La casa está de moda

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En memoria de mi amiga María de Las Casas

Los venezolanos somos tan faramalleros que cualquier vaina que nos pase la ponemos de moda y de joda, pero como el fulano virus éste es cosa seria y peligrosa, refirámonos mejor a esta temporada de casa sobrevenida e inusual y extraordinaria, por demás. Estamos viviendo el torneo mayor de la creatividad hecha en casa, nunca antes se leyeron tantos libros, ni se vio tanta TV, ni se pintaron tantas paredes, ni se arreglaron tantas tuberías, jamás se había cocinado tanto, sobre todo con lo que hay, la auyama se hizo la reina de las cremas, por lo barata y que con unos ramitos de cilantro, celery, ajoporro y cebollín, logramos la madre de todas las sopas.

Sin embargo, el fantasma de la esclavitud femenina de siglos anteriores recorre las cuevas familiares. Amas de casa liberadas, trabajadoras de la calle o de recintos públicos o privados vuelven a lo del siglo pasado, al confinamiento en la casa, en esa suerte de casa por cárcel, aunque ahora ciertamente voluntaria, lo que le hace extraordinaria, pero demasiado real. Lo mismo pasa con la sociedad protectora de maridos presos que presidí hasta mi último día de presidio, cuando mi carcelaria me abandonó. Pero nunca tanto marido junto había pagado semejante cana, que digo casa, sostenida. Ni los cachos se habían aplacado tanto en la historia de Venezuela, ni nunca habían tirado tanto marido con mujer, por lo que los analistas proyectan que para enero y febrero de 2021 habrá una sobredosis de partos que los gobiernos deben prever. El otro fenómeno que vaticinan los especialistas es la culiamentazón de los infieles cuando levanten esta vaina. Todo el erotismo inusual e ilegal reprimido en cuarentena se desatará como una nueva peste sustituta y sabrosa, bajo aquel viejo sentencio: “A tirar, a tirar, que el mundo se va a acabar”. Jajaja

HUMBERTO MÁRQUEZ