Editorial | Cabezas calientes y cabecillas

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Ayer se cumplieron 31 años de aquel Caracazo de 1989. Era la Cuarta República y los jóvenes con militancia en partidos y movimientos políticos y sociales de izquierda éramos un objetivo. Objetivo de los cuerpos represivos del Estado. Los sociólogos y los policías de la época andaban un poco desorientados con las causas de la manifestación popular.

“Estallido espontáneo”, decían los sociólogos, “sin dirección política y sin organización”. “Acción subversiva planificada que busca acabar con la democracia y con el mandato del presidente constitucional de Venezuela, el señor Carlos Andrés Pérez”, decían, palabras más palabras menos, desde los cuerpos represivos del Estado y desde los partidos políticos de la derecha. Los partidos políticos de la cuarta eran solo de izquierda, a los cristianos se les decía “socialcristianos” y a los demócratas liberales socialdemócratas. Y a los más radicales se les decía de extrema izquierda. ¿Extrema derecha? ¿Derecha? Eso no existía en Venezuela. Cuando mucho se les decía que eran de centro.

Estallido o no, organizado o no, la policía política de entonces buscó entre los universitarios y los líderes de movimientos sociales y comunitarios a los “cabecillas de la revuelta”. No los encontraron porque la revuelta no tenía “cabecillas”. Pero cualquier “cabeza caliente” fue detenido, preso, torturado y acusado de rebelión, y el Estado de Derecho de entonces gustaba de mandar a los tribunales militares a los sospechosos. Literalmente cualquiera fue detenido. La chispa empezó en Guarenas y como si fuera una “mecha lenta” llegó a Caracas. Ese “estallido espontáneo” o “rebelión civil” fue precedido de un paquete económico de corte neoliberal, recomendado por el Fondo Monetario Internacional a cambio de créditos que a la postre eran cuchillo para las gargantas de, para ese entonces, 24 millones de venezolanas y venezolanos.

Ni adecos ni copeyanos eran buscados. Para la época gobernaba el movimiento estudiantil de la UCV, el Movimiento 80, surgido de las bases estudiantiles de las facultades y escuelas. Y también en el resto de las universidades autónomas gobernaban “movimientos de base”. ¿La razón? El desprestigio de los partidos políticos de izquierda que, según el Consejo Supremo Electoral de entonces, no pasaba de 6%. En la vicepresidencia de la Federación de Centros Universitarios (FCU) de la Universidad Central de Venezuela (UCV) estaba la gente de la Unión de Jóvenes Revolucionarios o sea Bandera Roja. Cosas veredes, Sancho.

Este estallido social llamado “El Caracazo”, contra el paquete neoliberal, iba a chuparle la vida al pueblo. Los saqueos populares muy pronto fueron censurados en los medios de comunicación y el toque de queda impuso su muerte. Fin de una parte de esta historia que bien podría ser to be continued.

En la actualidad hay unos cabecillas, de extrema derecha, racistas y fascistas, que están aliados con los mismos que en 1989 impusieron el paquete económico en Venezuela. Quieren repetir la receta neoliberal, pero para eso necesitan obtener el poder político en el país. En 2002 dieron el primer y bien planificado zarpazo cuando lograron sacar brevemente del poder a Hugo Chávez Frías. Como no han obtenido el poder a través del voto, buscan imponer el paquete económico a la fuerza. Son los cabecillas de una banda de ladrones vende patria que deberían estar presos. No llegan ni a secta. No defienden ideales, defienden el poder del dinero. Ansían un estallido social que no tendría nada de espontáneo. Son unos malandros. Esta historia aún se escribe. Sigamos.