Es ahora

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En medio de la pandemia se hace más evidente lo que la economía feminista devela y desarrolla como uno de sus aportes más radicales: la existencia de otra economía, la de los cuidados.

Durante la cuarentena experimentamos lo indispensable que son todas las tareas de cuido y mantenimiento de la vida. Podemos dejar de ir al cine o al parque, pueden parar las fábricas y los aeropuertos, pero no se puede dejar de realizar prácticamente ninguna de las tareas domésticas y de cuido; muy al contrario, quienes cuidan tienen que asumir tareas que socialmente habían delegado en otras mujeres, como por ejemplo dar clase a l@s niñ@s. Es decir, quienes cuidan en esta crisis, como en cualquier crisis capitalista, tienen más trabajo.

Según el informe Oxfam “Tiempo para el cuidado”, las mujeres y niñas dedican 12.500 MILLONES de horas a realizar actividades de cuido de personas dependientes por enfermedad, discapacidad o edad, de crianza o tareas domésticas como lavar o cocinar.

En Venezuela, según la encuesta del INE de Uso del tiempo libre (2011), los trabajos de cuido, no remunerados, que son indispensables para la vida son realizados por 3.173.322 personas, de las cuales el 97% son mujeres. Y las mujeres que trabajan remuneradamente dedican 2,75 horas de lunes a domingo a las tareas del hogar contrastando fuertemente con los hombres, quienes les dedican tan solo 0,73 horas diarias en nuestro país.

Como es de esperar, no hay cifras del incremento de los trabajos de cuido en medio de la pandemia, pero miremos a nuestro alrededor y veamos cuál es la distribución en hogares y comunidades.

La reflexión no puede quedarse en reconocer que las venezolanas son héroes de la patria y mucho menos podemos parar nuestra reflexión en el maquiavélico: “Ellas son todo amor, entrega y sacrificio”.

La desigual distribución de las tareas de cuido tienen consecuencia en los cuerpos de las mujeres: desnutrición, dolores musculares y óseos, fatiga sicológica y otras. Tiene consecuencias en la pobreza que sufren las mujeres pues, al tener toda o casi toda la responsabilidad del cuido, optan por no tener trabajos remunerados o aquellos que les permitan cuidar. Y también, tiene consecuencia sobre el derecho de las mujeres a vivir libres de violencia machista, la dependencia económica hace a las mujeres más vulnerables a esta.

Ahora, cuando es evidente que la única economía que no puede parar es la de los cuidados, es momento para hacer realidad la corresponsabilidad entre varones y mujeres. Es momento para pensar políticas públicas que reconozcan estas tareas y no las romanticen o las usen para descargar responsabilidades institucionales. Es momento para impulsar otro orden económico, uno que ponga en el centro la vida y el cuidado, que planifique, produzca y distribuya tomando en cuenta todos los ámbitos económicos, no solo aquellos que reproducen el capital.

Por ALEJANDRA LAPREA

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