Caupolicán

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Honorio Rafael Caupolicán Ovalles Colmenares, nuestro querido Caupo, me haló las patas anoche porque no lo metí en la nota de Gustavo Pereira, quien debe andar molesto conmigo por echarle la tronco de vaina de decir que es el mejor poeta de este país, así lo sea, jajaja. Pero de pana que no me perdono haber olvidado al Caupo, por lo que justifico el templón de mi dedo gordo, anoche en mi grato sueño. De paso, vale decir que también olvidé meter a Palomares, a mis amigos Benito y Hermes y hasta a Tito, jajaja. Por eso vuelvo y digo, estas notas no son de literatura, aunque sus personajes lo desmientan.

El sueño siguió con recuerdos de nuestro adorable pana, de nuestros encuentros en el apartamento del Catire D´Jesús o aquí. Buscando cuentos no contados, me vi -no sé por qué- citado a las 7 de la madrugada en la Asociación de Escritores que había tomado por asalto, porque eso sí, él se rascaba temprano para poder beber con el alba, jajaja. A esa hora me sirvió un delicioso ron en una tacita de café. Creo que fue por los tiempos de la presentación de la novela Bolero de Lisandro Otero, que nunca llegó por retraso del avión cubano, ni tampoco Caupo, que esa noche se escondió por un lío de faldas.

Los cuentos con Caupolicán son interminables, pero dos más y ya. El uno, de una noche que andaba perdido parrandeando, y cuando llegó a las 5 de la mañana, antes de que Josefa le preguntara nada, le dijo que andaba con el poeta Montilla que hablaba mucho: “Tú sabes cómo es él”, y ella le dijo que el poeta lo había esperado en la casa hasta la 1 de la madrugada. “¡Ah no, Josefa, ese es mi cuento y yo no lo voy a cambiar”. Jajaja. El otro fue con el poeta Acevedo, pero como estas líneas se están acabando, lo contaré en la próxima porque me percato de que también faltó Eduardito, como le decía Caupo, y una bella amiga me acaba de enviar una foto con ella en La Cibeles, y se acaba de ganar la próxima columna. Jajaja.