El biberón perpetuo

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Imagino a un paternal Trump, zampándole un biberón de sanciones (leche gringa de fórmula universal) a un glotón bebé que pide más y más. El tiempo se llevó las últimas hojas del best seller “Ni Marx ni Jesús (la revolución será americana)”, donde el ultraliberal  Revel no contaba con los chinos ni como invitados de palo. Mientras tanto, Trump sigue engordando a su “presidente interino” para ver si le aporta más votos en Florida que los que Alicia Machado le arrimó a una decepcionada Hillary (la de la carcajada ante el linchamiento televisado del coronel Gadafi). De ese biberón de sanciones mamó durante 60 años cierto exilio cubano mayamero, sin moverle un pelo a Fidel.