Una protesta marchita la plaza Juan Pedro López

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Los árboles de la plaza Juan Pedro López, un espacio público ubicado en el centro histórico de la ciudad, entre las esquinas de Salas, Altagracia, Mijares y Las Mercedes en la parroquia Altagracia, mueren de inanición. Con el paso del tiempo, las hojas de las plantas que fueron sembradas estratégicamente al centro de las banquetas, con el fin de apaciguar la resolana de quienes se sentaran debajo de ellas, se fueron poniendo de color ocre.

En realidad, quien transita por ese lugar no sabe, a ciencia cierta, si el estado de resequedad que azota a las maticas es consecuencia de la entrada de la temporada de verano o si, por el contrario, es el reflejo del mal uso que se ha dado al lugar en los últimos cinco años. Lo que eran jardineras verdes y frescas, ahora huelen a orín y heces fecales, lo que hace imposible que alguien en su sano juicio se detenga un rato en el lugar.

El origen de todos los males

Desde hace tres años, a la plaza Juan Pedro López, cuyos cuidados estaban a cargo del Banco Central de Venezuela (BCV), que incluso desplegaba allí a lo largo de toda la semana, una gran cartelera de espectáculos urbanos para el disfrute del público caraqueño de todas las edades, llegó un grupo de trabajadores de la contratista Exxon Mobil, que prestaba sus servicios a Pdvsa.

Cuando la transnacional fue nacionalizada, los obreros fueron despedidos y se quedaron sin sus prestaciones sociales. Unas 500 personas afectadas se vinieron a la capital desde el oriente del país a reclamar a Miraflores y a la Vicepresidencia, como si el Estado fuera el responsable de la deuda dejada por la empresa gringa.

Luego de cierto tiempo, huelga de hambre de por medio, el Ejecutivo escuchó la queja de los extrabajadores y se comprometió a buscarle una solución al caso. Mientras tanto, los afectados pernoctan en la plaza en colchonetas y camas de cartón y hasta en el mismo piso de un ala del lugar que posee techo. La situación de estos venezolanos es deplorable.

La imagen no es nada alentadora, pues es parecida a la de un campo de concentración. En el lugar hay niños, mujeres, jóvenes y ancianos, que parecieran estar enfermos, a juzgar por la forma como reposan en sus rudimentarias camas o colchonetas. En los alrededores preparan la comida o “algunos amigos caritativos” se la elaboran en sus casas de los alrededores y se las traen o se las hacen llegar hasta ese lugar.

En una especie de simbiosis letal, en el ala este del céntrico lugar convive con los manifestantes un grupo de indigentes, quienes armaron carpas rudimentarias en torno a las mesitas y bancas, que en el pasado no muy lejano estuvieron destinadas a los visitantes. Arrojan sus desperdicios y hacen sus necesidades en las jardineras.

En el medio del lugar está situada una caseta de vigilancia, en la cual convergen cinco robustos gendarmes que llevan armas de fuego al cinto. Un manso perro pitbull blanco como la nieve que los acompaña brilla como el oro sobre el curtido piso negro y gris.
Frente a la plaza Juan Pedro López hay una más pequeña que tiene un busto del prócer cubano José Martí, en la cual un piquete de la Guardia Nacional Bolivariana monta guardia celosamente a los trabajadores en huelga. En el lugar también se pueden observar varios agentes de la División de Orden Público de la PNB.

Voces del Pueblo

Ligia Elena Blanco
Vecina de la parroquia Sucre

La solución del problema de este espacio pasa por resolver el de los trabajadores que allí se encuentran en protesta. Hay que pagarle para que desocupen, limpiar, acondicionar y adecentar todo el lugar. Finalmente, el presidente del BCV debería darle nuevamente el uso que corresponde a este espacio público.

Marta Blanco
Vecina de la parroquia Altagracia

Yo creo que a esos trabajadores en huelga no les gusta estar allí, a nadie le gustaría estar en esa situación. Ellos necesitan el dinero de sus prestaciones y por eso han llegado a ocupar la plaza y por eso hay que pagarles sus prestaciones y luego pensar en la plaza. Este lugar era un gran sitio para el esparcimiento.

Ciudad ccs/Juan Ramón Lugo