José Quiaragua

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El poeta Quiaragua ha sido otro de mis hermanos queridos en esta vida, al principio no nos juntamos mucho porque él era de la Católica y yo de la Central, aunque siempre nos vimos y nos celebramos, pero tuvo que ser mi comadre Carmen Elena Maciá, quien nos juntara en Mavesa como consultores estratégicos en materia de comunicaciones. Era como loca la vaina, él venía de Bandera y yo de la ultra siempre, ya casi viejos, seguíamos haciendo lo mismo, en aquel caso fortalecer la guitarra clásica y un trabajo social en las escuelas de Los Guayos, alrededor de la empresa en la zona industrial de Valencia. Allí nos graduamos de panitas burdas, nunca vi tanta bonhomía, tanto converger y tanta “gozanga” en unos trabajos que parecían días de fiesta, de lo tanto que los disfrutábamos.

Pero lo genial de Quiaragua fue cuando me leyó su poema “Mi Padre” y ahí sí se cayó la gata de la batea. “Mi padre no pudo ser estudiante de letras/ saber quién era André Breton/ sentirse hermano de Rilke, Lautreamont/ dominar el estructuralismo o cosa parecida”… para entonces ser estudiante de Letras era casi un oficio y muy admirado, por cierto, por el resto de la sociedad. Pero contraponer esas cosas que nos daban en el aula con su papá, ya era suficientemente conmovedor. Pero la gran lección de mi vida me la dio con el resto del poema.

Nosotros que veníamos de casi jugar a la revolución a los 13 años, en colegios de cura, unos “cagaleches” de la pequeña burguesía que nunca entendimos lo que era conciencia de clase y vino el poeta Quiaragua y me sentó de culo: “Mi padre obrero/ solo pudo leer el humo de las fábricas/ de desnutrición de los muchachos…/ venderse vivo a la Orinoco Mines Company/ no poder dormir el alquiler los vermífugos/ y tener un pantalón y 80 kilos de amargura”.

Por supuesto que nos rascamos. Desde entonces, además de mi hermano, es mi maestro. Pasaron 50 años para comenzar a entender el marxismo, me quedan 50 más para comenzar
a entender el resto. Jajaja.