La ignorancia y el superbowl

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Puede ser inequívoca señal de esnobismo puro: en momentos en los que deberíamos estar aplaudiendo y disfrutando del desempeño de los Cardenales de Lara en la –cada vez más chucuta– Serie del Caribe que se juega en Puerto Rico (porque el beisbol –sin acento en la e– es parte de nuestro ADN: ¿cierto o falso que a todo carajito lo primero que le trae el Niño Jesús es un guante, un bate o una pelota?; al menos así fue hasta hace poco), no, ¡oh, sorpresa!, el desquiciamiento colectivo se apoderó del público nacional –sobre todo un target de personas jamás conmovidas (ni mucho menos movidas) por actividad deportiva alguna que no fuera la pelota–, que no se despegó de su televisor porque desde entonces mostraría fiel fanatismo por un tal superbowl.

La actuación de los pájaros rojos mereció mayor aprecio por parte de la fanaticada.

Show previo al show

“De lo contrario, ¿cómo vemos lo más reciente de J. Lo o las contorsiones de Shakira?”, surgió la pregunta de justificación grupal para, literalmente, dejar a la deriva el performance de los pájaros rojos larenses y, en cambio, aplaudir a esos enmascarados gringos que se enfrentaban en Miami, sin saber siquiera lo que es un touchdown, un tacleo, un quarterback ni, mucho menos, cómo se ganan yardas en esa extraña disciplina, que “debe ser muy buena porque la ven más de 10 millones de personas en el mundo”, o sea: “yo no me la pelo ni de vaina”…

Eso sí, ese jaleo de ignorancia masiva fue mitigado por múltiples –incontables– consultas a tío Google para saber alguito de aquel despelote mercantil deportivo, del cual todas estas nuevas almas incautas pretendieron ser protagonistas desde su receptora pantalla chica donde revivieron fantasías y frustraciones infantiles que se confirmaron aquella colorida noche (tan linda como esta): “Como la ex de Mark Anthony y la mujer de Piqué, ¡qué va!, muy difícil, esas son únicas”, terminaron convencidas.

“Y, aunque no entendí un carajo de la corredera de esos tipos ‘papiaos’ que patean un ovoide y se caen literalmente a coñazos, yo fui parte del superbowl 2020, ¡ufff! Que me quiten lo bailao”, rezongó una vecina a la que interpelamos.

No se trata de señalar diferencias de géneros, pero, a pesar de que las atracciones extradeportivas de ese show bussines giraban en torno a las sexsimbols boricua y neogranadina –lo cual supondría mayor audiencia masculina– hubo un rating elevado de doñas –sobre todo de doñas, según detectamos en los grupos de Whasapp, a los que pertenecemos: padres de los amigos de mis hijos, vecinos de mi mamá, vecinos de mi suegra (ya fallecida), luchadores del CLAP, representantes de la gimnasia (disciplina que practicaba, y muy bien, mi hija), bailadores de ayer y hoy, más salsa que pescao, puro deporte, beisbol pa’ lante, y otros más– pegadas a las pantallas, mientras los representantes de Venezuela sudaban la gota gorda para brindar otro ansiado triunfo a favor de la causa criolla.

Efectos insospechados

Hubo quienes expresaron su hasta entonces reprimida animadversión por el beisbol y se atrevieron a pedir más superbowl durante los fines de semana, todo el año, “a ver si se dan cuenta en casa de que la pelota me aburre”. Ay, mamá. Harina de otro costal.

Cierto es que a esta novel pero nutrida audiencia poco le importó el triunfo de Kansas City. Sí, en cambio, y ya es tendencia, importa muchísimo buscar un gimnasio nuevo porque “desde este lunes empiezo a ponerme en forma”; o a especular sobre la densidad y el sentido latinoamericanista de López y Shakira, quienes impactaron al mundo al asegurar, en un discurso profundo y patriótico, su orgullo al ver ondear las banderas de Puerto Rico y Colombia en suelo estadounidense; algo así como cuando Armstrong o Gagarin plantaron bandera en la Luna.

¿Acaso no es conmovedor? Con ese logro se resolvieron los líos de millones de latinos afectados por estos mismos dueños del show mundial. ¡Pontiacreé!

Exclusión caribeña

Las cosas hay que decirlas como se captaron: 1.- El superbowl y su manejo en los medios fue un exitazo como negocio, proyección –más sus efectos colaterales, como, por ejemplo, además del billetaje recaudado en publicidad, un mujerero nuevo en gimnasios o haciendo jogging para ponerse buenísimas como las reinas del pop y la danza moderna. 2.- la Serie del Caribe pasó a un plano inferior; y de ello hay que hablar, reiteramos, porque la pelota está presente en el ADN de padres, madres, niños, niñas…y doñas.

Mientras se hacía aquel bullicio en los medios de comunicación de todo el mundo, la Confederación del Caribe, presidida por un personaje muy serio –hasta ese día– apellidado Puello, ratificó para la venidera Serie de México 2021, la presencia de Colombia y Panamá.

Visto así, muy bien para este par de novenas que aseguran aferrarse más a la tradición beisbolera de la cuenca caribeña. Pero aceptarlo de plano es excluir a equipos poderosos y de mejor nivel como Cuba y Nicaragua. Nadie planteó una solución al respecto.

No se trata de desempeño competitivo ni mucho menos. La exclusión de estos dos equipos, así como la no realización de la Serie del Caribe 2019 en Barquisimeto, se debió y se debe exclusivamente a factores ajenos a lo deportivo, incluso a lo comercial; se debe solo a un juicio político.

Ciudad Ccs/Luis Martín

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Parroquia Adentro

Los tranvías de Caracas

El uso de tranvías en Venezuela comenzó aproximadamente en el año de 1882, este fue el inicio de lo que hoy día llamamos transporte urbano. Los coches de los tranvías inicialmente fueron llevados por caballos o mulas y fueron el transporte en varias ciudades importantes.

En Caracas se inauguró el primer tranvía a tracción animal el 28 de octubre de 1882 y, modestamente, se comenzó con dos compañías, según nos cuenta en su libro don José García de la Concha. Una de ellas fue la línea Caracas, y sus carros eran tirados por caballos, en ruta de la Plaza Bolívar hasta la estación del ferrocarril, en Palo Grande, donde hoy está la sede de Ipostel (avenida J. A. Lamas), la segunda fue la línea Bolívar y sus carros eran tirados por mulas, recorriendo entre la Plaza Bolívar y la estación del tren Caracas La Guaira.

En Caracas hubo 30 tranvías que se desplazaban sobre rieles, con costos accesibles para ese entonces, ejemplo de ello eran los de ruta Plaza Bolívar – El Paraíso, cuyo costo era de 10 céntimos, Plaza Bolívar a Palo Grande por tan solo 15 céntimos, el tramo hasta Sabana Grande o Chacao 50 céntimos, hasta Los Dos Caminos o Los Chorros Bs 1 y hasta Petare Bs 1,50.

Los coches del tranvía eran conducidos por un cochero correctamente uniformado, los coches eran tirados por dos caballos o mulas, los animales que tiraban de los coches tenían nombres y, además, les colocaban unas mantas de colores para protegerlos de la lluvia, y algo muy característico en ellos era que tenían unos cascabeles o campanitas en los arneses que producían un sonido agradable, el cual anunciaba a los caraqueños la aproximación del tranvía, siendo así, que podíamos escuchar en más de una oportunidad, “¡ Margarita, date prisa que llega el tranvía!” Además, estos animales estaban tan bien educados que cuando algún pasajero sonaba la campanita para anunciar la llegada a su destino, los animales se detenían y, si nadie la sonaba, estos seguían su marcha.

Estos coches estuvieron en funcionamiento hasta inicios de 1900, cuando la electricidad los relegó al olvido. Un anuncio del 14 febrero de 1908 indicaba así: “La compañía de tranvías vende los caballos de esta empresa, se hará rebaja en los precios si son comprados por lotes”, triste fin de estos nobles animales.

Cuentan que era placentero tomar el tranvía eléctrico a las 9 de la noche al regresar del trabajo, el tranvía recorría por la calle real de La Candelaria y se veían las ventanas de las casas abiertas e iluminadas con sus familias comiendo o conversando, eso era hasta llegar a la estación terminal en Quebrada Honda, donde hoy está Cantv, allí se desocupada el tranvía y cada usuario debía terminar el recorrido caminando a casa.