Coronados

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Ahora sí hay globalización. No hubo fronteras para el virus pero sí hay fronteras para los inmigrantes negros y pobres que buscan llegar a las costas de países de un “primer mundo” ahogado en su propia mierda. Imaginen. Palpen cómo desaparecen fronteras para las guerras. Para acabar con millones de pobres que pueblan la tierra de “miserias”. Guerras para acabar con los que sobran. Los poderosos en bienes materiales siempre tienen su lugarcito, ya sea en la tierra o en la luna. O en la tierra como en el cielo.

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Surgió hasta un nuevo término para la pobreza: aporofobia; surgieron nuevas formas de guerra, guerras aparentemente invisibles e ingenuas. Nadie tiene la culpa y se hacen de lado las ideologías pero surgen las imposiciones de los hegemones. No hay ninguna intencionalidad. Pero la información, que también es propaganda de guerra, nos habla de una movilización de 20 mil soldados de EEUU en Europa. Es decir, se está planificando, tras la cortina de la pandemia mundial, la guerra convencional. Ya lo dice Putin en un video difundido a través de las redes sociales, en un discurso ante un desfile del ejército ruso, en el cual denunció el “diabólico” plan de diezmar parte de la población mundial. Ya lo dijo la directora del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde: “Los ancianos viven demasiado y eso es un riesgo para la economía global. Tenemos que hacer algo, ¡y ya!”. Llegar hasta estos extremos sorprende y resulta increíble para el grueso de la población mundial. Definitivamente, esta vaina es apocalíptica. Dicen.

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Solo que cuando el mal planifica, el cuero se le levanta y, como decía el gran líder mundial de los oprimidos, Hugo Chávez, “por más que se tongoneen, siempre se les ve el bojote”. Chávez es el responsable de haber alzado a muchos pueblos, y eso no está permitido. Surge el asesinato. La historia oculta detrás del poder hegemónico.  El hegemón nos silencia. Atacaron China, primero. Luego será Rusia. Y después seremos nosotros, los venezolanos, que tenemos la esencia de la vida y del amor en nuestra sangre. Y aunque se derrame esa sangre, quedará siempre viva, en pruebas de “luminol”

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Estamos llenos de virus y el anticristo llegará con Trump. Es una lectura de la pandemia. Es la lectura del cáncer que mata a nuestros seres queridos. Es el ritmo enloquecedor de nuestro tiempo. Y, de repente, nos detenemos de coñazo. ¡A su casa todo el mundo, no joda! Nunca supiste del tesoro que encierran nuestras casas, los hogares como sitios sagrados para guardar nuestros principios, nuestros amores, nuestras lealtades, nuestras amigas y nuestros amigos. Allí está el verdadero templo, no en las iglesias, que son como santos que tienen boca y no hablan. Hoy tienes la oportunidad para escribir (algunos); para educar a los niños en principios y en ética, en la lectura, que es el alimento del alma, otros; y aquellos tendrán tiempo para verse desnudos y llorar, esos fueron los que no creyeron en el proyecto, lo dejaron y se dieron por vencidos. Lloren y expiarán culpas, griten y se les limpiará el alma… se les llenará el corazón de nuestro amor. ¿Se acuerdan de la canción de Silvio? Te molesta mi amor. Pues ese amor será emancipado y se revelará a ustedes.  Escuálidos de corazón, y faltos de fe en lo que no se ve. Como el amor. Pero que se siente.

Allí, encerrados en ese templo, volveremos al pasado de nuestros ancestros, aquellos “indios” e “indias” que  fueron empalados por los españoles. Volveremos a curar con yerbas. Volveremos a nombrar las cosas con poemas, como dice Pereira en “Salvajes”; volveremos a ser libertadores, esta vez no de cinco naciones sino del mundo entero, volveremos al fuego de las brasas, solo leña y piedras. Sabremos del lomo de caballos blancos. Imagina ver a Bolívar y haberlo conocido en persona.  Volveremos a vivir aquellos tiempos. Para ver a Bolívar, para admirarlo, para amarlo como se ama a un hombre que es héroe en su fogaje. Nada más, no quiero nada más con tal de ver el cielo lleno de estrellas, con tal de ver los árboles guardando el silencio del sonido en la selva. Con tal de volver a nuestra selva, a Canaima, a Gran Sabana, arrodillarme a los pies del “Salto Angel” y agradecer a la Pachamama. Ver la grandeza del territorio más antiguo del planeta.  Ver tepuyes y orquídeas en miniatura.

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Los sabios son los viejos y los quieren aniquilar. Ellos tienen los principios y valores. Tienen a nuestros niños mientras vamos a la esclavitud, perdón, quise decir al trabajo… Esos viejos son los chamanes de nuestro tiempo y de nuestro pueblo. Ellos y ellas son los que saben curarnos. Se quieren llevar su sabiduría… ellos son la población más vulnerable de la pandemia. Se quieren llevar a nuestras madres antes de tiempo. Ellas no van a morir cuando ustedes digan, vía Covid-19. Ellas se irán cuando Dios se las lleve, no cuando lo determine un laboratorio del mal. Ellas son las abuelas que reclaman a sus nietos en Plaza de Mayo… Volveremos a danzar nuestros bailes y no los de ellos. Volverá la obra Diabólicos, el miedo, de José Alberto Castro, esa es la obra teatral y callejera de un mendigo, de un ser en situación de calle que fue arrollado por un auto. O empujado al abismo. Como Chávez. Para matarlos en su aspecto material, mas no espiritual. No se matan las alegrías.

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Pero cuando volvía la piedra Kueka, nuestra abuela Kueka, desataron la pandemia, lanzaron el virus. Para que no llegara, pero llegará. Viene en camino. Y salió de Alemania, que es lo importante, la tierra de judíos y de nazis. De los xenófobos skinhead. De esos seres luciferinos que solo vienen, por gula, a llevarse nuestra comida. Como los yanquis.  Por eso están hundidos  y seguirán hundidos en la mierda. El amor siempre debe triunfar, no joda. Para que hablemos en términos de guerra, aunque la verdad es que somos seres de amor.

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Y la abuela Kueka se sumerge en el tiempo mientras llega a su sitio sin peligro. Tiene que estar suspendida, porque soltaron el virus.

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Y vinieron los cubanos, los alzados, los más alzados, porque vino el del Interferon y su combo, a llenar de música estos lados, y para adelantarse a la celebración.  Ellos nos apoyan con su experiencia de 60 años bajo asedio. Y vienen con la cura en el alma. Parece que son los chamanes  del  Karibe, dicen porai.  Y entre esos chamanes están Bolívar y Chávez, entre otros.

Como cierra mi primo Humberto Márquez: jajaja.

Teresa Ovalles Márquez