Pan de mi alma

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«En la CASA codo a codo,

somos muchos más que dos».

Parodiando a Mario Benedetti

Federico García Lorca –ese poeta maravilloso y nuestro– en 1931, en Granada, su pueblo, en la inauguración de la biblioteca Fuente Vaqueros, dio un un discurso donde dijo: “Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan, sino que pediría medio pan y un libro”. Y para darle más fuerza a su querencia insistió: “Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros?”

Ahora que estamos en cuarentena para defendernos de este virus que recorre el mundo, es una buena oportunidad para hacerle caso a Federico García Lorca –ese poeta maravilloso y nuestro– y podemos, además, contestarle que los libros están aquí. Ahora todos los podemos bajar por internet y leerlos cómodamente. Y para sumarnos a la solicitud del poeta, vamos a incorporar unos títulos de libros que se pueden leer mientras nos defendemos con conocimientos. Como dijo alguien por ahí: “Nunca imaginé que iba a pelear en una guerra sentado desde mi casa y leyendo libros”.

Venezuela: Un país para leer

Ya no se puede decir que no tenemos tiempo para leer, ahora, con esta cuarentena, mientras ayudamos a todo lo que hay que hacer en la casa, desde lavar los platos y el piso y sacar la basura, queda mucho tiempo para conocernos a nosotros mismos. Y ya no basta con decir que “Un bongo remonta el Arauca”, ahora hay que leer a Doña Bárbara, para saber para dónde va ese bongo, y qué otras cosas pasan después. Así entonces nos hacemos amigos de Rómulo Gallegos, y leemos también Cantaclaro y Canaima.

Está también Teresa de la Parra. Las memorias de Mamá Blanca es uno de sus libros, y comienzas a leer: “Blanca Nieves, la tercera de las niñitas por orden de edad y de tamaño, tenía entonces cinco años…”. Y así te vas leyendo y vas pasando la cuarentena más hermosa de tu vida. Y si te quedó gustando, seguro que sí, puedes leer también su novela Ifigenia, que fue llevada al cine por Iván Feo.

De esa manera te vas encontrando con un país que de repente no conocías, un país que ha tenido y tiene grandes escritores y poetas y pintores y músicos y cantantes y artesanos y artistas y tantas alegrías que ahora, en cuarenta, podemos disfrutarlas tranquilamente.

Si quieres leer poesía, busca por allí al poeta de Manicuare, Cruz Salmerón Acosta, y lees Azul:

«Azul de aquella cumbre tan lejana

hacia la cual mi pensamiento vuela,

bajo la paz azul de la mañana,

¡color que tantas cosas me revela!»

Y lo lees completo, porque no basta dejarlo hasta allí. Y quieres más poesía y te encuentras con Francisco Lazo Martí, y lees su Silva criolla:

«El llano es una ola, que ha caído,
el cielo es una ola, que no cae».

Quieres entonces leer poetas contemporáneos, que estén más cerca en el tiempo, y entonces lees al poeta y amigo celebrado por sus ochenta años, Gustavo Pereira:

Somari 6

Cuando logró ser conocido por todos trató de ocultarse

Te queda gustando la brevedad y la inteligencia y la ironía y entonces sigues leyendo. Y si, después, quieres leer más poesía te vas a encontrar con Aquiles Nazoa, poeta y humorista y querendón de Caracas. Pronto, el 17 de mayo, cumplirá cien años de nacido, y la fiesta que le tienen preparada es grande, muy grande, y otra vez grande, parodiando a César Vallejo, otro poeta, pero peruano. Y lees la Balada de Hans y Jenny:

«Verdaderametne nunca fue tan claro el amor

como cuando Hans Christian Andersen amó a Jenny Lind,

el Ruiseñor de Suecia».

Y de repente quieres volver a la novela venezolana, la más cercana, te dices, pero antes escuchas a nuestra cantante Cecilia Todd mientras buscas y bajas los libros de internet. Y te encuentras con Rajatabla, de Luis Britto García, texto de relatos que ganó el premio Casa de las Américas, en Cuba. Y lees Helena:

«Un papagayo se hace con papel y verada. Los demás niñitos decían que yo estaba enamorado de Helena».

Y sigues leyendo ese extraordinario y genial cuento y agradeces la cuarentena porque ya estás siendo más venezolano y más tú y más universal. Y te dices que esos son relatos, que quieres leer una novela, y buscas a País portátil, de Adriano González León, ganadora en 1968 del Premio Internacional Seix Barral, Biblioteca Breve. También fue llevada al cine por Iván Feo. Y lees:

«Este país es una vaina seria».

Ese es el epígrafe. Y después arrancas a leer lo que le pasa a Andrés Barazarte cuando llega a Caracas.

Y al final, cuando ves que estás contento y sí sabes lo que sientes, termina la pandemia y sales a decirle a Federico García Lorca –ese poeta maravilloso y nuestro– que es verdad, que los libros te ayudaron a salir de la pandemia, y ahora son el pan de mi alma, y gracias García Lorca.

Roberto Malaver