Por qué el movimiento social de AAM Haydee Machín

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La vulnerabilidad se puede entender como la incapacidad para resolver problemas y cómo afrontarlos. En los grupos humanos siempre habrá situaciones o circunstancias para ser vulnerables.

A la población de adultos y adultas mayores (AAM)se les quiere caracterizar por su vulnerabilidad, la cual puede suceder por alguna situación de incapacidad temporal o permanente. Pero calificarla como vulnerable es una forma de anularla para que no actúe y siga respondiendo con pasividad ante sus necesidades. Esta población en general se caracteriza por la fortaleza de haber vivido, poseer experiencia, habilidades, sabiduría y aceptación de las responsabilidades en esta etapa de la vida, así lo demuestran la cantidad de abuelas y abuelos auto suficientes, que apoyan o asumen la crianza de los nietos, u otras cargas familiares, o continúan trabajando en otras actividades. Tienen una vejez activa y saludable.

La mayoría de las leyes de protección y seguridad social, señalan el principio de la corresponsabilidad entre el Estado, la familia y la sociedad. Un Estado que legisla para sí, una sociedad apática y la familia que busca alternativas para garantizar la calidad de vida, sin contar con los recursos y herramientas para cumplir con su función protectora de los mayores. Esta situación contradice las expectativas que tienen las personas adultas mayores, cuando ven que no pueden cubrir sus necesidades, no obstante de tener una trayectoria de trabajo que le garantice las prestaciones sociales.

Tenemos una clase trabajadora, con derecho a una pensión y una jubilación, y con derecho a prestaciones sociales una vez culminada su vida laboral, y cuenta con ello para mejorar su calidad de vida. La recompensa por lo trabajado durante tantos años de servicio, se redujo en la realidad actual, al extremo de ser una pérdida de este derecho a las prestaciones sociales, más el reducido monto de las pensiones y jubilaciones, que hacen imposible cumplir con esas expectativas para el buen vivir.

Esta frustración producto de la falta de cumplimiento de parte del Estado a estos derechos adquiridos, por las razones económicas conocidas, son un agravante para la calidad de vida, además no compensada con las medidas actuales, que no llegan a cubrir la deuda social que aún se espera que sea cumplida con la población de AAM.

Pero los AAM sí son visibles electoralmente. Así lo demuestran las cifras significativas que representan en el padrón electoral, porque más de 4 millones de pensionados y pensionadas son aproximadamente más de un 20% de votos, y generalmente como votantes están comprometidos. Si esa fuerza como votantes se respetara, sería una fuerza de apoyo empleada en asesoría y organización para el trabajo, como lo prometió el programa Chamba Mayor.

Ante esta situación descrita brevemente, pero que señala los diferentes factores que influyen en las necesidades de esta población, surgen caminos de lucha de los movimientos sociales en corresponsabilidad con el Estado, para impulsar el avance y cambios de las políticas de seguridad y protección, y convertirse en un mecanismo de organización del Poder Popular.

Sucede que la sociedad en general está empeñada en invisibilizarlos y desconocer esta posibilidad de organización. Vemos como a la historia de vida de la población adulta se le culpabiliza y señala como responsable de lo no logrado para las generaciones del futuro. Esa juventud que se niega a envejecer, sin reconocer que por proceso natural evolutivo llega la vejez. Siendo necesario socializar desde la escuela, la familia y la comunidad, la cultura de la longevidad, como condición humana con las generaciones que vienen envejeciendo, para que luchen por una vejez con dignidad.

La psicología ha estudiado y caracterizado las diferentes etapas evolutivas del ser humano, desde el nacimiento, infancia, adolescencia, juventud y adultez. Pero la vejez como etapa del proceso evolutivo ha sido estudiada con poca profundidad, y se ha catalogado como población vulnerable, sin considerar la complejidad social y psicológica que implica esta etapa.

Solo la geriatría y la gerontología se han detenido en su estudio desde la perspectiva clínica de la vejez para atender las necesidades de la demencia senil y otras alteraciones neurológicas. Sin embargo, no son incluidas en el concepto de atención integral en los servicios de salud pública.

Y para proteger a esta población de AAM, se han elaborado en estas últimas décadas leyes y normativas legales, transversales en las políticas sociales sectoriales para que cumplan con los derechos en materia de protección, salud, educación, vivienda, servicios de transporte y otras llamadas de trato preferencial. Las que se diluyen en su ejecución, por considerarlas menos importantes. Y aún en las misiones, como la de Amor Mayor, que cubre el universo de la población de AAM con la pensión de vejez.

Se queda solo en una pensión menguada y sin otro beneficio que integre una política de salud integral. En el resto de las misiones se pueden incorporar como uno más y se pierde el trato preferencial. Aún en el Clap no hay consideración a un derecho de alimentación como prevención en salud, sino como persona vulnerable por pobreza socio económica.

Institucionalmente, las dos instancias responsables de la rectoría de las políticas sociales señaladas son el IVSS, y el Inass. La primera en materia de pensiones y la segunda en materia de asistencia integral. Ambas lo hacen con marcada ineficacia, entre otros factores, por su incapacidad de articular políticas integrales e integradoras con la realidad del envejecimiento poblacional, ante lo cual deben asumir políticas de prevención y promoción de una población que envejece, y sin considerar además que los AAM actualmente viven más, y están en capacidad de participar activamente en la creación de las condiciones para el diseño, planificación, ejecución y evaluación de las leyes y políticas públicas del sector de AAM.

Ahora bien, ¿cómo tratar a una población que ha vivido décadas para construir su desarrollo personal y social, al servicio de la familia y de la sociedad, pero desconocida como sujeto social, por una sociedad que le impone leyes y políticas de atención no ajustadas a la realidad y a espaldas de los adultos? En este sentido es necesario construir una plataforma de lucha para sustentar la etapa de mayor sabiduría como es la vejez. Más en un mundo con una dinámica demográfica que crece aceleradamente con una población hacia la vejez.

Esta sociedad dividida en clases sociales, clasifica los problemas de los adultos mayores de acuerdo a la clase social a la cual pertenezca. Solo los que poseen recursos pueden ser atendidos con dignidad, pero en general son atendidos por servicios deficientes y con leyes elaboradas sin la participación protagónica de los beneficiarios.

La participación es la herramienta que por ser una necesidad humana y un derecho fundamental, conduce al pueblo a dignificar al pueblo de AAM. Y uno de los mecanismos de participación son los movimientos de adultos mayores. Que en el mundo han dado la batalla para lograr los derechos fundamentales y que hoy están amenazados por los intereses económicos del capitalismo.

En este momento es importante tener presente la búsqueda de los derechos de los AAM desde la perspectiva de la participación protagónica en un movimiento que direccione la construcción de leyes, politicas y acciones que responda a la realidad social de esta población.

En el marco de estas ideas surge el movimiento de AAM HAYDEE MACHÍN, de alcance municipal en Baruta, y regional en el estado Miranda. Por ahora nos iniciaremos como observatorio de las políticas públicas dirigidas a la población AAM, convocándola para el trabajo en el campo institucional y comunitario, para el análisis y reflexión, hasta alcanzar los objetivos de cambios sociales que se requieren para esta importante población, e igualmente su incorporación a una plataforma de unidad nacional propuesta por la ANC.

 

Ciudad CCS
Baruta, Febrero 2020