Editorial | “¡Carnaval, no hay que llorar!”

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Para quienes vivimos en Caracas es evidente que hay dos ciudades que se buscan, que se acechan, que se acarician, ¿que se repelen? El este y el oeste, el norte y el sur. ¿Cuánto hay de ti en cada una? ¿Cuánto de nosotras, cuánto de nosotros hay en cada una? Los tormentos, las preferencias, las ideologías, los gustos, los amores, los caprichos y las necesidades básicas convergen de cada uno, convergen en el tiovivo que es el valle de Caracas. Todos comemos y respiramos por no mencionar las otras “intimidades” bastante normales, sin las cuales tampoco podríamos vivir.

Desde nuestras publicaciones impresas, desde la escuela, desde la página Web y desde las redes sociales nos ocupamos más, por razones obvias, de lo que acontece en el Municipio Bolivariano Libertador.

No obstante hay que recordar que Ciudad CCS es un medio de comunicación público que nació para mostrar lo que no mostraban, para informar sobre lo que no informaban (y que aún no informan) los medios de comunicación privados.

En el mejor momento de circulación y tiraje, Ciudad CCS, el diario, y Épale CCS, la revista, llegaban a los habitantes de los Valles del Tuy, a la gente del ahora estado La Guaira, a Guarenas y a Guatire. Miles de personas recibían en sus manos nuestra verdad informativa que era ocultada y ninguneada por los medios de comunicación privados. No hay que llover sobre mojado, pero tampoco olvidar que nacimos gracias a un evento que puso al descubierto lo que puede pasar con una mentira cuando se oculta: el golpe de Estado del 11 de abril de 2002 contra Hugo Rafael Chávez Frías y su regreso al poder. Lo demás es historia

Las necesidades (informativas) van cambiando y con ellas los lectores, y con ellas la necesidad de amoldarnos, de crecer, de mutar, de migrar hacia plataformas multimedia. Eso sí, sin andar dando lástima porque, ¿cómo se le hace psicoterapia a un periódico?

Es así como volvemos a constatar que el hervidero cultural, que es el Municipio Libertador, es ignorado absolutamente por los medios de comunicación (identificados con la oposición), lo cual hace que un bojote de gente que vive en la Gran Caracas sencillamente no se entere de qué pasa en el casco histórico.

Por ejemplo, la recuperación de la nocturnidad, de la rumba en la ciudad de este lado del río sigue su ritmo para darle a caraqueños y caraqueñas una opción de esparcimiento, de disfrute y, en suma, de diversión y espiritualidad. Dieciocho cafés y bares (y sumando) tienen una programación especial y atención permanente de parte de la Alcaldía de Caracas para que la ciudad repotencie su alegría que ha sobrevivido y resistido, tanto como el país y su gente, los avatares de la situación económica.

El Paseo Los Próceres, el parque Hugo Chávez y varias parroquias capitalinas, una vez más, serán escenario para que los niños, niñas, adultos y mascotas luzcan sus vestimentas y sus antifaces, y para que las carrozas y las comparsas inunden de colorido calles y avenidas.

Las mujeres creadoras y activas tienen una programación regia, divertida y espectacular del 1 al 8 de marzo de 2020 para celebrar al feminismo y a la mujer, y para reafirmar el porqué creemos en la diversidad y en la igualdad de género.

Caracas, la Gran Caracas, contra todo pronóstico, derrocha alegría. No es cuestión de colores, porque el arco iris no tiene dueño. Y como dice la canción: “Carnaval: no hay que llorar”, celebremos el Carnaval, celebremos el amor, celebremos la ternura, celebremos la vida. Sigamos.