Pandemias: el coronavirus y la crisis global del capitalismo neoliberal

0

Una nueva enfermedad viral, la COVID-19. El coronavirus ha venido a turbar la tranquilidad de la Humanidad. Al parecer se originó en la ciudad china de Wuhan, provincia de Hubei y se expandió o se está expandiendo al resto del mundo con una gran velocidad. Diversas enfermedades similares han aparecido en la historia de la sociedad europea y la asiática, una vez que culminó el período prehistórico o paleolítico, caracterizado por la presencia de formaciones sociales de bandas humanas grupos que basaban su subsistencia en la caza y la recolección y se inicia el neolítico. Esta última formación social tiene como característica fundamental el desarrollo, hace 10.000 años, de la agricultura como sustento de la economía, la aparición de las ciudades y de las sociedades urbanas, lo cual llevaba implícita la aglomeración y concentración de grandes grupos humanos en espacios reducidos, aumentando el contacto directo entre las personas que las habitaban.

La aparición de las primeras ciudades se relaciona también con la de los Estados y las sociedades divididas en clases sociales y profundos cambios en el diseño de los espacios sociales, pasando de las someras viviendas temporales a la construcción de viviendas estables, así como edificios tales como palacios, templos y castillos que son indicadores de las jerarquías que caracterizan a las sociedades clasistas. Estos cambios también implicaron el uso de nuevas técnicas y materiales para fabricar las viviendas, particularmente la utilización de la piedra, el adobe, el ladrillo y la argamasa.

La vida sedentaria urbana no solamente propició la domesticación de animales como los vacunos, los caballos, las cabras, las aves, etc., sino también de una fauna no deseada como las ratas, las pulgas y los piojos que pasaron a formar parte de la vida doméstica de los humanos. Estos animales trajeron consigo la semilla de una serie de enfermedades fatales como la peste bubónica, el tifus, el cólera, entre otras que habrían de constituir causas de mortalidad grave en las poblaciones europeas y asiáticas. La vida urbana trajo consigo, a finales de la Edad Media, el desarrollo de nuevas enfermedades de origen tanto viral como bacteriano, donde destacaban la peste bubónica, la viruela y el sarampión que provoca en los humanos una inflamación del tejido pulmonar y de las meninges, ocasionando el inicio de una era de grandes estragos en la salud de las poblaciones urbanas del Viejo Mundo.

Los viajes de Cristóbal Colón y la conquista de América por parte de los invasores españoles, nos trajeron la simiente del naciente capitalismo que se produjo en este período signado por la presencia crónica entre ellos de las enfermedades infectocontagiosas mencionadas. Una de las armas “bacteriológicas” más eficaces de aquellos invasores fue la viruela, cuyo contagio hacia las poblaciones amerindias originarias provocó la muerte de millones de indígenas que no tenían defensa contra aquella enfermedad.

La conquista de Tenochtitlan por Cortéz en 1520, capital del imperio azteca, fue facilitada en buena parte por la trasmisión de la viruela a las poblaciones mexicas, logrando así eliminar a millones de personas que conformaban la población originaria del valle de México. A su vez, los amerindios, según nuestros científicos, “obsequiaron” al invasor el bacilo de la sífilis. En el caso venezolano, los aborígenes de origen caquetío que habitaban el valle de Quíbor, Estado Lara hacia el año 200 de la era cristiana, transmitieron al invasor europeo la mucopolisacaridosis, una enfermedad degenerativa que habríamos de encontrar posteriormente entre poblaciones alemanas. No olvidemos el papel que jugaron los conquistadores (Hutten, Alfinger, Federmann y otros) enviados por los banqueros alemanes, los Welser, para la conquista del noroeste de Venezuela.

Las pandemias siguieron asolando las poblaciones humanas en distintos momentos de los siglos posteriores, aumentando su carácter letal en la medida que se perfeccionaban los medios de comunicación y se incrementaba el contacto entre las poblaciones de Eurasia y América. La Primera Guerra Mundial de las naciones capitalistas ocasionó -entre 1918 y 1929- la expansión de una epidemia mundial de origen viral conocida como La Gripe Española, que ocasionó también millones de muertos.

En el imaginario caraqueño de la época la Gripe Española creó el mito de “El Carretón”, una pesada carreta plena de almas en pena que recorría de madrugada las desiertas calles caraqueñas. Con posterioridad nuevas epidemias y pandemias han asolado la humanidad, las más celebres y más recientes la llamada Gripe Asiática (1957-1968), el VIH/SIDA, y ahora la COVID-19 que ya ha causado -hasta el presente- 8.000 muertos y unos 200.000 contagiados en todo el mundo.

Venezuela y el proceso solidario de globalización socialista

Así como las pandemias virales aceleraron el colapso de la sociedad feudal en el siglo XIV, la pandemia del coronavirus está provocando una profunda depresión de la sociedad capitalista a escala global. Ello se traduce en un cambio total en las relaciones humanas y en los sistemas de intercambio económico relacionados con la producción, el cambio y el consumo de bienes y servicios. Mientras el sistema capitalista de Estados Unidos se ve desbordado internamente por su falta de preparación para enfrentar la pandemia, China y Cuba -por el contrario- surgen como paladines victoriosos sobre el coronavirus, con capacidad para ayudar a los países que necesiten su asistencia técnica y material para vencer la enfermedad.

La urgencia de cerrar las fronteras nacionales en los diversos países ha conducido a una fase de reversión del proceso de globalización neoliberal impuesto por Estados Unidos, mientras que China ha iniciado un proceso solidario de globalización socialista que replica la actuación de Cuba en el pasado, cuando envió médicos al África y Haití para ayudar a combatir epidemias de ébola y de cólera. China, igualmente, urge al gobierno de Estados Unidos a cesar las sanciones ilegales impuestas a Venezuela, Cuba e Irán para que estos países puedan también luchar con éxito contra el coronavirus; en tanto, China y Cuba nos auxilian con medios técnicos y personal médico para tal fin.

En el caso particular de Venezuela, la decisión del gobierno bolivariano de convertir la lucha contra el coronavirus en un esfuerzo colectivo, ha encontrado una respuesta positiva por parte de la sociedad venezolana. Ello podría marcar un nuevo derrotero para nuestro país, una nueva actitud que se fundamente en el respeto a nuestra soberanía nacional, a la reconciliación de las partes en conflicto y a la solución a la crisis política como forma de derrotar la actitud injerencista de Estados Unidos en nuestros asuntos internos.

Mario Sanoja Obediente
Cronista de la Ciudad de Caracas