El primer carro en Caracas

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Historias de nuestra gente

Cuando el señor Lucio Paul Morand condujo por las escasas rúas caraqueñas aquel Packard Levassor que el presidente Cipriano Castro le regaló a su esposa doña Zoila, a un costo de 12 mil francos, estaba marcando un antes y un después, por ser el debut de carro alguno en Caracas. Eso fue el 10 de marzo de 1904.

Imposible que ese humilde chofer sospechara que un siglo y 15 años más tarde aquel vehículo, en su evolución o involución (según se vea), iba a degenerar en un parque automotor cercano a los 5 millones de vehículos con diversas subespecies, incluyendo las populares perreras, híbridos improvisados para paliar la escasez de transporte público como signo y consecuencia de la crisis (inducida o no, pero crisis) que afectó a la mil millonaria industria automotriz: producción, ensamble, importación de vehículos y también se ocupa de sus repuestos.

Aunque hay otra versión sobre el origen de los automóviles en el país, y específicamente en Caracas, que sitúa el primer carro 11 días después del citado prototipo francés, según refiere el diario capitalino El Monitor, que fue un Cadillac B, propiedad del doctor Isaac Capriles, quien lo trajo con una inversión de 810 dólares. Lo cierto es que marzo figura como el mes de iniciación de la actividad que hoy tiene toda una historia.

Registran los archivos que al año siguiente había en Caracas cinco carros y uno adicional en Barquisimeto, suficientes para esa Venezuela intransitada, porque no fue sino hasta 1910 cuando Juan Vicente Gómez, de la mano de su Ministerio de Obras Públicas, ordenó la construcción de carreteras y vías en todo el país.

Un año más tarde, el empresario William H. Phellps en compañía de Edgar Anzola, motorizó la importación de automóviles, entre ellos los famosos y más económicos Ford, que comenzaron a llegar por el puerto de La Guaira.

Eran días de un lento crecimiento y un comportamiento timorato de la incipiente población, que se mostraba renuente al cambio de su montura (caballo, mula o burros), por vehículos automotores, porque ese avance representaba el encuentro con lo desconocido, con lo diabólico, con lo maligno.

Así lo reseñó el editorial del diario El Universal, de 1913, en el que se hace mención del primer choque de carros en Caracas en la muy céntrica esquina de Gradillas. Según la nota, los choferes Gustavo Zingg (relacionado con los propietarios del actual pasaje de ese nombre) y un alemán relacionado con la Casa Blohm, por conducir rápidos y furiosos, a una excesiva velocidad.