El poeta Acevedo

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Ángel Eduardo Acevedo fue otro de los grandes compinches de Sabana Grande en los setenta. Por lo menos 3 de los 5 días de la semana compartíamos mesa en “La Bajada”, y de esos por lo menos uno amanecíamos, en el “Broadway”, que hacían sopa de cebollas para los amanecidos, en Chacaíto. Eso ocurría después de saludar a Regino, dueño de aquel delicioso bar de salsa “El Tío Pepe” que nunca me quiso cobrar por afecto. Recuerdo a una muchacha, esposa de un piloto que le encantaba beber con nosotros cuando su marido viajaba, era muy bella y rica, feliz de brindarnos a unos poetas pelabolas como nos decía. Y tenía un carrazo, en que nos paseaba de bar en bar.

A Eduardito como le decía Caupo, lo dejé de ver un día, hasta que hace 4 años, una amiga de Mérida me contó de un señor poeta que se la pasaba en el bar estudiantil de “La Cibeles”, pero no recordaba su nombre. Al preguntarle si tenía la voz finita como cantante llanero y si la había enamorado a ella y demás carajitas del bar. Soltó la carcajada y me dijo ese mismo es jajaja. Si ese es amigo mío, El poeta Acevedo. Ya en Mérida y en ese bar maravilloso, cuando nos veía entrar, el muérgano decía que yo era el abuelo de la muchacha. Ahí creo que pasa las tardes todavía.

Acevedo es el propio “Caballo Viejo”, y aparte de sus amigos que entramos en ese rango, es su propia inspiración de ese pasaje que inmortalizara Simón Díaz, aunque haya polémica al respecto, y no hay dudas, y lo más que pudo suceder es que se la regalara a su amigo. Pero más allá de sus méritos como compositor y sus ensayos sobre Arvelo Torrealba, Andrés Eloy y Cadenas, el mejor cuento, es la vez que venían Caupo, El Chino y Baica Dávalos, se lo encuentran cerca de “La Bajada” y lo invitan a beber porque le pagaron un premio… es que mi mamá está enferma y voy a la botica a comprarle un remedio… ah no, tranquilo poeta… y siguen al bar… y con su vocecita dijo: Caupo y no vas a insistir! jajaja.

HUMBERTO MÁRQUEZ