Luis alberto montenegro: Aquiles Nazoa está en el imaginario de su pueblo

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La fiesta por el centenario de Aquiles Nazoa irradia a todo el país.

Militantes de su poesía, trabajadores culturales, desde sus trincheras impulsan la obra de este creador.

Luis Alberto Montenegro, quien se define como un artesano de la imagen y la palabra, un defensor y seguidor de la obra de Aquiles Nazoa, nos recibió en su casa para darnos a conocer su relación espiritual y poética con nuestro Aquiles y saber por qué rutas anda en su centenario.

— Yo no jugué palito mantequillero, ni pepa y palmo con Aquiles Nazoa. No subí a su Volkswagen, cosa que me hubiese gustado mucho y no puedo considerar que fui su amigo entrañable.
Así comienza Montenegro su conversa con nosotros:

— Lo conocí, cuando fuimos compañeros de trabajo en el Inciba, donde él era parte de la Coordinación de Literatura y yo profesor de arte y nos tocaba cobrar el cheque juntos. Allí me encontraba con Aquiles y le buscaba conversación, porque yo sabía que había elementos que nos unían, sobre todo Villa de Cura.

— Villa de Cura, mi tierra natal –continúa Montenegro–, fue uno de los refugios donde estuvo confinado un tiempo por sus opiniones y escritos. Él fue Amigo de la familia Jaén, de Inocencio Utrera y Angelina Bolívar de Utrera, que le hacía las muñecas de trapo. Inocencio era primo de mi mamá y entre nosotros había un vinculo grato.

— ¿Puedes recordar una anécdota de ese tiempo?

— Cuando a Aquiles le pidieron la declaración jurada de bienes, él, con su verbo dulce y fuerte como guarapo de piña, declaró que uno de los pocos bienes materiales que poseía era su cédula de identidad. Amor, cuando yo muera, Despedida del Duelo y su declaración jurada de bienes considero son textos que hablan de su dimensión humana.

— ¿Cómo llegas a la obra de Aquiles?

— Hace años viví en Buenos Aires, allí declamé poesía en la Casa de la Cultura, leí a Guillén, Neruda, Vallejo, Andrés Eloy y, por supuesto, a Aquiles Nazoa. Luego, cuando regreso a Venezuela, me acerca a su obra su hijo Claudio, quien me obsequia Caracas Física y espiritual, por él también agradezco haber conocido a su familia.

A partir del encuentro con este libro comienzo a revisar atentamente su obra. Puedo decir que la vida no nos alcanza a nosotros para llegar hasta donde llegó Aquiles. Él fue un ser humano que no nos deja de sorprender a través del tiempo con su infinita obra.

— ¿Tienes alguna referencia familiar de Aquiles que quisieras compartir con nosotros?

— Debo destacar la influencia de su abuela paterna, su madre Micaela González, y Rafael Nazoa, su padre, quienes sembraron en Aquiles desde su temprana niñez el amor y el humor. Humor no complaciente, filosófico, emotivo. Hay un misterio indescifrable en Aquiles: cómo un autodidacta de múltiples oficios, saberes y sabores; maltratado, perseguido, encarcelado y exiliado y con tan escasos recursos económicos llegó a producir una obra fundamental. Cómo abordó el arte, lo popular, lo clásico, distintas disciplinas como la música, la danza, la arquitectura y la pintura. Aquiles es un ejemplo, en su centenario, de la fuerza irresistible del amor, no hay manera de detener al ser humano cuando hay ganas y pasión para hacer las cosas.

— ¿Qué acciones has desarrollado por preservar la obra de Aquiles en este tiempo?

— Junto a Nunzia, Jesús Sanoja, Ricardo Bolívar, Deisa Tremarias, Caneo Arguinzones(+), es decir, “Las fulanas esas”, hemos celebrado la vida de Aquiles desde hace mucho tiempo. Todo comenzó por un lugar de encuentro en las afueras de la UCV, de allí fuimos al Cementerio General del Sur el día de su cumpleaños y de su fallecimiento. Hace 15 años compramos flores y llegamos hasta el panteón familiar de los Nazoa, a honrarlo junto a los restos de su madre Micaela y de su hijo Sergio. Limpiamos su lápida y los alrededores, llevamos libros de Aquiles, muñecas de trapo y juguetes, adornamos su lápida y hacemos rondas de lectura. Cantamos, declamamos y conversamos desde y sobre Aquiles, y finalmente rezamos el Credo en colectivo y, si hay condiciones, vamos a El Guarataro y preparamos un sancocho colectivo en casa de Nunzia.

— ¿Cómo te ves en el Centenario de Aquiles?

— Yo me veo en este centenario al lado de “Las fulanas esas”, de poetas, músicos, promotores, de mi gente del 23 de Enero, de mis paisanos de Villa de Cura, apoyando en lo que gusten mandar, como trabajador cultural al servicio de quien me llame, en Catia, El Guarataro, San José o La Pastora.

— Si te tocara definir a Aquiles en una sola palabra…

— Indudablemente para mí es amor. En toda la obra de Aquiles está presente el amor, por su pueblo, su amor especial por el desvalido, su amor por Caracas, por la gente, por los animales, por las cosas más sencillas. Lo puedo ver en su canto a la sencillez, su canto a la hormiga, a la mosca, a las lombricitas, al cochino. Su amor a los amigos, a la mujer, al padre, a su pueblo.

— ¿Cómo te defines hoy en el Centenario de Aquiles?

— Como un artesano de la palabra y de la imagen. Yo no soy artista, ni poeta –nos expresa Montenegro–, tengo un solo poema escrito Creo en Aquiles Nazoa, el cual escribí a 5 años de su muerte, y que es mi más humilde homenaje a su obra, a su imaginario, a su lenguaje y a su dimensión humana.

— Puedo decir a todos que en este camino de la literatura, gracias a Aquiles –nos confiesa–, he escrito odas y por eso también soy odedor.
Permanecer en la casa de Montenegro es encontrarse con un trozo del corazón de Aquiles: muñecas de trapo, libros y un pequeño altar, donde, sin tendencias fanáticas ni religiosas, honra la memoria de Aquiles y da fe de su entrega a la vida y obra de este artista.
En relación con este espacio, Montenegro nos comenta:

— Atesoro muchos de sus libros, sus audios, sus retratos y ese espíritu de él, que vive en la gente que quiere, respeta y celebra a este genio y para quienes hoy abro las puertas de mi casa.

— ¿Formas parte de la comisión centenaria en este momento?

— No formo parte de ninguna comisión centenaria. Sólo pertenezco a los colectivos Las fulanas esas y al Movimiento de los poderes creadores del pueblo, y estaré donde la gente me convoque, un barrio, una escuela, una biblioteca, una plaza, para conversar y compartir mis conocimientos, los materiales y libros de Aquiles. Esa es mi tarea.

— ¿Cómo hacer una celebración que se parezca al Aquiles que valoró las cosas más sencillas?

— Para comenzar, quisiera definir a Aquiles tal como lo definió su hijo Claudio: amorosamente subversivo. Él lo precisa como un anarquista al que no le gustaba que le dictaran líneas políticas ni artísticas.

— Por eso –prosigue Montenegro–, quiero, desde esta tribuna, convocar a majaderos y majaderas, libres de pensamiento y acción, para que cada uno, desde su trinchera personal y colectiva, celebre la vida de Aquiles Nazoa en su centenario, desde la sencillez de la calle, del parque, de la relación con el otro.

— En este año debemos leer a Aquiles y reflexionar sobre qué estaría pensando él en este momento. Cada persona, poeta, músico, maestro, debería hacerse la pregunta de cómo quisieras que celebráramos su centenario, y quizá respondernos como él: “Dejarme ir por los propios pasos que manda mi corazón”.

— Por su tiempo de fallecido, por su centenario y por su figura, seguro no faltan propuestas de exaltarlo al Panteón Nacional, ¿cuál es tu opinión?

— Hay gente que no se ha enterado de esto: Aquiles estuvo, está y estará, en el panteón que le ha construido su gente, en el propio corazón de su pueblo. Desde ese lugar de los afectos lo celebramos cada año. Desde allí defendemos su espacio en el imaginario de los venezolanos y seguimos difundiendo sus libros, sus versos, sus muñecas, su obra.

Textos José J. Sánchez | Foto Américo Morillo