Vicente Campo Elías, el admirable guerrero

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El español de nacimiento Vicente Campo Elías estaba tan avergonzado de lo hecho por sus coterráneos en Venezuela, que prometió acabar hasta con el último que quedase por estos lares y, luego de alcanzar esa meta, se suicidaría para que no sobreviviera ni siquiera un vestigio de los de su raza.

No se suicidó en el sentido estricto del término, pero en cierto modo sí lo hizo, porque haberse enfrentado tres veces con José Tomás Boves, y haber derrotado a sus tropas en dos de esas ocasiones fue retar demasiado a la muerte. Esta terminó visitándolo el 17 de marzo de 1814, en el hospital de campaña de San Mateo, uno de los lugares donde las fuerzas patriotas trataban de frenar el avance realista hacia la capital.

Campo Elías se había incorporado a la lucha por la Independencia de Venezuela desde su inicio formal, en 1810. Acicateado por lo que había ocurrido en Caracas, participó en la réplica de la Junta Patriótica en su terruño adoptivo, Mérida, ciudad en la que se radicó en 1800, luego de pasar varios años en Trujillo.

Un detalle distintivo de su participación es que se suma a la causa republicana, incluyendo la acción militar, a una edad que puede considerarse algo avanzada, en comparación con el promedio. En este punto es necesario precisar que su fecha de nacimiento está en tela de juicio. Según la mayoría de los historiadores, nació en Castilla La Vieja, en 1759, pero el insigne investigador Tulio Febres Cordero complicó la biografía al encontrar documentos que parecen probar que su llegada al mundo ocurrió mucho después, en 1772. En cualquier caso, puede afirmarse que mientras para la camada patriota que encabezó Simón Bolívar, la guerra fue una experiencia iniciada en plena juventud, para Campo Elías fue como el estallido de las rabias acumuladas hasta la madurez.

Pese a la autoridad que le daba esa mayor experiencia, no tuvo dudas en subordinarse al mando de Bolívar, que era 24 (u 11 años, según se vea) más joven. De hecho, fue Campo Elías uno de los promotores principales del nombramiento del caraqueño como Libertador de Venezuela, lo que ocurrió en Mérida, el 23 de mayo de 1813. Tampoco vaciló en unirse a las tropas patriotas y avanzar con ellas en la Campaña Admirable, aquella sucesión de batallas en una de las etapas más terribles de la guerra. Niquitao, Los Horcones, Puerto Cabello, Bárbula, Las Trincheras, Araure, La Victoria y San Mateo fueron refriegas en las que el nombre de Campo Elías quedó registrado por su sobresaliente valentía.

Los historiadores militares dicen que era tan apasionado en su lucha que los mejores desempeños los tuvo en los días en que estaba más iracundo. Por ejemplo, en la batalla de

Las Trincheras, cuando se empeñó en vengar la muerte del joven colombiano Atanasio Girardot, que había caído en combate en Bárbula, cuando apenas tenía 22 años.

La ira también lo llevó a ser uno de los oficiales patriotas que se tomó de manera más literal el Decreto de Guerra a Muerte. Tras derrotar y poner en fuga a Boves en la batalla de Mosquitero, Campo Elías entró a Calabozo, estado Guárico, y según los partes de la época, ordenó ejecutar a machetazos a alrededor de 3 mil personas. No falta quien diga que este tipo de acciones provocaron una reacción en contrario, alimentando las tropas de sujetos como Boves, que capitalizaron el descontento de los pobres, especialmente de los indios, negros, mulatos y zambos.

La convicción antiespañola de Campo Elías fue firme desde que decidió sumarse a la causa emancipadora. Es muy probable que se haya forjado al conocer los procederes del poder hispano en la zona andina, a la que llegó como acompañante de su tío, un sacerdote, Hipólito Elías González. Él mismo llegó a formar parte del régimen monárquico, pues ejerció como alcalde de Mérida en varias etapas, entre 1801 y 1808. Luego fue Regidor Fiel Ejecutor, un cargo asociado al poder municipal.

Los investigadores aseguran que el hombre era un político acucioso y por eso vino a Caracas en 1808 a tratar de enterarse mejor de lo que estaba pasando en España, tras la rendición del rey Fernando VII ante la arremetida napoleónica, un proceso que, sin duda, tendría repercusiones en América. Al volver a los Andes, ya Campo Elías estaba decidido a hacerse parte de lo nuevo, lo que estaba por nacer. Es por eso que fue miembro de la Junta Superior Gubernativa de Mérida, instalada en septiembre de 1810 y que respondía a las autoridades de la Primera República.

Cuando los españoles, en 1812, logran el contragolpe y retoman el poder, Campo Elías demuestra que está dispuesto a llegar hasta el final en esa lucha. Se declara en rebeldía y va a ocultarse en las profundidades del páramo La Encantada, en las vecindades de Mucuchíes. Allí se queda hasta que escucha el ulular del huracán Bolívar, que viene arrollando desde Colombia. Sale de su concha y toma la ciudad de Mérida, aprovechando la desbandada de los realistas. Luego se va con aquel ejército en ciernes. En apenas unos meses se convertiría en un oficial de alto rango (llegó a ser coronel) y de esa lucha solo saldría muerto, como consecuencia de graves heridas sufridas en una faena que, por cierto, fue victoriosa para la causa republicana.

José Manuel Castañón de la Peña y Neftalí Noguera Mora, en El Libro de Mérida, afirman que “Campo Elías, es sin duda el símbolo más recio de la Campaña Admirable”. Otros historiadores coinciden, y ponen como argumentos la forma cómo se incorporó a filas, su implacable aplicación del Decreto de Guerra a Muerte y el hecho de haber afrontado repetidas veces a la Legión Infernal de Boves. Solo eso, de por sí, es una razón para considerarlo un guerrero admirable.

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El otro Vencedor de los tiranos

Vicente Campo Elías estuvo en su corto pero intenso período de actividad militar muy vinculado a otro grande de la historia, José Félix Ribas. Comenzó estando bajo su mando y luego fue clave en la batalla de La Victoria, al llegar providencialmente con sus tropas cuando los jóvenes estudiantes y seminaristas de Ribas estaban a punto de ser derrotados.
La batalla de La Victoria consagró a Ribas y a la juventud venezolana como héroes de la Independencia. En precarias condiciones, ese magro ejército con muy poca o ninguna experiencia en combate repelió nada menos que al “Azote de Dios”, el sanguinario José Tomás Boves. Luego de ese triunfo, el Libertador Simón Bolívar le otorgó a Ribas el título de “Vencedor de los tiranos”.
Nadie discute el arrojo y la gallardía de Ribas, pero quienes han estudiado a fondo la confrontación escenificada en la ciudad aragüeña coinciden en indicar que la clave del desenlace favorable a los patriotas fueron los refuerzos comandados por Campo Elías, el llamado Batallón Barlovento, los que llegaron a socorrer a Ribas e inclinaron la balanza a favor de la República.
También puede decirse que Campo Elías aplicó al pie de la letra la doctrina de Ribas de “vencer o morir”. Ambos murieron en el proceso, pero al final de cuentas vencieron.