Octavita alarga el Carnaval

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“En el barrio hay tres días de Carnaval”, coreaba la Sonora Matancera mientras la joven promesa Celia Cruz, cuyo talento empezaba a aflorar, confiesa en su primera estrofa solitaria que “al Carnaval de Caracas yo me voy a guarachar”…

Fueron tan exitosos esos bailes carnavaleros, desde lo musical y lo comercial, que la cosa picaba y se extendía… Había que prolongar el disfrute, lo que fortaleció la idea de la octavita, una rumba una semana después de la fecha oficial de los carnavales, con cero contenido religioso y mucho de mundano.

Definitivamente el pueblo venezolano, y en especial el caraqueño, tiene un ADN rumbero, incansable, guapachoso, de baile y fiesta pura. Es que desde diciembre se está pensando en Reyes Magos, en Carnaval, en Semana Santa, en vacaciones escolares y en el Niño Jesús del año que viene. Así somos.

Bueno, como una de las celebraciones más sabrosas, por lo que implica desde lo filosófico y lo pagano (libertades para el alma, para el cuerpo y la carne) es el Carnaval. Debido a su corta duración la gente quedaba picada. Querían más. Quizás sea por eso fundamentalmente (no se puede afirmar porque no hay registros, pero se intuye) que la gente decidió darle continuidad al jolgorio y el libertinaje que trae consigo la celebración en honor al Rey Momo.

Una fiesta que originalmente era de tres días y luego se redujo solo a dos, aunque la gente le anexa ese fin de semana siguiente. Sin dudas, muy poco tiempo para tanto aparataje.

Qué representaba

Refiere el periodista y cultor de los aspectos históricos, Igor García, que “la octavita era una suerte de prolongación de Carnaval que servía para el bonche”. Aclara que en ese lapso no se jugaba con agua ni con otras sustancias, y que en diferentes clubes contrataban orquestas nacionales y extranjeras para amenizar los bailes, “aprovechando el auge que tomaba la salsa en esos momentos de finales de los años sesenta y principio de los setenta”.

Anexa que las carrozas tomaban nuevamente las principales calles y avenidas caraqueñas y desfilaban, aunque no en las mismas cantidades que el lunes o martes previo, “debido a que muchas instituciones públicas prestaban camiones y otros vehículos pesados que servían perfectamente para el diseño de carrozas, pero el miércoles de ceniza debían incorporarlos a las labores habituales”.

“Aquí es, aquí es”, gritaba la gente de a pie ubicada a lo largo de calles y avenidas por donde pasaban las carrozas con sus reinas, lanzando caramelos, serpentinas y diversos confites al pueblo.

Los Próceres, como en la actualidad, era uno de esos sitios icónicos. Y todos los cronistas refieren como una de las más llamativas, decorosas y bien organizadas, aquella comparsa encabezada por una carroza donde destacaba la imponente figura de Susana Duijm, la morenita de Lídice, que con su esbeltez y suprema belleza acababa de conquistar a la crítica internacional al obtener el título de Miss Mundo. Otro lujo de los carnavales caraqueños.

Ese último domingo de la octavita, debido a todos los excesos carnestolendos (donde se había dado rienda suelta a deseos y placeres mundanos) era un día especial y adecuado para el descanso, y la playa era un buen lugar para hacerlo.

Más tiempo para exhibir

Una señora, diseñadora de las grandes parafernalias que ornaban las carrozas y comparsas, junto a su vecina que confeccionaba complejos disfraces, apoyaron la idea de exhibir sus creaciones un tiempo más; por eso, a manera de improvisación, se fue consolidando el hecho de darle rienda suelta a aquella celebración exactamente el fin de semana siguiente al carnaval, lo que fue adquiriendo fuerza, organización, músculo rumbero y nombre específico: Octavita de Carnaval.

Estas octavitas eran más ceremoniosas que referidas al juego, por ello poco destacan las bombitas de agua, el azulillo, negro de humo, pintura, harina o huevos. Son dos días en los que cada quien se exhibe con sus disfraces, con sus bailes, coreografías y se montan fiestas en templetes de calle.

Los sitios predilectos para el disfrute, como los clubes sociales y hoteles con salones de baile de gran capacidad, aprovecharon el boom para, en algunos casos, seguir contratando orquestas que venían en Carnaval a Caracas, con una gira garantizada por el interior (Maracaibo, Valencia y otras plazas emergentes) con retorno a la capital el próximo fin de semana para encender las diversas tarimas en las fiestas de octavita.

Cuidado que ya viene el carnaval

Como afirmáramos en crónicas anteriores, artistas de la talla de Lupe Victoria Yoly Raymond (La Lupe), Tito Rodríguez, Dámaso Pérez Prado, Machito y Graciela, Billo Frómeta, Los Melódicos, Chucho Sanoja y su Lamento Náufrago, entre muchos otros, pusieron sus notas musicales en esas rumbas carnestolendas (Ya habíamos citado a la Sonora Matancera).

Como ya dijimos, esas fiestas se extendían a todo el país y la cosa era tan demandante que se abrió paso a un gran mercado musical internacional. Para esas grandes agrupaciones de corte internacional como Richie Ray y Bobby Cruz o el Gran Combo, por ejemplo, se volvió un lujo o un caché tocar en estos carnavales.

Ciudad Ccs/Luis Martín