Rodolfo Porras: Resistir sin avanzar es retroceder

0

Licenciado en Letras. Dramaturgo. Ganó el premio César Rengifo con su obra La punta del Iceberg. Columnista de opinión en diferentes medios.

— Sube el telón y vemos un gobierno resistiendo el sabotaje y bloqueo económico. Baja el telón y sube el telón y vemos a un diputado autoproclamándose presidente y siendo apoyado por el presidente de Estados Unidos y otros países. ¿Cómo se llama la obra y quiénes son sus autores?

— Más allá del rosario de delitos que ha cometido el fantoche de Guaidó, su crimen verdadero consiste en prestarse para debilitar nuestra institucionalidad. Adrede, con su estupidez, ha convertido en un circo toda institución en la que se ha involucrado. El asedio de las trasnacionales va a seguir intensificándose, dejemos a ese payaso libre o no. Pero su bufonada hay que detenerla. Sería avanzar contra el deterioro institucional y cierta nebulosidad política. La obra se llama: Resistir sin avanzar es retroceder. Los autores son las trasnacionales y su troupé de presidentes acólitos comandados por Trump.

— ¿Cuál será el mejor medio de comunicación para narrar lo que pasa en el país?

— Si le aplicamos la ley conmutativa a la vieja frase “el medio es el mensaje”, que sembró McLuhan hace más de medio siglo, resultaría que “el mensaje es el medio”. Y creo que los venezolanos debemos dar un mensaje aun más claro y más contundente al mundo: no queremos ser un país soberano, sino que somos un país soberano.

— Ante la apabullante presencia de las redes sociales en la comunicación política, dicen que lo que más se ha democratizado hasta ahora son los medios de comunicación. ¿Será cierto?

— No deberíamos confundir democracia con masificación. El hecho de que una enorme masa de consumidores tenga la capacidad tecnológica de escribir y recibir mensajes en tiempo real, y que existan muy pocas regulaciones efectivas para la emisión de los mismos, no quiere decir que haya más democracia en las comunicaciones. Lo que tampoco se debe confundir es libertad de expresión con democracia. La libertad de expresión es un atributo de vivir en democracia, pero que también la ejerce la élite económica internacional, que son los dueños de los medios de comunicación y de “las redes sociales”. En Venezuela, por ejemplo, se inició el camino de la democracia comunicacional. Y ese camino poco tiene que ver con eso que llaman las redes sociales. Más bien se construye con la autonomía tecnológica de las comunidades, con la capacidad de generar, producir y concretar su propio mensaje, su propia voz.

En las redes sociales predomina un ejército loco, acrítico, desinformado y/o mal informado, adicto a su uso, que reproduce, genera y difunde contenidos, siguiendo matrices políticas e ideológicas intrínsecas a los medios. Esta vez la vieja frase va al derecho: el medio es el mensaje. El 90% de los mensajes de las redes lo que realmente dicen es: “Las redes son lo máximo y yo estoy involucrado”. Y cuando alguien se sale del rebaño, le hacen bullyng, linchamiento virtual, lo bloquean o, simplemente, lo expulsan. La verdad verdadera es que todos esos medios son redes, pero de pescar pendejos que engruesen y engrasen la gran data.

— ¿Por qué será que los medios públicos siguen sin público?

— Todos están entubados con la propaganda gubernamental, la propaganda política y el mensaje ideológico directo. Eso hace que el público –esté o no de acuerdo con la posición político-ideológica de los medios públicos– no crea, ni por asomo, que la comunicación y la información que debería ser imparcial lo sea. Segundo, casi siempre los valores de producción son deficientes, lucen amateurs, pobres, repetitivos, poco imaginativos, y aburridos.

— El presidente Chávez dijo que si la Revolución no era cultural, no era revolución. ¿Estamos haciendo una Revolución cultural?

— No existe una sistematización, ni planes visibles enfocados a la conformación de un ser humano con una concepción y una práctica del ser social y cultural distinta a lo que impone la hegemonía occidental. Lo que sí hay es una tendencia a apostar fundamentalmente por las tradiciones artísticas populares. Y, aunque la palabra folklore está muy mal vista, seguimos impulsando los mismos parámetros, pero con otro nombre. Más bien estamos reforzando lo que queremos combatir.

Ciudad CCS / Roberto Malaver

____________________

Retrato Hablado

“Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera”. Ese es el comienzo de esa novela maravillosa que se hizo universal por la manera original en que su autor, Juan Rulfo, asumió el texto. Fueron muy pocas las obras de Rulfo, sin embargo fueron suficientes para encumbrarlo como uno de los grandes escritores de América Latina. Escribió 16 relatos que están recopilados en El Llano en llamas. Allí está Diles que no me maten, que fue llevado al cine, aquí en Venezuela. También escribió una novela corta que tituló: El Gallo de oro, una historia de amor. En 1983 recibió el premio Príncipe de Asturias de las letras. Fue amante de la fotografía, y alcanzó a publicar sus fotografías en un libro. Y cuenta Gabriel García Márquez que un día se le apareció su amigo, el escritor Álvaro Mutis a su pensión en México, y le lanzó la novela Pedro Páramo y le dijo: “Lea eso, para que aprenda a escribir”. Nació en San Gabriel, México, el 16 de mayo de 1917. Murió un día como hoy, 7 de febrero de 1986, en Ciudad de México.

Ciudad CCS / Roberto Malaver

__________

El Viernes de Lira

Ciudad CCS / Ivan Lira