Stefania Mosca

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Aunque esta serie está más dedicada a mis amigos escritores vivos, porque si escribo de los muertos no terminaría jamás, hago esta excepción con Stefania porque siempre seguirá viva entre nosotros, aunque más en el Catire Hernández D’Jesús, que siempre la llevará prendada en su corazón. Nos conocimos en la gloriosa escuela de Letras de la UCV, recuerdo que llegó en el 75 y era una de las muchachas más hermosas de la escuela, allí nos dieron clases Gustavo Díaz Solís, Adriano González León, Rafael Cadenas, José Balza, D’Introno, Rosenblat, María Teresa Rojas, María Fernanda Palacios, hasta Ángel Rama estuvo en nuestra formación literaria. Su primera clase fue “La poesía y los poetas”, con Alfredo Silva Estrada y era la lectura de El barco ebrio de Rimbaud, “imagínate para una muchacha que salía de un apartamento de Chacao, donde vivió y creció, que vio una gallina por primera vez a los 17 años y de pronto el francés…”.

En una entrevista en Ávila TV me contaba que ella, que se decía escritora desde los 10 años, de pronto se encontró “con aquella libertad de pensamiento, lo que era el abordaje interdisciplinario, o lo que era más importante, por lo menos para mí, la complejidad de lo real… claro también había un proceso interior, yo comprendí en la escuela que el andamiaje mediático, donde uno se ha criado era eso, un andamiaje, un montaje y eso ha sido el tema de mi trabajo en creación y reflexión”.

Stefania nos dejó el martes 24 de marzo de 2009, esa mañana me encontré al Catire en la Clínica La Floresta, y me dijo que estaba ya en las últimas, yo andaba en silla de ruedas e iba a la terapia de mi pie, y él gentilmente me acercó al consultorio. Quedé en subir a cuidados intensivos para despedirla pero fue tarde. Hubo un detalle muy curioso, en una subidita iba pariendo empujándome con el pie sano y alguien me ayudó, cuando volteé para agradecer no había nadie. En ese preciso instante había expirado mi querida amiga. Snif.