Fallece Luis Eduardo Aute, el mago de la belleza

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El mítico cantautor, pintor, escultor y poeta Luis Eduardo Aute falleció a los 76 años en Madrid. Aunque siempre huyó de las etiquetas y se declaró en varias ocasiones como un indisciplinado, sus letras entrañables son emblemas y estandartes de la canción necesaria y un referente artístico y político para las corrientes progresistas.

Nacido en Manila el 13 de septiembre de 1943, Luis Eduardo Aute permanecía retirado de la escena tras haber sufrido un accidente cerebrovascular en 2016. Hoy toca despedirlo, pero deja al mundo un legado musical que le canta a la vida y a la libertad.  Me va la vida en ello, Una de dos, Amor, La belleza, Slowly, Alevosía, Sin tu latido, forman parte de la nostalgia de varias generaciones.

A continuación, reproducimos una sentida crónica que le dedica, a modo de despedida, la periodista española Cristina Fallarás en el diario Público. En ella, la periodista relata su experiencia junto al maestro Aute durante una de las últimas visitas del cantautor a Cuba. La isla bastión de la dignidad formaba parte fundamental de los afectos del autor y Me va la vida en ello, cuya versión más conocida es de Silvio Rodríguez, y Hemingway delira quedan como constancia de ese vínculo.

Que la tierra te sea leve, maestro Luis Eduardo.

 

 

La belleza altera y aquí permanece

Marzo en La Habana se movía al ritmo de las alegrías luminosas y Luis Eduardo Aute paseaba. Pasear es una forma de prestar elegancia al mundo, un modo casi erótico de desplazar el aire. Pere Camps, activista cultural e íntimo amigo suyo, había decidido celebrar el cierre del festival Barnasants en La Habana. Eso y una antología de la obra artística del cantautor, algo que le hacía feliz. En La Habana por la alegría, por la belleza, enemigo de la guerra y su reverso, la medalla. En La Habana, contra los carroñeros que hozan en los pequeños gestos fúlgidos aunque se hunda en el asfalto la belleza.

Aute y Silvio Rodríguez iban a dar un recital juntos en el Teatro Karl Marx, y Camps se había llevado hasta allí a un grupo de periodistas musicales. Yo iba por libre. Caminábamos por la calle perseguidos por la ondulación propia del extranjero que no se siente turista y por el objetivo de Juan Miguel Morales, fotógrafo de lo que permanece. Recuerdo que en un recorrido por La Habana más desconocida me crucé con lo que debió de haber sido una mansión. En el centro de la sala de entrada crecía un árbol y cuatro negros jugaban sobre una mesa redonda a los naipes, o al dominó, o quién sabe. A veces paseábamos junto al cantautor y era recuperar una idea sutil y definitiva de la revolución, de mi adolescencia, el día que cogí el coche solo para disfrutar el nuevo disco, Slowly, conduciendo de Barcelona a Madrid.

De aquel concierto permanecen las voces de Aute y Silvio cantando Me va la vida en ello:

Pero quiero que me digas amor

que no todo fue naufragar

por haber creído que amar

era el verbo más bello,

dímelo, me va la vida en ello.

Muchos años antes de aquel encuentro, a principios de los noventa, editamos en Barcelona una revista cultural destinada al fracaso, entonces se hacían esas cosas. Queríamos una presentación en sociedad a la altura de nuestras inocentes ambiciones locas. Así que, con esa locura, llamamos a Pere Camps (él siempre ha estado ahí, él es el motor de lo culto) para ver si Aute podría, en aquel acto, leer a Jaime Gil de Biedma. Jamás pensamos que Pere nos fuera a tomar en serio. Jamás pensamos que el cantautor nos fuera a responder. Un mes después, en el escenario del Sant Andreu Teatre, Luis Eduardo Aute recitaba una selección de poemas elegidos de entre las páginas de Las personas del verbo. Nosotras teníamos poco más de veinte años.

Aquel 22 de marzo de 2008, Aute, sobre el escenario del teatro Karl Marx de La Habana, dijo: “Tengan la absoluta seguridad de que este sueño que Cuba me está regalando no lo olvidaré hasta el fin de mis días”. Acababa de interpretar a capella el mejor Al Alba, yo cumplía 40 años y tampoco olvidaré jamás.

Nada saben de la belleza los buitres, nada los ignorantes, nada los indecentes. Pero la belleza es generosa, la belleza es culta, la belleza es elegante y permanece ahí, en los adentros, en aquello que ha alterado. Para siempre.

Cristina Fallarás

Fotos: Cortesía Diario Público