El coronavirus y yo

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Desde que llegó la COVID-19 a Venezuela, me dispuse, como en muchas otras ocasiones, a servirle a la Patria. En estos días he venido registrando en fotografía diferentes procesos que dispone el Gobierno Bolivariano para combatir la pandemia.

La primera acción que realicé fue quedarme en el periódico donde laboro subiendo contenidos sobre lo que acontecía en el mundo y comunicando las acciones que el presidente Nicolás Maduro tomaba para el pueblo venezolano.

Otra de las cosas que he hecho es el acompañamiento a la desinfección de las calles, donde un equipo multidisciplinario va rociando hipoclorito de calcio por aceras y avenidas de Caracas.

Llevar alegría a los urbanismos es otra de las actividades realizadas para alegrar a las personas que cumplen las instrucciones del Presidente de quedarse en casa. La Alcaldía de Caracas organiza esas actividades para que la gente desde sus ventanas disfrute de circo, actividades deportivas y culturales, a fin de proporcionar espacios de recreación en medio de la pandemia.

Tuve mi primer contacto con un contagiado del virus. Eran aproximadamente las 7:00 am, cuando recibo una llamada donde me decían que tenía una misión especial, me dijeron que debía ir a una actividad de carácter delicado, pues se trataba de visitar a un paciente que dio positivo a la prueba de la COVID-19.

Al principio sentí temor, pero justo días atrás había escrito en mis redes esta frase que se me ocurrió por la situación del virus: «Quien tiene miedo a enfermarse seguramente teme estar vivo», muchos pensamientos pasaron por mi mente, pero nada me detuvo, me bañé, me vestí, me coloqué mi tapabocas, me monté en en trasporte y me trasladé al CDI, donde me encontraría con el personal médico que iría a la visita. Mi misión era mostrar la atención médica que dispone el Gobierno Bolivariano en este momento.

Los médicos con los que fui me garantizaron todas las medidas de seguridad, me colocaron dos batas, dos tapabocas, un par de guantes y me explicaron cómo sería la jornada.

Resulta que visitaríamos a una familia que llegó de Colombia y el niño dio positivo a la prueba. El chamo estaba siendo tratado en una clínica donde nunca le proporcionaron el tratamiento adecuado, y los padres al ver que el niño empeoraba su cuadro de salud, decidieron contactar al centro de epidemiología venezolano, quienes se trasladaron a dicha clínica para aplicar la prueba que resultó positiva y comenzaron los protocolos correspondientes.

El niño afortunadamente ha venido evolucionando, ya se encuentra en su casa, en cuarentena junto con su familia y vecinos con los que tuvo contacto, nuestro recorrido consistía en entregar el tratamiento de cloroquina a todos los familiares y vecinos, ellos en este momento no presentan ningún síntoma, pero para lograr que el virus no avance deben tomar la cloroquina.

Luego que salimos de la casa, el personal médico y mi persona procedimos a quitarnos las batas, los guantes, los tapabocas para ser desechados, me coloqué otro tapabocas, alcohol en las manos y me subí al carro.

Nos trasladamos nuevamente al CDI, al llegar, una compañera nos hizo lavar la suela de los zapatos con cloro, y nos colocaron alcohol nuevamente en las manos, pasamos a la cocina donde nos esperaba un café caliente, y en la mesa, los doctores me dieron varias recomendaciones que debía hacer al llegar a casa, una de las doctoras me dijo: «No te preocupes, ya todo está desinfectado, solo sigue las recomendaciones que nada va a pasar, solo cuídate», sonreí, y le contesté: «Lo bueno de la jornada fue que los conocí, yo me cuido y cualquier cosa vengo para que me cuiden ustedes».

Carlos Vázquez