El Cuartel San Carlos

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Con la presente nota sobre la construcción original del Cuartel San Carlos entre 1790 y 1812, queremos iniciar una serie sobre nuestras investigaciones arqueológicas en esta estructura militar, profundamente vinculada a la historia política venezolana y caraqueña. La investigación arqueológica del Cuartel San Carlos, financiada por el Instituto del Patrimonio Cultural, se llevó a cabo como parte de una propuesta de rehabilitación del monumento que tenía como meta convertirlo en la sede del Museo Nacional de Historia (Decreto Presidencial N°1317 del 26-10-86) a la vez que en un museo de sitio, conservando las excavaciones arqueológicas como un componente didáctico de la museografía. Se esperaba que –en el plano científico– dicha propuesta tendría como objetivo fundamental dar respuesta a diversos planteamientos de carácter teórico, metodológico, técnico y estructural que planteaba el programa de intervención del monumento. La elaboración de la propuesta fue confiada a la Academia Nacional de la Historia, la cual designó al académico Mario Sanoja Obediente como coordinador de la comisión de expertos nombrada para tal efecto. En 1988 el proyecto o propuesta de Museo Nacional de Historia fue discutida y aprobada por dicha Academia. Lamentablemente, por diversas razones, dicha propuesta nunca pudo ser puesta en ejecución.

La construcción del cuartel respondió a la necesidad estratégica de contar con un baluarte militar de esa categoría para la defensa de la ciudad de Caracas, así como a la ideología militar que sustentaba dicha estrategia. El San Carlos fue construido en el piedemonte del Waraira Repano, sobre una altura que dominaba el antiguo camino real que llevaba a la Puerta de Caracas y conectaba con la vía empedrada que comunicaba con el Puerto de La Guaira. Aquellos mismos lineamientos estratégicos fueron los que llevaron a Diego de Losada a instalar su base de operaciones o castro, en un promontorio que existía en la terraza alta del río Guaire, localización hoy día demarcada por las actuales esquinas de Carmelitas, Santa Capilla, Veroes, Catedral y Principal. Desde la eminencia del San Carlos, era posible obtener una visual periférica sobre todo el valle de Caracas, controlar el acceso a las fuentes de agua que bajaban del Waraira Repano y defender las veredas y caminos que conducían al litoral donde Francisco Fajardo ya había fundado la Villa del Collado.

Como otra expresión de aquel razonamiento estratégico militar, las autoridades coloniales caraqueñas construyeron, a inicios del siglo XVII, un Reducto Militar que defendía el acceso sur de la ciudad de Caracas (cuartel de artillería, fortificaciones, Hospital militar de Los Reyes e iglesia de San Pablo) en la terraza baja del río Guaire, solar ocupado actualmente por el Teatro Municipal.

La parcela donde se construyó el Cuartel San Carlos fue anteriormente el asiento de una edificación doméstica, probablemente una de las unidades de producción agropecuarias, que se establecieron en el piedemonte de la serranía de Waraira Repano desde el siglo XVI. Dicha parcela original –a juzgar por los datos arqueológicos y geomorfológicos– conformaba una colina amesetada, con pendiente pronunciada hacia el Norte, el Sur, el Este y el Oeste, encerrado al Norte y al Sur por profundas quebradas que fungían, posiblemente, como fosos defensivos naturales. Ello determinó al parecer la ejecución de un importante trabajo de terracería, movimientos de tierra y rellenos artificiales en el lado Este de la parcela, para poder construir el edificio del cuartel. Las observaciones anteriores nos permiten visualizar que los trabajos de ingeniería ejecutados, sólo para preparar la superficie plana sobre la cual se llevaría a cabo la construcción del cuartel, deben haber sido planificados y dirigidos por ingenieros militares, aparejadores y geómetras, posiblemente venidos desde Europa con esa finalidad específica. Es de destacar también la posible utilización de mano de obra local: maestros de obra y peones reclutados entre la población indígena, negrovenezolana o mestiza, y de los instrumentos de trabajo (palas, picos, mandarrias, cinceles, hachas, machetes, cucharas de albañil, carretillas y carretas, etc.) que deben haber sido necesarios para los trabajos de excavación y terracería, así como de transporte de tierra, piedras, barro, arena, cal viva, tejas, maderas, caña brava, etc. Podemos imaginarnos las dificultades técnicas que tuvieron que resolver los ingenieros militares que construyeron el Cuartel San Carlos, particularmente cuando ya sabemos la escasez de maestros, albañiles y medios de trabajo que existía en la ciudad de Caracas para la época.

Los muros originales del cuartel fueron construidos de tapia y piedra, utilizándose eventualmente ladrillos para modelar los ángulos de los vanos. La superficie de los muros fue empañetada originalmente utilizando un friso de argamasa, mezcla de arcilla rojiza y cal viva. Un material similar se utilizó para elaborar los pisos originales. El aspecto final que presenta la estructura del cuartel, construcción cuadrada de cien metros por lado, difiere del proyecto arquitectónico original localizado en el Archivo de Simancas, el cual se planteaba un edificio de dos plantas, similar al del Cuartel de Infantería de Ballajá, construido en 1857 en terrenos del Castillo del Morro, Viejo San Juan, Puerto Rico.

La reconstrucción del cuartel: circa 1816

El edificio original del cuartel San Carlos fue prácticamente destruido por el fuerte terremoto que asoló a Venezuela el año 1812, por lo cual se habilitaron el Cuartel de Milicias de la esquina de El Hoyo y la Cárcel Pública como acantonamiento de tropas. Entre los años 1817 y 1818, se inició posiblemente la reconstrucción parcial del Cuartel San Carlos para alojar algunos batallones del cuerpo expedicionario del general español Pablo Morillo quien había conquistado la ciudad de Caracas para aquella fecha.

La etapa republicana del Cuartel San Carlos

A partir de 1821, cuando la ciudad de Caracas vuelve a manos de la República, la suerte del cuartel San Carlos estuvo ligada a los vaivenes de la naciente institución militar venezolana. Una vez culminada la Independencia, muerto nuestro Libertador Simón Bolívar, se consumó la desmovilización del gran Ejército Patriota que había logrado la hazaña de derrotar al Imperio Español. Para 1830, en consecuencia, ya no existía un verdadero ejército nacional, profesional, sino milicias que se organizaban para responder a las amenazas eventuales contra el poder del gobierno central. Por esta razón, durante la segunda presidencia del general Soublette (1843-1846), este dispuso la formación de “…un ejército capaz por número y armamento para restablecer la normalidad en la nación…” cuyo núcleo operativo parece haber sido una brigada de artillería mayormente equipada con los mismos cañones utilizados en la Guerra de Independencia. Hacia 1880, dicha brigada, alojada en el Cuartel San Carlos, había sido rebajada a medio batallón de artillería. El San Carlos parece haber servido desde entonces como centro de acantonamiento de tropas, a la vez que sede del parque y arsenal nacional durante el siglo XIX y hasta mediados del siglo XX.

En 1894 llegó al país una Misión Militar Alemana, la cual recomendó la adquisición de cañones y fusiles modernos fabricados por la casa Krupp, cuya efectividad había sido probada en la Guerra Franco-Prusiana de 1870-1872.
Sin perder totalmente su diseño original, la estructura del Cuartel San Carlos fue actualizada para servir sucesivamente como escuela de artillería, arsenal, intendencia, acantonamiento de tropas, prisión militar y servicio de armamento hasta 1994, cuando el edificio fue dado de baja por el ejército nacional como recinto militar. Es interesante relevar a este respecto, que durante la presidencia del general Cipriano Castro, el Cuartel San Carlos albergó el cuerpo de élite del Ejército venezolano, la llamada Guardia Negra, que fungía como guardia personal del Presidente.

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Ciudad Ccs/Mario Sanoja Obediente/Iraida Vargas
Cronistas de Caracas