt y Leoni. Eso fue peor para nosotros y para mi familia. En ese entonces, mis hermanos se hicieron guerrilleros, situación que fue muy dura para mi mamá. Estuve clandestina por mucho tiempo, debido a que la Seguridad Nacional estaba en la puerta de mi casa. Eso me golpeaba mucho, porque no podía ver a mis padres que estaban solos. Todos estábamos metidos en la lucha, mi hermano militar estaba preso y los demás fichados. Al final, todos estuvimos presos y perseguidos.

— ¿Qué representó la caída de la dictadura?

La gente me pregunta cuál es el espíritu del 23 de enero. El espíritu está en ese pueblo aguerrido, insurrecto y valiente que sale a defender sus derechos, ahí está el espíritu. Esa esencia permaneció durante diez años, más o menos, mientras el pueblo todavía pensaba que con esa democracia podía lograr ese objetivo. Se fue perdiendo, porque lo que vino después fue la dictadura Betancourt – Leoni, con toda la represión que eso significó y siguió con la entrega del país al imperialismo.

Continúo la misma situación de miseria, desempleo y toda la falta de derechos fundamentales. En principio representó una esperanza y, a medida que esa democracia no respondía esa esperanza, se fue completamente diluyendo. Es una experiencia para nosotros también, porque nos preguntamos el porqué se perdió. Lo más importante fue la manera en cómo se organizaron los diferentes sectores, hasta los intelectuales y la Iglesia, se logró toda una unidad cívico-militar. Para aquel entonces, la izquierda no logró mantener la unidad revolucionaria y la derecha desarrolló su estrategia de unión, y la Junta Patriótica no llegó al poder porque no había tampoco una perspectiva de poder, no había una estrategia revolucionaria. Y, como consecuencia, se perdió toda aquella lucha del pueblo organizado. Más bien el Partido Comunista de Venezuela se puso a aplaudir a la seudodemocracia. Hasta llegué a encontrar un documento donde se defendió la seudodemocracia con mi firma, y la izquierda de ese momento cayó en esa trampa. Lo que trajo fue más represión y más persecución. El Pacto de Punto Fijo es el reflejo del miedo al pueblo valiente e insurrecto en la calle.

— ¿Qué le puede decir a las mujeres militantes en la actualidad?

La lucha de la mujer venezolana, desde la época de la Independencia incluso, fue una lucha política, fundamentalmente contra la dictadura. Nosotras, las mujeres, nos incorporábamos en la lucha en los diferentes niveles en donde se desarrollaban los hechos. La mujer siempre ha estado presente. Argelia Laya impulsó la Junta Patriótica femenina y también la Junta Patriótica Obrera con Trina Urbina, quien dirigió el discurso, pero es al revés de lo que es hoy. Por ejemplo, pienso que a través de lo reivindicativo tú elevas a la gente a lo político y no te puedes quedar ahí. Se creó la Unión de Muchachas Venezolanas, en la cual fui dirigente y cumplí un gran papel. Utilizábamos mucho las manifestaciones culturales para llegarle a la gente. Con esa vinculación atraíamos a militantes para la Juventud Comunista de todos los lugares, a través del trabajo cultural.

Una de las cosas más importantes de esa época era el compromiso militante y con el país, en el cual se dejaba de lado lo personal. A nosotros no nos importaba salir en televisión. No había ese narcisismo que existe hoy, no era ese el sentido. Nuestro rumbo era lograr que el pueblo viviera mejor, con igualdad y en prosperidad.

Primero era la revolución y luego estabas tú. Había un alto compromiso que se cumplía con responsabilidad. Cada semana se hacía un boletín para informar el cumplimiento de esas tareas. En las reuniones, cuando algunas tareas no se cumplían, el responsable de eso era el responsable del comité base, el que estaba más arriba. A él era al que se le sancionaba o llamaba la atención, porque su deber era cumplir las tareas. Se hacía un chequeo de las labores y era como si tú estuvieras presente, y si estabas ahí debías responder por qué se fallaba. Y así una cantidad de enseñanzas que permitieron tener una elaborada organización.

—Y de Hugo Chávez ¿qué nos puede decir?

Con Chávez renació la esperanza del pueblo, con su llegada se logró la unidad por la base del pueblo, esa que nosotros tanto clamábamos. Y, además de eso, logró trazar e impulsar una estrategia revolucionaria que es el Programa de la Patria.

Ahora, con esas armas en la mano, nos toca a nosotros defender esa unidad, que siempre está en peligro y por eso él decía unidad, unidad y más unidad. A pesar de las dificultades, no podemos traicionar al pueblo. Es nuestro deber mantener ese camino para que mejore la estrategia revolucionaria. Esa es la orientación para seguir en revolución. Chávez despertó el sentimiento revolucionario del pueblo venezolano.

Hechos del 58’

1° de enero: Se llevó a cabo la primera rebelión popular en contra de la dictadura. El régimen aumentó las acciones represivas de la Seguridad Nacional (policía política) contra militares y civiles.
3 de enero: La Junta Patriótica emitió un manifiesto clandestino, invitando a la unión popular y militar para restaurar la democracia en el país.
20 de enero: Se realizó la huelga de los trabajadores de la prensa. Convocada desde la clandestinidad por la Junta Patriótica.
21 de enero: Se produjo el paro general en las calles, estudiantes y civiles se enfrentaron a los cuerpos policiales. Las revueltas se mantuvieron durante las siguientes 24 horas.
23 de enero: Las Fuerzas Armadas retiran el apoyo al presidente Marcos Pérez Jiménez y le obligan a abandonar el Palacio de Miraflores. Civiles y militares toman las calles de Caracas y varias ciudades del país para celebrar el fin de la dictadura.

Biografía Mínima

Mercedes “Chela” Vargas Medina de Núñez nació en Altagracia de Orituco, estado Guárico, el 14 de marzo de 1934. Hija de Juan Vargas y Mercedes Medina Gómez. Contrajo nupcias con el filósofo y docente universitario José Rafael Núñez Tenorio. Estudió Historia en la Universidad Central de Venezuela, realizó un doctorado en la Escuela de Altos Estudios de Ciencias Sociales, en Francia. En 1948, se unió a la Juventud Comunista de Venezuela, fue miembro fundamental en la huelga universitaria del 58. Como dirigente, luchó contra la dictadura militar de Marcos Pérez Jiménez. Participó, además, en el Comité Organizador del Congreso Cultural de Cabimas, así como en la Comisión Nacional para la Renovación Universitaria.

La Entrevista Mercedes “Chela” Vargas/Texto: Nailet Rojas/Fotos: Yrleana Gómez