Marzo es un mes musical

0

Afirmar que marzo es el mes musical venezolano puede lucir osado, pero hay una serie de sucesos que avalan la premisa. Así como se dice que Lara es el estado musical de Venezuela, es una verdad que marzo es génesis de celebraciones y conmemoraciones en torno a la música que nos representa, que nos ha dado a conocer, que nos identifica y realza nuestras costumbres y folclor.

Y Caracas está en el centro de la atención, porque en ella nacieron y murieron grandes de la música, no solo clásica y formal, sino tradicional, además de que la capital sirvió como escenario para estrenos de piezas y obras musicales que trascendieron en la historia nacional.

Además, fue en marzo cuando se oficializó el joropo como patrimonio cultural… Hagamos un recorrido histórico para confirmar lo expuesto.

Intentos de formalidades

Historiógrafos dedicados al estudio de la música ubican su origen formal en Venezuela hacia la segunda mitad del siglo XVII, con los primeros métodos de enseñanza rítmica desde las aulas del colegio del Seminario Santa Rosa de Lima, fundado en octubre de 1673 por el obispo fray Antonio González de Acuña. Eso es lo formal, y como todo en la época, monopolizado por el poder eclesiástico; a pesar de que ya había una serie de manifestaciones y tradiciones añejas que llevaban la música como vehículo vinculante para transitar la historia.

Es en 1920 cuando se pretende una reconsideración histórica con respecto al proceso musical en el país, denominado nacionalismo musical venezolano, que se basó en el realce de la identidad nacional, en el combate de sensaciones de inferioridad nacional, y para valorar el esfuerzo de tres grandes músicos de esos días, como fueron los caraqueños Juan Bautista Plaza (19 de junio de 1898) y José Antonio Calcaño (precisamente de marzo 23 de 1900), además del guatireño don Vicente Emilio Sojo (8 de diciembre de 1887).

Gloria al Bravo Pueblo

Un verdadero “marzista” (si existiera el término), por nacer y morir en marzo, fue don Juan José Landaeta Arévalo, autor de la música de nuestro canto épico anti-opresor Gloria al Bravo Pueblo, la canción que se hizo himno nacional por decreto de Antonio Guzmán Blanco en 1881.

La letra, de Vicente Salias, canta la sublevación de un pueblo obstinado de la opresión imperial española y es una instigación a la hidalguía y la voluntad de un país todo que, a costa de lo que sea, lucha y logra su libertad, siguiendo el ejemplo que Caracas dio.

Landaeta nació y murió (tras el terremoto) en la capital venezolana el 10 de marzo de 1780 y el 26 de marzo de 1812, respectivamente. (Hay otra versión no confirmada acerca de su muerte: ejecutado por José Tomás Boves el 10 de diciembre de 1814).

De cortísima vida, pero de prolija aportación por su inspiración liberadora, mostrada siempre desde sus tendencias musicales y sus ritmos alegóricos a la rebeldía, este hijo de pardos había mostrado mucha empatía con el movimiento independentista.

Alma Llanera y caraqueña

Nadie pudo haber sospechado, ni siquiera sus autores Pedro Elías Gutiérrez y Rafael Bolívar Coronado, que su zarzuela Alma Llanera, estrenada en el Teatro Caracas el 19 de septiembre de 1914, formaría parte de la identidad nacional, tanto que, después de varios arreglos, se considerara el segundo himno.

Bolívar Coronado, en su condición de periodista y compositor, nacido el 6 de junio de 1884 en Villa de Cura, pero formado desde niño en la intelectualidad caraqueña, junto a Pedro Elías Gutiérrez, nacido en Caracas el 14 de marzo de 1870, dieron vida a tan popular y pegajosa composición.

Gutiérrez fue de gran aportación para el desarrollo de la actividad musical nacional con obras como Sinfonía, que abrió las puertas del Teatro Municipal de Caracas.

Estudió en la academia musical de Bellas Artes, actual escuela de música José Ángel Lamas. Además de zarzuelas dominó los valses y la ejecución de varios instrumentos que conoció de manera autodidacta.

Inició en la Banda Marcial del extinto Distrito Federal (actual Banda Marcial Caracas) de la que fue su director por casi 40 años desde 1909.

La Onda Nueva

Uno que no nació en Caracas, pero sí desarrolló todo su potencial musical, incluso de exportación, en la sultana del Ávila desde que tenía 14 años de edad, fue Aldemaro Romero, quien vio luz el 12 de marzo de 1928 en Valencia.

Como muestra de agradecimiento hacia la tierra que le permitió desarrollarse y cultivarse, logra su primera producción de antología y de huella histórica, culminada ocho años más tarde, y la bautiza Dinner in Caracas, un LP auspiciado por la RCA de Nueva York.

Posteriormente, junto a la magia del percusionista El Pavo Frank, Romero entremezcla con una especie de joropo caraqueñizado o modernizado, con tiempos más veloces que dan vida a una rica fusión, la Onda Nueva, con la que inmortalizó su país y su obra, que fue más allá de la ejecución del piano.

Ciudad Ccs/Luis Martín