Triste día de lxs enamoradxs

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El amor romántico tiene su origen en la revolución burguesa y su finalidad ha sido la de regular de forma “pacífica” la vida social a través de la familia nuclear y los estereotipos de género. En tanto su creación, como la estructura social que sostiene el amor romántico, es burgués. Esto no quiere decir que una gran mayoría de mujeres, muy lejos de ser burguesas, no lo sufran, e incluso no significa que no paguen con sus propias vidas los mandatos. Vivimos en sociedades burguesas de mandatos burgueses por tanto amamos de acuerdo al mundo de los afectos que la burguesía construyó.

Este ideal social es el causante de muchas de las formas de violencia que se materializan en los cuerpos y psiquis de las mujeres. Independientemente del estatus económico, de la etnia o raza, de la orientación sexual, de la edad o de la ubicación geográfica, entre otras. Y esto lo corroboran las estadísticas no oficiales de femicidios en Venezuela y la cantidad de testimonios de personas que han sufrido y sufren violencia por el simple hecho de ser cuerpas y vidas feminizadas.

El amor romántico propone la propiedad privada a través del mito de la exclusividad, como si las personas fuésemos objetos y no seres humanos que sentimos, que respiramos. Propone el mito de la eternidad como si vivir violencia psicológica, verbal, física, sexual y patrimonial en el seno de una relación sexo-afectiva no basta para abandonar a quien te roba el derecho a vivir vidas libres de violencia. Como si la promesa de hasta que la muerte nos separe (femicidios), no bastara para replantearnos la existencia misma de la monogamia y su fin social, el matrimonio.

El amor romántico supone el amor entre personas heterosexuales que deben establecerse para crear la vida biológica que formará unidades de producción familiar, que reproducirán el patriarcado y sus valores éticos/morales, así como la mano de obra que requieren los Estados burgueses y el sistema capitalista moderno para sostenerse en el tiempo. Este último mito, el de la heterosexualidad, causa profundo sufrimiento en personas disidentes sexuales, cuyas prácticas amatorias son repudiadas por quienes se encuentran en las religiones judeo-cristianas.

Detrás de cada femicidio está la certeza de aquel que vio a esa mujer como una propiedad privada, como un ser que debía subordinarse a su autoridad, que debía continuar a su lado a pesar de los maltratos, de las humillaciones, de las lágrimas y del mismo desamor. Ese femicida quizás se sintió traicionado porque aquella no fue capaz de cumplir con su rol y las cualidades esenciales que cada mujer, sin importar su diversidad, debe poseer para merecer el título de buena mujer. Ese femicida apeló a su derecho simbólico a ejecutar un crimen de honor para reafirmarse como macho. Cada vez que una mujer renuncia, o intenta hacerlo, a la exigencia social de la abnegación, su existencia misma corre peligro. Triste día de lxs enamoradxs.