Editorial | Centenario espiritual y físico

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Aquiles sabe que está de centenario. Que no son tres días. Así, pues, nos tiene a todos revisando sus textos porque si algo hizo Aquiles en el tiempo que vivió fue escribir. Fue un caraqueño erudito, pues siempre se ocupó del pasado de la ciudad y del presente que le tocó vivir. Aquiles era un animal urbano y por eso siempre les siguió la pista a nuestros ancestros e investigó al pelo qué fue lo que pasó en Caracas en aquellos años donde la conquista y el coloniaje buscaron acabar con los habitantes de estas tierras. Diego de Losada y Francisco Fajardo recibieron piropos de su fina pluma, que podemos leer en el libro Caracas Física y Espiritual (Caracas, 2003, editorial Panapo), que no es más que una enciclopedia temática de la historia de la ciudad.

Su imprevista muerte hace que nuestro imaginario sobre él aparezca también como un retablo o un sainete. Y Aquiles está asociado a la Caracas de antaño, esa que vivió, disfrutó y amó hasta que la pelona se lo llevó, tan temprano, que no hay forma de recordarlo en tecnicolor sino en escala de grises y sonreír sin dolor.

Si usted se quiere asomar a la Caracas de principios del siglo XX debe hacerlo a través de Aquiles y podrá enterarse con ese estilo entre divertido y mordaz que acompaña a su prosa y su verso. Podrá usted enterarse de qué tan importantes son las ventanas de Caracas, de sus helados, de sus poetas, la moda de la época incluido Guzmán Blanco, de las muertes sorprendentes, de los automóviles, y hasta de la primera vez que un venezolano leyó sobre la invención del aeroplano.

“Así como la historia sentimental de París es una historia de puentes y la de Praga una historia de torres, la de Caracas podría ser una historia de ventanas”… así decreta Aquiles con la autoridad de arquitecto que las ventanas de las casas de Caracas no son cualesquiera, ya que “con sus venerables balaustradas donde el sonido del hierro modula sus timbres más profundos; con su robustos antepechos que se adosan al muro con gentileza de fontana o de copa; o con sus regios enmarcamientos que imitan desbordamiento o cortinajes o contorno de bocallave, son, esas ventanas coloniales los trofeos de una cultura que ha ganado su más grande batalla; son la refinada culminación de un proceso histórico que ha cristalizado en el más elocuente de sus productos espirituales, así como el impulso vital primario de ese proceso reconoce su símbolo más vivo en la figura del caballo”. Arquitectura, literatura y oficio de herrero desde un marco de La Pastora.

Vaya pues esta cita que revela la preferencia de Aquiles por las formas y los detalles de nuestra arquitectura de parte de un siglo en el que Caracas dejó de ser un pueblo para convertirse en una urbe atiborrada de recuerdos y aplastada por “rascacielos” hechos a toda prisa.

Caracas física y espiritual es un diario urbano, de esa urbe conquistada y reconquistada por piroperos de oficio y poetas. En este centenario estaremos yendo y viniendo con Aquiles y con Caracas. Pendientes, que Ciudad CCS, Epale CCS, la Alcaldía de Caracas, el Gobierno Nacional y un ejército de expertos en la vida del sanjuanero más divertido estaremos, sencillamente, pasillaneando con Aquiles. Sigamos.