Indira Carpio

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Indira es uno de esos personajes que uno siente que conoce de toda la vida, pero cuyos contactos han sido efímeros, ráfagas literarias y/o afectuosas, sin por eso dejar de ser perfectamente cómplices, como si fuéramos hermanitos de toda la vida. Así que de mi querencia no la salvaba ni Bambarito, eh –si no que lo diga Miguelito Valdés con Noro Morales y su orquesta en 1951–, porque es además mujer de mi hermano querido Ernesto Navarro y eso decreta el milagro de querernos tanto.

Todo eso pensaba una tarde de enero que fui requerido a casa de Dilcia en Altamira, porque Valentina, mujer a su vez de mi hijo Marcel (ya explicaremos lo de la mujer de quién), agasajaba a sus amigas Deisa, Aixela e Indira, con un almuerzo muy rico, mientras Marcel “bartendeaba” las piñas coladas. Allí abrimos espacios en un sofá y empezamos a echarnos cuentos de toda la vida como si fuera esa tarde la última vez. Por allí pasó la poeta insigne que es, la amiga, la madre, la amantísima del Navarro y un poco de vainas más, hasta escultora es, que no salieron esa tarde pero para algo inventaron internet. Fue increíble cómo sólo en una tarde nos pusimos al día. Hasta la botella de Jack Daniels que refrescó nuestros corazones.

Por eso Indira, esa maracucha nacida en Caracas, es una compinche de travesuras literarias, irreverencias y demás rebeldías. Y hasta sentimentales, porque soy fan de esa historia de amor que hizo combustión en un canal de tv, sentados en el suelo, sintiendo aquel corrientazo amoroso que los une por el resto de sus vidas con esas cuatro hijas hermosas que les alborotan los alrededores.

Lo de la mujer de quién, eso quedará para la historia!… ¿Cómo es eso, que una feminista, mujerista, hembrista y cuanta definición de defensora del suyo género, permita el falaz tratamiento de “su mujer”?.

Ahórrense los casquillos! Esas son licencias maracuchas que nadie entenderá… Jajajaja