Violencia machista en la pandemia

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El confinamiento global en el cual nos ha colocado esta pandemia ha devenido en distintas y variadas reflexiones dentro de los feminismos, apuntaré por este momento, sólo lo referente a la violencia machista.

Nos acusa una fuerte preocupación por las mujeres que viven con sus agresores y maltratadores en estos momentos de encierro. Conociendo el ciclo de la violencia, su tortuoso y lento proceso, todo apunta a que dicha situación puede desembocar en mayor peligro para sus vidas y las de sus hijes. Una, aun mayor, exposición a los diferentes tipos de violencia machista que han venido viviendo.

Los estados de ansiedad y precariedad, a los cuales esta situación puede llevar, genera emociones que la socialización machista vuelve analfabeta a la masculinidad hegemónica, de canalizar por otros mecanismos que no sea la violencia. Misma que verterá en les más vulnerables el agresor, como siempre lo ha hecho. No es una regla, pero si una tendencia que los feminismos están hartos de demostrar.

Si ya de por si el ciclo de la violencia machista contempla entre uno de sus primeros procesos el aislamiento de la mujer, sólo imaginemos lo difícil que puede estar siendo para diluir ese mecanismo, cuando estamos en la necesidad de un aislamiento colectivo voluntario por el bien común.

Estas contradicciones a las cuales la pandemia nos enfrenta no habrá forma alguna de dar frente, que no sea colectiva. Desde otros países de la región se está llamando a tomar una serie de acciones organizativas, entre ellas construir redes comunitarias de emergencias feministas.

En nuestros territorios podemos aprovechar la organización que pueda existir, me refiero a comités de género de los consejos comunales y defensoras comunitarias, en principio. En alianza con estas compañeras, elaborar un mapa de posibles casos de VM y un protocolo sencillo de acción colectiva, con números de emergencias, e incluso la definición de una palabra clave para cada situación y la respuesta consensuada que se le puede dar.

Diseñar un plan de seguridad/protección para aquellos casos de riesgo de las vidas, con: un sitio a donde irse y la protección colectiva del espacio y a la persona que lo brinda, que usualmente es otra mujer. A las mujeres que entren en el mapa sugerirles preparar un bolso de emergencia, en el cual no deben faltar sus documentos de identidad y de ser posible dinero en efectivo, ropa e incluso algún alimento enlatado, resguardado en un lugar seguro no a la vista del agresor.

Invitarlas a que elaboren una lista en papel de sus contactos en caso de emergencia, enseñar a les niñes cómo llamar y qué decir. Si se da un episodio de violencia física, buscar la parte de la casa con menor riesgo, el exterior de la misma, cerca de un teléfono, evitar la cocina o donde haya armas posibles, objetos contundentes, cuchillos, armas de fuego.

No es mucho, pero ojalá nos sirva para cuidarnos.

Indhira Libertad Rodríguez