Caribes del Orinoco: la etnia nación

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Al igual que en la costa centrooriental de Venezuela, los caribes del Orinoco mantuvieron desde 1630 hasta 1740 una larga guerra de resistencia contra la dominación española para defender y preservar su dominio territorial, comandados, entre otros, por jefes guerreros como Quírawera, Tarícura y Yaguaría.

La llamada Gran Rebelión Caribe en la región Aro-Caura-Cuchivero, comandada por el jefe Yaguaría, ocurrida en 1730, representó el último esfuerzo de dicha etnia para conservar, con el apoyo de los holandeses y franceses, la hegemonía política que habían podido consolidar en el Orinoco entre los siglos 9 y 15 de la era cristiana.

La información derivada del estudio de los sitios arqueológicos caribes de los siglos XVI, XVII y XVIII en el Bajo Orinoco indica que la hegemonía política de los caribes no era exclusivamente el producto del sojuzgamiento de los otros pueblos indígenas de la región. Una de las causas principales de su predominio en dicha zona parece haber sido lo numeroso de su población.

Según los resultados de nuestras investigaciones arqueológicas, los poblados caribes más grandes del Bajo Caroní llegaron a tener una extensión de varias hectáreas. En Cachamay, la población estaba organizada en diversos conjuntos de viviendas, cada uno compuesto por tres o cuatro grandes bohíos colectivos. Un cálculo aproximado nos permitiría suponer para cada conjunto una población de 90 a 120 personas y una estimación aproximada de 600 a 700 habitantes por pueblo. Para el siglo XVI, la población caribe, solo para el bajo Caroní, podría ser estimada aproximadamente entre 4 mil y 5 mil personas.

Entre 1000 y 1600 años de la era, hallamos una cadena continua de asentamientos caribes sobre la margen izquierda del Bajo Orinoco. No todos ellos tenían, sin embargo, las mismas dimensiones de los poblados del Bajo Caroní, fluctuando entre aldeas integradas por una sola casa comunal y, en ocasiones, hasta cuatro o cinco viviendas de características similares. El poblado más extenso del Bajo Orinoco era el de Barrancas o Huyaparí, integrado a su vez por numerosas aldeas relacionadas entre sí donde convivían poblaciones caribes y arawak caribizadas. Las observaciones de los cronistas del siglo XVI indican un estimado de 400 viviendas para aquel poblado, es decir, unos 12 mil a 15 mil habitantes en total: una pequeña ciudad originaria.

Los pueblos caribes se distinguieron como excelentes fabricantes de canoas monoxilas que podían albergar hasta 50 remeros. En esas embarcaciones eran expertos navegantes de altamar, capaces de moverse entre la cadenas de islas sembradas en el Mar de los Caribes y las tierras continentales.

Las poblaciones caribes no eran solamente más numerosas, sino también parecen haber estado integradas por buenos negociantes que se desplazaban en sus grandes curiaras a lo largo del Orinoco e incluso hasta Paria y las actuales Guyana, Demerara y Cayena, transportando y distribuyendo mercancías de distinto género. Una actividad tal necesitaba contar con poblaciones amigas a lo largo de sus rutas de intercambio, cosa que lograban manteniendo nexos de parentesco consanguíneo con todas las otras comunidades y etnias caribe o arawak de los territorios bajo su control. En esta relación jugaba un papel importante el intercambio de mujeres por matrimonio entre las diversas etnias, ya que ellas representaban y representan el elemento esencial para la reproducción de la ideología y la cultura, la lengua, los conocimientos técnicos y la forma de propiedad.

Misiones capuchinas catalanas
Y la reducción de los pueblos caribes

La guerra de conquista llevada a cabo por los españoles en la región centrooriental del país, poblada principalmente por pueblos de la etnia-nación caribe, duró dos siglos y medio hasta que, en el siglo XVIII, una parte importante de la misma aceptó acogerse, de buen o mal grado, al sistema misional. Las misiones capuchinas catalanas de Guayana se fortalecieron fundamentalmente con el aporte humano y cultural caribe, creando un proyecto político y económico que combinaba las ideas humanistas del Padre Las Casas con la modernidad capitalista del siglo XVIII: agricultura y ganadería intensivas, transformación artesanal de las materias primas, minería del oro y el hierro, grandes hornos para la producción de alfarería refractaria, talleres de metalurgia para la producción de herramientas y un importante comercio de exportación hacia las Antillas y posiblemente Europa.

Un reducido número de frailes capuchinos actuaba como gerente de los diferentes poblados que conformaban el sistema misional, pero fueron los indios caribes quienes formaron la masa crítica de supervisores y trabajadores que dio sustento a dicho proyecto. Gracias al enorme capital mercantil acumulado por las misiones en sus almacenes, los grandes rebaños de vacunos, mulas, caballos y sobre todo su importante fuerza de trabajo caribe formada en la ideología del trabajo moderno, como la Segunda República, pudo establecerse en Guayana y luchar hasta la consagración de nuestra Independencia en 1821.

Iraida Vargas
Cronista de Caracas