Niñas No Reinas

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Con los carnavales y sus variopintas manifestaciones, las autoridades culturales y de gobierno de las ciudades con mayor tradición carnestolenda se preparan para la celebración, en la que también participan modestamente otras localidades, alcaldías, comunas, consejos comunales y organizaciones vecinales.

Las calles de todo el país se vuelcan hacia el carnaval, promocionando la participación con adornos, disfraces, carrozas, comparsas, bailes y más. Las escuelas se suman también a la fiesta y, en estos tiempos, muchas madres inician la angustiosa búsqueda del disfraz soñado para sus pequeñas. La época no perdona, más bien resalta algunos roles adjudicados a mujeres, como el de “buena madre”, quien ha de ser costurera, recicladora y creadora de fantasías de categoría sambódromo de Río.

En algunos países de la región, para esta época, se registran (y se informan) los más altos índices de violaciones; las mujeres en el espacio de lo público, así como el consumo de alcohol y otras sustancias, forman parte de las excusas que esconden la raíz del problema, que es la violencia machista como expresión letal del patriarcado.

Como práctica violenta de los preparativos, son receta los concursos para la elección de la reina del carnaval. Y vamos las mujeres a las pasarelas, a competir entre nosotras, mientras la mirada masculina –de hombres y mujeres– nos evalúa para determinar si cumplimos los patrones dignos de la corona. Una vez más, las jóvenes cargan con el peso de medir su valía por cómo lucen. Se sirve el plato para la más invisible de las violencias: la violencia simbólica, que reproduce una y otra vez, reinado tras reinado, los estereotipos de apariencia física y de modo de estar en el mundo para las mujeres, como objetos que satisfacemos a otros, y que podemos ser tomados a gusto.

En medio de esta algarabía, nadie quiere quedarse por fuera y no falta quien organice el concurso de minirreinas, reinas del salón, del maternal, del colegio, del liceo, del instituto; inculcando antivalores de competencia y apariencia normada desde las más inusitadas cortas edades, enseñando a las niñas a exhibirse, a que su cuerpo es objeto de la evaluación pública, para morbo de no pocos, abonando el camino para la violencia.

Sin aguar la fiesta a nadie, las feministas invitamos a que cada expresión cultural excluya de sus actividades aquellas que promueven la violencia machista, llamamos especialmente a respetar los derechos de las niñas y a protegerlas. Son #NiñasNoReinas

Coloquio Feminismo Utopía para el siglo XXI

La Colectiva Tinta Violeta de la Red Araña Feminista organiza el 28 de febrero el Coloquio Utopía para el siglo XXI, que convoca a la participación de personas interesadas en debatir ideas para la construcción de una sociedad basada en la equidad y la armonía de cara a la interrogante: ¿Es desde los feminismos que se hace posible el mundo soñado?