“La equidad real entre mujeres y hombres es una deuda social histórica”

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Desmontar todos los esquemas y estructuras mentales impuestas por el sistema patriarcal que han normalizado el androcentrismo durante toda la historia que conocemos de la humanidad y que ha sido escrita básicamente por hombres obviando injustamente el papel también protagónico de las mujeres en todos los tiempos, fue la observación compartida de varios de los asistentes, de ambos sexos, al conversatorio: Cuentos de feminismo: corriente ’80, conducido de manera cercana, amena y franca por Mercedes Chacín, presidenta de la Fundación para la comunicación popular CCS, y directora además de semanario Ciudad CCS, realizado este martes 3 de marzo, en el lobby del Teatro Municipal de Caracas, enmarcado en el tercer  Encuentro de Creadoras: Mujeres en Escena, quienes este año rinden homenaje a la cantante revolucionaria Solimar Cadenas, fallecida el 18 de diciembre de 2009.

Los cuentos, narrados con un tono más bien anecdótico por Chacín, no solo se ubican en los años 80, en remembranza de su militancia política que la acercó al feminismo viviendo en carne propia la desigualdad en voz, participación y voto con sus camaradas y compañeros de lucha en el movimiento ‘80, pese a haber sido secretaria de la Federación de Centros de  Estudiantes (FCU) en la UCV. Sino también de anécdotas sucedidos en la actualidad.

Vea también la revista Épale 361 http://epaleccs.info/creadoras-mujeres-en-escena/

El origen de la cita

Jericó Montilla me dijo “debes participar en esta escena, de mujeres creadoras”.  Tuvo que mandarme un mensaje de voz larguísimo para explicarme cómo encajaba en este evento lleno de talentosas mujeres cultoras, declamadoras, poetisas ardorosas y sentimentales, cantantes que registran todas las tesituras, que bailan todos los ritmos, que actúan con o sin dirección y que desde el domingo nos remueven las emociones con su arte.

Pensé en varias cosas para llamar su atención, la atención del público que veo ahora presente. Pensé hasta en un stand up, en disfrazarme y hasta en convertirlo en rap para que se entretengan, pero me salió en prosa.  Son cuentos de mi vida, de periodismo, política y feminismo. Casi lo mismo.

A continuación el texto completo de Mercedes Chacín, leído en el encuentro:

Escena uno

El origen de todo

Desde chama supe qué carrera iba a estudiar. No sabía si me gustaba Ingeniería pero estaba segura de que ese era “mi futuro”. El hecho de que desde niña leyera lo que me caía en las manos no me dio una pista. Leí desde novelas de amor rosa hasta las novelitas vaqueras que mi abuelita Carmen Ramona le regalaba a papá todas las semanas. Las novelas rosas, eran rosas, ahí lo más fuerte era el lagrimero y el sufrimiento. Pero las vaqueras, dirigidas a públicos machos eran más calientitas o subidas de tono. Y también me gustaban porque el más buenote y fuerte era el que ganaba. Si eres fuerte triunfas, si eres débil lloras. Lectura para ellos y para ellas. Mi papá me vio medio raro cuando a los 10 años le pedí una novelita vaquera viéndolo a los ojos y me quedé pegada con el género.

Escena dos

Pero volviendo al origen de todo

Por la prensa supe, por allá en los 80, de un movimiento de base estudiantil que se alzó contra un decano autoritario y la curiosidad alcanzó para colocar en todas las opciones Ingeniería. Llegué a la UCV en 1982, porque una vez graduada de bachiller, en agosto de 1981, empecé a estudiar en un instituto universitario, de la mano de mi hermano Pedro quien fue el primero que me habló de feminismo, cuando me explicó siendo una carajita, que como mujer no estaba obligada a plancharle la ropa a mis hermanos ni a mi papá ni a ningún hombre. Pero como el machismo no se trataba en 1980 de hermanos dando órdenes y menos si era Pedro explicando una acción liberadora, la planchaba sin que él me viera, porque si no la planchaba yo, la iba a planchar mi mamá y si yo era más joven ¿por qué no hacerlo yo? Menudo peo para una niña de ocho o diez años en Altagracia de Orituco. No conocía por entonces la palabra desaprender y que se podía desaprender con dignidad.

Así pues más adelante, en 1982, estudié Ingeniería. Me coletearon feo y, otra vez Pedro (siempre Pedro) me hizo una pregunta: ¿si te gusta leer y escribir cómo es que no estudias Periodismo? Y terminé estudiando Periodismo en 1983. Ni en Ingeniería ni en Comunicación Social logré ocupar puestos políticos de importancia, aunque hice bastante eso que llaman “trabajo político”. El más alto cargo que tuve fue el de secretaria de la Federación de Centros Universitarios de la UCV, con una bolsa de trabajo, lo cual me sirvió para varios sustos en mi futuro universitario. La vida se encargó de mostrar qué tan buena soy en eso de comunicar. Los volantes, las cartas, los manifiestos, cualquier vaina podía ser escrita por muchos (y siempre corregido) por la ingeniera frustrada devenida en “compañera útil” para algunas cosas. También tenía miedo escénico y montarme en una gaverita no era mi fuerte. ¿Que si el hecho de ser mujer fue un obstáculo para ser periodista y dirigente estudiantil? Ya iremos respondiendo o evadiendo preguntas, que no estoy aquí para contar toda la verdad sobre mi vida, sino una partecita.

Escena tres

¿Fue fácil intentar ser hombre?

Sí fue fácil. Como no tenía ínfulas de Barbie (ni por tamaño ni por contextura) fue sencillo unirme a la manada masculina con la compañía de las pocas que andábamos en la misma onda. Requisitos: conformarme con un maquillaje discreto, con sentarme con las piernas abiertas, con usar casi 99% del tiempo zapatos deportivos, botas y zuecos, con usar pocos vestidos, con decir groserías como mi mamá, fumar, beber cervezas por bidones, jugar dominó, con el truco nunca pude ya eso era demasiado, ir al Estadio Universitario, aprender de deportes (aunque ya traía ese mal de la infancia), de casi cualquier deporte y destacarme pues, destacarme.  ¿Tan malo no es, no? ¿Y cuál era la utilidad de hacer eso? Aún hoy me lo cuestiono sin sufrir. Porque la verdad es que la vida de los compañeros es divertida. Una vez uno me dijo: eres mi amigo con tetas. Y yo morí de orgullo porque no tenía un plan para inocular a los camaradas el gen de la equidad. Y ese comentario debió molestarme. No había desaprendido nada.

Lo cierto es que no me gustaba el papel de la débil en esa obra de teatro juvenil. Las camaradas vestidas de mujeres, con las piernas cruzadas de una forma que siempre me ha parecido incómoda y el cabello “secado con pistola” eran menos oídas, menos escuchadas y participaban menos. O les veían el culo o les veían las tetas. Creo que por eso los hombres dicen que no pueden hacer dos cosas a la vez. Bucear y escuchar, bucear y escuchar. ¡Es tan fácil! Pero no para ellos. Había que mimetizarse. No había otra.

Evitaba el papel de damisela asustada todo el tiempo, salvo cuando se tratara de una cucaracha voladora. Ahí tampoco desaprendí un coño. Sufro cuando no me pinto las uñas, espero hoy tenerlas pintaditas, y no me permito unas canas de más de dos centímetros. El carmín en mis labios es una obligación patria. Con todo ese aparente cuido de las “formas”  fui haciendo lo que tenía que hacer, lo que pude hacer y lo que me tocó hacer.

Escena cuatro

Machismo leninismo del siglo XXI

Pero no se trataba solo de Mercedes Chacín. El “machismo leninismo” mandó fuertemente (en todos los partidos y movimientos de base) en los cinco o seis años que estuve en la militancia política en la UCV, a juzgar por el porcentaje de participación de la mujer que era bajísimo. Recuerdo con dificultad algunos pocos nombres de compañeras electas integrantes de los centros de estudiantes de las 42 escuelas de la Universidad Central de Venezuela. De un universo de 50 mil inscritas e inscritos.  En cambio los nombres de compañeros se cuentan por decenas y hasta centenas.

Nos ha tocado varias veces comprobar lo vigente que está el patriarcado en el ámbito profesional y político en Venezuela, pero cuando no se tiene idea que es eso de la equidad de género se dicen cosas tan locas como que el feminismo es lo mismo que el machismo. No tengo la fórmula para avanzar más rápido en aquello de buscar la igualdad. Por experiencia creo que los estereotipos siguen vigentes. Y que la violencia contra la mujer no cesa. Me sigo sintiendo cómoda al no usar zapatos de tacones altos, me siguen gustando los deportes, la cervezas, las novelas de vaqueros, ir al Universitario, ir ligera de maquillaje, pintarme las uñas y taparme la canas. Y también me gusta desaprender y bucear. Pero con lo que no pude fue con el truco. Demasiado. De eso se trata. Desaprender Sigamos.

Conozca el trabajo creativo que se tiene pensado por todas estas maravillosas cultoras para este Encuentro de Mujeres Creadoras que tendrá lugar en Caracas, hasta el próximo domingo 8 de marzo.  Vea el programa de VTV https://youtu.be/e_eEeYA5Hz8

Ciudad CCS / Fotos: Américo Morillo