Decálogo tranquilizador a propósito Covid-19

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I
Obtener conocimiento científico limpio, es decir, despojado de fantasmas, fatalismo o de especulaciones torpes, vestidas de aparente sabiduría o provenientes de supuestas autoridades acreditadas , en cuanto al origen y magnitud del mal y de su real amenaza y a la par examinar juiciosamente los recursos variados y efectivos con que se cuenta para enfrentarlo exitosamente, es decir, no considerarnos desvalidos cuando, ciertamente , no sea esa la situación.
II
Asumir como saludable seguir la primera proposición del discurso del método para dirigir bien la razón y encontrar la verdad en la ciencia, que aconseja “ no creer en nada hasta no estar suficientemente seguro de que eso es cierto». Diríamos nosotros, no tomar decisiones o convicciones irreflexiva o precipitadamente sustentadas en sucesos no comprobados. Cuántas tribulaciones nos ahorraríamos si cotidianamente procediéramos así.
III
Confiar, porque hay razones abundantes para ello, en que la humanidad actual no está en las condiciones que vivieron nuestros prójimos de épocas bien lejanas, cuando las pestes epidémicas mataban a la mitad de una ciudad. Hoy no estamos tan inermes.
IV
Esperar que cualquier esfuerzo defensivo, colectivamente auspiciado, bien organizado y cumplido, no sustentado en fantasías ni en la ignorancia nos dará los frutos que compensen las incomodidades que cueste el producirlos. El que no espera vencer está vencido, reza el conocido refrán.
V
Admitir que no somos omnipotentes y no lo seremos nunca, pero la bondad del altísimo pone a cada rato la omnipotencia suya a nuestro servicio que se traduce en el vasto arsenal, un probado repertorio de ingenio, que hace posibles victorias novedosas, increíbles en tiempos pretéritos no tan distantes.
VI
Una cierta cantidad de angustia no solamente es inevitable sino que es plenamente esencial para activar las armas que hoy poseemos para encarar los males más mortíferos. No debemos, no obstante, dormirnos en los laureles que nos ha deparado el progreso, pero no es recomendable permanecer insomnes por el exceso de angustia que genera el no creer en la ostensible buena calidad de nuestras fortificaciones. La poca angustia que es buena puede hacerse desastrosa si se desborda dándole ventaja al adversario. La diferencia la pone el uso de la razón, potencia que tan poco empleamos.
VII
Antes de Luis Pasteur no se sabía que los microbios (bacterias, protozoarios y virus) eran causantes de las enfermedades y antes de Sir Alexander Fleming, una “punta de costado”, nombre popular de la neumonía, casi obligaba a abrir anticipadamente una sepultura y hoy es una dolencia que se cura, en ocasiones , ambulatoriamente. Pasteur el descubridor del poder patógeno de los microbios vivió entre 1822 y 1895 y Fleming, descubridor de la penicilina, el primer antibiótico usado, vivió entre 1883 y 1955.
VIII
Sigamos disciplinadamente, dócilmente, y diligentemente, las fórmulas precisas que la ciencia y las autoridades establecen para una batalla feliz porque los remedios que están de nuestro lado son eficaces y todos ellos se originan en lo que se conoce del agresor.
IX
La esperanza es la creencia tenaz de que lo bueno que esperamos ya está en camino y lo malo que nos agobia cesará. Tres anécdotas sobre cómo alienta la esperanza ilustran su deseable posesión.
Primera: la caja de Pandora. Cuando ésta abrió el cofre todos los males contra la humanidad se esparcieron; Pandora la cerró y quedó en ella, guardada la esperanza. Alguien volvió a abrirla porque los esperanzados abundan. Segunda: cuando Alejandro Magno repartía entre sus amigos sus bienes más preciados se oyó esta voz: Que dejas para ti . ¡La esperanza! contestó, sin pensar. Tercero: Mozart escribió a su padre: ¡Qué desgraciado soy, siempre entre el temor y la esperanza! Es de suponer que era la discontinuidad de la esperanza, truncada por los accesos de temor lo que lo hacía desgraciado. El temor, para él, era el reverso de la esperanza.
X
Finalmente , para redondear el triunfo, contamos con Dios, socio imprescindible, si usted es creyente. Si no lo es, busque desesperadamente otro con igual prestigio porque es obligatorio en esta contienda. Mientras lo encuentra le rogamos que nos acompañe aceptando al que le estamos señalando. La experiencia, exuberantemente grata y rotunda de los que desde aquí escribimos nos permite declarar que contra los males de textura invisible, como los virus o de gran mole como la angustia que se yergue cuando se siente que la ciencia sola no nos proporciona el amparo que ansiamos, solo Dios , como aliado, nos dispensa de la insufrible derrota.

Ciudad CCS / Vía Pedro V. Chacin E. Psiquiatra y escritor venezolano
Caracas, 23 de marzo de 2020