La página de Aquiles | Parodias

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Un sainete o astrakán donde en subidos colores se les muestra  a los lectores la torta que puso Adán (Fragmento)

Acto II
Ahora pasa la acción
al jardín del Paraíso
donde Adán, ya sobre aviso
recibe al Viejo en cuestión

EL VIEJO: Adán, ¿qué quieres de mí?

ADÁN: Oh Señor, qué he de querer,
¡que me consigas mujer
o me saques de aquí!

DIOS: ¿No te gusta este lugar?

ADÁN: Tiene magníficas cosas:
las frutas son deliciosas
y el clima muy regular:

tiene animales
de los más finos:
solo cochinos
hay más de cien.

Y en cuanto a plagas
esto es muy sano:
solo hay gusano,
chipo y jején.

Pero aunque no tenga igual
ni en belleza ni en salero,
mientras yo viva soltero
le falta lo principal.

DIOS: Entonces no hay más que hablar.
Si quieres una señora,
ponte de rodillas, ora
y acomoda el costillar.

Tras esta declaración
y sin conversarlo mucho
pela Dios por un serrucho
y empieza la operación

DIOS: ¡Hágase en un santiamén
la criatura encantadora
que va a coger desde ahora
por el mango la sartén!

Y del costado de Adán
sale su joven esposa:
la joven pecaminosa
de quien los siglos dirán
que por estar de golosa
perdió el perro y perdió el pan.

Acto III
Adán se casó con Eva,
y con sus pocos ahorros,
se compraron dos chinchorros
y alquilaron una cueva.

Y a la siguiente semana
ya arreglados sus asuntos,
salieron a darle juntos
una vuelta a la manzana.

Y fue en aquella ocasión,
fue en aquel triste minuto,
cuando encontraron el fruto
que causó su perdición.

EVA: ¿Qué fruta es esa
color granate?
¿Será tomate?
¿Será mamón?

ADÁN: Ni son naranjas
ni son limones.

EVA: ¿Y pimentones?

ADÁN: ¡Tampoco son!

EVA: La mata en su ramazón,
a la de almendrón imita.

ADÁN: ¿Almendrón? ¡Qué va, mijita!
¡Yo conozco el almendrón!

Eva se acerca al manzano,
pero al estar junto a él,
con un machete en la mano
la detiene San Miguel.
SAN
MIGUEL: Si no queréis que lejos
os boten del jardín
oíd estos consejos
que os doy en buen latín.
Podéis comer caimito,
batata y quimbombó,
cambur y cariaquito,
¡pero manzana no!
Y el que haga caso omiso
de tal prohibición,
saldrá del Paraíso
lo mismo que un tapón.

Se evapora San Miguel
y entonces sale una fiera
semejante a la manguera
de una bomba Super-Shell.

MANGUERA: No le hagas caso, mujer,
si quieres comer manzanas
no te quedes con las ganas,
que nadie lo va a saber.

Y al probar Eva el sabor
del fruto que tanto ansiaba,
se vuelve pájara brava,
por no decir lo peor.

EVA: ¡Quiero joyas
y oropeles!
¡Quiero pieles
y champán!
¡Quiero viajes
por Europa!
¡Quiero sopa
de faisán!
¡Quiero un novio
que se vista!
¡No un nudista
como Adán!

Los amantes de Verona o el final de una encerrona (Fragmento)

Acto III

Habitación de Julieta;
en escena el que la adora
y ella, que a última hora
se está haciendo la zoqueta.

JULIETA: Oye la alondra cantar
con sus dulcísimas notas.

ROMEO: No es la alondra, son las botas
(fastidiado) que me chillan al andar.

(atacón) Bueno, deja la varilla,
y a ver si me das un beso.

JULIETA: ¡Ay!, no, no; déjese de eso,
que me hace mucha cosquilla.

De pronto se abre un pipote
que está a los pies de la cama
y aparece un sacerdote
que no estaba en el programa.

ROMEO: Perdona la entrepitura
y que en tus cosas me meta;
pero contesta, Julieta:
¿qué hace en tu cuarto ese [cura?

JULIETA: Es el padre Baltasar,
del templo de los Chiriles;
ya yo fijé los carteles
y él es quien nos va a casar.

ROMEO: ¿Conque esa fue tu intención?
(furioso) ¿Conque arriesgando un [chichón
a hacer vine por el techo
lo mismo que hubiera hecho
cualquiera por el portón?

EL AUTOR: Y así fue como al [doncel
le llegó, por fin, su [día, pues salió de [cacería y al que cazaron fue [a él.

Selección de Rodolfo Porras