Chirinos

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El otro de la cuerdita es Chirinos, seudónimo de artista, en realidad José Ramón Silva Chirinos, nombre que descubro hoy, y confieso que lo desconocería, porque al que conozco yo es al novelista, dramaturgo y jodedor, César Chirinos. O como reseñaba el joven poeta José Javier Sánchez: “…La voz de los despojados de alma escritural. Es la voz de los ebrios, de los marchantes, los buhoneros, camioneros, boxeadores, prostitutas, cocineros, taxistas, amas de casa, fumadores, anarquistas, perversos, sacrílegos, beatos. De los olvidados”.

Cuando murió papá, a finales de los 70 –contaba yo cuando me correspondió presentarlo en la Filven–, me tocó vivir una época muy singular, yo, un poeta ultroso que se la pasaba entre la Escuela de Letras y Sabana Grande, terminé ganadero forzado por ocho meses, hasta que quebré la hacienda Los Colorados. Por esos días, Queipo me presentó a Chirinos, quien para mi sorpresa, y a pesar de no aparecer en ningún compendio de literatura venezolana, se mandaba unos textos vanguardistas y aguardentosos que me hacían sentir el orgullo de tener un amigo de personalidad literaria muy propia. Por esos tiempos me paraba en la madrugada para ir al Colorado. Al regresar a Maracaibo de mis labores del campo, me iba derechito a su casa, por entonces en Santa Lucía, y era el propio confidente de mis cuitas amorosas, y mejor compinche en materia de delincuencia literaria.

Ya mudado lo jodía diciéndole “el James Joyce de la Pomona”, y luego me sorprendió Harry Almela citando a un amigo suyo que decía que su novela De las mías de mío Caribe no pasa de ser una tamborera joyciana. Más allá de la buena o mala intención del comentario, sí coincido en lo de tamborera pero de chimbangueles, los tambores de San Benito entreverados con la palabra maracucha “sinfineada” que es la gran protagonista de sus novelas y los actores (traje de etiqueta dixit) son marionetas manejadas al antojo del escritor más jodedor del mundo. Jajaja.

Humberto Márquez