CONVIVIR PARA VIVIR | Familia: ¿Qué puede salir mal?

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Mil y una formas de drenar las energías. Fotos Francis Cova

A – te – rra – da. No lo niego y no me da pena confesar que cuando decretaron la cuarentena pensé en todos los escenarios posibles que podían desencadenarse en la casa de una familia que se halla en plena reinvención, en un “patas arriba”. Tocaba inventarse un ritmo y aceptar lo que en el fondo ya sabías: ser trabajólico es la posible evasión de vainas no resueltas en tu entorno.

Sin embargo, me divertí pensando que la pandemia nos agarró como en “un dos tres paralizado”, ¿en qué casa te habrá tocado agarrar la cuarentena? ¿con quién? Gracioso y karmático.

Somos en casa: mis tres hijos (gemelos de 9 años y un adolescente de 15 años), mi mamá (adicta al gimnasio y al fitness) y qué cosas de la vida, Felicia, una mujer de 66 años que es tía de todos nosotros y que es como un trozo de la tierra de mi infancia, Tucupita, y yo.

No hay edad ni fecha en el calendario para aprender a leer y escribir.

Qué bonito es todo en un comienzo, como los romances. Luego de la etapa del enamoramiento comienzas a tomarte en serio a Albert Camus cuando dice en su libro La Peste: “Lo peor de la peste no es que mata a los cuerpos, sino que desnuda las almas y ese espectáculo suele ser horroroso”. Perdón si la cita parece negativa, pero de lo oscuro nace la luz. Somos seis almas en la casa, algunas en pleno torno de arcilla, unas ya talladas, pero todas distintas al fin.

Un día, al cuarto día, las tres mujeres coincidimos en la cocina y me di cuenta de que hacíamos lo mismo y chocábamos por lo mismo. A una le gustaba la comida fitness, a la otra un pescado frito con bola‘e plátano y a la otra sencillamente cualquiera de las opciones, pero ninguna cedía el control de las hornillas. Digamos que uno está hecho de partes pero de partes contrahechas.

El estrés suele desparramarse en el juego, la risa y la música de fondo Quédateencasa

Seguía pensando que apenas iban cuatro días y ya nadie disimulaba nada, pero en ese no disimular, en eso que Camus llama “espectáculo de almas desnudas”, descubrí que mi madre está en contra del aborto y está bien; que a Felicia la ansiedad se la lleva por los cachos todos los días y reza mucho y está bien; que mi hijo Arturo de 15 años muere por tocar el órgano, pero la adolescencia es una vaina seria, y está bien; que los gemelos Pablo y Emiliano ya usan whatsapp y están en no sé qué Tik Tok porque quieren ser youtubers, en verdad no sé si eso está bien… (risas)

Una casa es una casa con las almas desnudas, si no, no es.

Felicia, la tucupiteña, llegó sin saberlo en un momento único y oportuno. Ha vaciado la casa de las cosas viejas, ha aligerado ciertas cargas, ha hecho recobrar “el buenos días” entre todos. A Felicia la agarré un día en la cocina y nos pusimos a aprender a escribir y a leer con una cartilla Palmer que le llevé. Se ríe cuando cuenta que mi madre y sus siete hermanos le quitaron el gorro en plena fila de la escuela, después de que dormida la trasquilaron… y más nunca quiso ir al colegio.

Las personas acostumbradas al gimnasio, no comen cuento para seguir ejercitándose.

Como dice Martin Hopenhayn: “Uno quiere conciliar los distintos unos dentro de sí”.

En el imán de la nevera puse un papel con los días de cocina de cada una de las mujeres que allí estamos, un día comemos fitness, otro día chicharrón, un día ranchera, otro día reguetón, y así…

FRANCIS COVA / CIUDAD CCS