Sirio Quintero, nanotecnólogo con recetas de abuela

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Empecemos por decir que no es médico. Sus estudios hasta el nivel de posgrado han sido en filosofía y teología. Pero lo más habitual es que se hable de él como un doctor experto en nanotecnología y virología. ¿Cómo se relacionan estas ramas tan aparentemente distantes del saber humano? Pues, ese es uno de los enigmas que Sirio Quintero encarna.

Y no es el único enlace sorprendente. Por el contrario, las conexiones insólitas parecen ser la característica más notoria de este trujillano de mediana edad que tiene ya legiones de seguidores, gente que, al mismo tiempo, lo considera una mente científica de primer nivel y una especie de gurú al que se le debe tener fe.

Decir Sirio Quintero es hablar al mismo tiempo de tratamientos experimentales de avanzada y de fórmulas ancestrales. Así se pasa de términos de cariz científico (medicina cuántica, nanotecnología, fitoterapia, electromagnetismo) a recetas que hacen pensar más bien en el huerto de una abuela de las de antes.

La prominencia pública de Quintero se había ido forjando poco a poco, al pasar de boca a oído la información sobre “un doctor en Trujillo que cura el cáncer”. Mucha gente tiene algún familiar, amigo o conocido que se ha ido a las montañas andinas a enfrentar sus males oncológicos, y abundan los testimonios que certifican la validez de los tratamientos.

Pero no se trata solo del cáncer (que ya, de por sí, sería meritorio), sino que también ofrece salida para otras terribles enfermedades de alta incidencia en nuestro tiempo, como el VIH-Sida, la diabetes y el mal de Parkinson.

En medio de la pandemia de COVID-19, que sacude al mundo entero, el nombre de Sirio Quintero ha adquirido un impulso renovado desde el momento en que el presidente Nicolás Maduro lo mencionó en una alocución al país y habló del preparado de malojillo, limón, pimienta negra, miel, jengibre y otros ingredientes naturales que tendría efectividad en la prevención del coronavirus. Aunque el Jefe del Estado no dijo en ningún momento que ese producto sea la cura de la terrible afección, la polémica al respecto también se hizo viral.

Como ocurre cada vez que una terapia alternativa adquiere notoriedad, las reacciones del mundo científico han sido bastante enérgicas. Los más radicales han dicho que Quintero es uno de los muchos charlatanes que andan por el mundo ofreciendo sanaciones milagrosas de padecimientos que no la tienen. Pero en su defensa insurgió la legión de quienes han obtenido alivios a sus propias dolencias o han sido testigos de la recuperación de otras personas.

El componente político no podía quedar fuera en este caso. La recomendación del Presidente fue objeto de comentarios sarcásticos de toda clase de expertos y sabihondos consultados por el aparato mediático. Los periodistas opositores se han ocupado de poner muchas comillas en las palabras doctor y científico cuando se refieren a Quintero. La banalización –uno de los muchos recursos de la guerra comunicacional– ha operado de tal modo que de la titánica labor de Maduro frente a la pandemia, muchos comentaristas, analistas e influencers “se quedaron pegados” en el té de malojillo.

Revisando testimonios y trabajos periodísticos previos se observa que el tratamiento de Quintero contra los males antes mencionados no es solo de guarapos, como algunos han pretendido simplificar. Es una combinación de la medicina ancestral con un sustancial cambio en los hábitos alimenticios de los pacientes. El componente tecnológico es el uso de frecuencias electromagnéticas que se dirigen específicamente a los órganos comprometidos en la enfermedad.

“El paciente debe someterse a un examen diagnóstico a través de una muestra de saliva, con el cual se determina su nivel inmunológico. Posteriormente, pasan a la consulta para determinar la primera etapa del tratamiento compuesto por una dieta bastante restrictiva a base de granos, vegetales y frutas, además de una serie de infusiones preparadas con plantas ancestrales dirigidas a limpiar los órganos afectados de bacterias, virus y parásitos”, relata una testigo directa, esposa de un paciente de Quintero.

“En un término de veinte días a un mes del tratamiento depurativo, el paciente es tratado in situ con terapias de nanotecnología que son aplicadas de dos a tres sesiones por día por medio de magnetos colocados durante quince minutos en la muñeca izquierda. Cada cinco minutos se varía la frecuencia. El examen y las terapias (un total aproximado de 90 sesiones contínuas de lunes a sábado) se llevan a cabo en una sala de nanotecnología ubicada en una casa típica del centro de Boconó”.

Relata que las consultas con Quintero, a quien califica como “un hombre pequeño, de mirada aguda y de trato afable”, se realizan en otra casa de estructura colonial, ubicada a unas dos cuadras de la sala de nanotecnología, adonde son trasladados los pacientes de tres en tres.

“En un pequeño hall de la casa colonial, Quintero los atiende en un sencillo y pequeño escritorio, tras un biombo de madera, donde conversa afablemente con el paciente. Mientras sucede el intercambio, para generar nuevos hábitos alimentarios, él va tomando sus propias infusiones”.

En el relato de esta señora sale a relucir de nuevo la característica de Quintero, ese sincretismo que tanto desenfoca a los ortodoxos: el hombre suele reunir a sus pacientes y ponerse a predicar la fe cristiana con gran intensidad, y a resaltar su peso en la curación de enfermedades, lo cual no es un detalle menor si se toma en cuenta que allí, a pocos kilómetros de Boconó, está Isnotú, la tierra de José Gregorio Hernández, ese médico trujillano que, por más milagros que haga, todavía no ha podido convencer al Vaticano.
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Escépticos revolucionarios

Varias semanas antes de que el presidente Maduro se refiriera al ya célebre preparado de malojillo (y fuera censurado por Twitter, dicho sea de paso), la constituyente María Alejandra Díaz había promovido este producto como medicina preventiva de los males respiratorios. Fue por ello que en la entrevista que tuve la oportunidad de realizarle el 2 de marzo al ministro del Poder Popular para la Salud, Carlos Alvarado (para La Iguana.TV), le pregunté qué pensaba al respecto. Respondió que es un tema que debe trabajarse con la lógica, pues ¿cómo alguien puede decir que tiene la cura con remedios naturales para un virus que no existía en el país?

“Es un poco de especulación. Nosotros propiciamos la medicina natural, los saberes ancestrales de nuestros pueblos originarios, pero esto no forma parte de la historia de nuestros saberes ancestrales ni de nuestros pueblos originarios. Seguramente podrá existir algún remedio casero que llegue a funcionar, pero hasta ahora no hay ninguno, ninguna medicina probada ni casera ni industrializada para el coronavirus”.

Otro doctor revolucionario, que prefirió no meter su nombre en la polémica, advirtió que “es verdaderamente inconveniente que a la hora de la disciplina civil, necesaria para mantener la cuarentena, creemos una falsa expectativa terapéutica, de fácil administración y supuesta (negada) efectividad en casos graves”.