Romper mitos del año bisiesto

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Historias de nuestra gente

Caraqueños, este año es bisiesto… y ahora sí, pendientes, el mundo se va a acabar. Caracas sucumbirá ante un mega tsunami que pasará por encima del Waraira Repano. Imagínate la masa de agua. Saber nadar no te servirá de mucho. Tus días están contados…

Con augurios como ese sembraban (o buscaban sembrar) pánico entre los habitantes de esta gran capital cada vez que iniciaba un año que incluyera al 29 de febrero como un día más en su agenda oficial… “El Ávila es un volcán apagado y ahora sí se encendió…”.

Este año, como hace cuatro y como será dentro de cuatro más, es bisiesto, lo que implica un día extra en el calendario, que por costumbre histórica y por acomodos en los ordenamientos administrativos del pasado se anexó a febrero. Este año “habemus29F”.

Resulta que la humanidad a todo le tiene una explicación (si no, la inventa) y como desde siempre, por influencia religiosa, de cualquier tendencia, entra en juego el bendito maniqueísmo que contrapone dos caras de los hechos: como si la vida tuviese su monedero, dicen por ahí que durante los años bisiestos aunque haya algo bueno algo malo está por suceder.

Hagamos un breve repaso anecdótico-histórico acerca del asunto. ¿Qué implica agregar un día al calendario? Y más allá de la fe, ¿por qué durante los años bisiestos la historia ha registrado tragedias y sus consecuencias?

Los estudiosos de las estrellas y los astros en general, desde días inmemoriales, generaron un estándar para medir el paso del tiempo, para entender los ciclos naturales de los fenómenos que desde lo desconocido daban paso a las estaciones, a las grandes temporadas de lluvia y sus contrapartes de sequías, que de alguna manera marcaban las pautas para el cultivo y el mejor provecho de la Tierra para la subsistencia de la especie humana.

Nacen así los calendarios, que cada cultura diseñó a su manera. Por ejemplo, con el calendario romano, creado por Rómulo y que se pasa de 10 a 12 meses por año, no obstante los grandes observadores notaban disparidad en los ciclos naturales. Así nace el calendario juliano y luego el gregoriano, al que se decidió agregar en 1582 un día más a manera de compensación por las 6 horas que sobraban cada vez que la Tierra giraba alrededor del Sol.

Una vez legalizado el 29 de febrero como día terrenal comenzaron a suceder cosas en torno a él. Se dice que la probabilidad de nacer ese día es de una entre 1.461.

Ciudad Ccs/Luis Martín