La violencia contra mujeres y niños es una epidemia silenciosa

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Es cierto que la cuerentena nos salva de la pandemia del Coronavirus, pero no es menos cierto que dentro de los hogares vive un virus invisible que se come la convivencia familiar, y logra adentrarnos en un círculo tan vicioso que puede acabar en la misma muerte, la violencia intrafamiliar. Los femicidios están siendo contabilizados a través de múltiples observatorios mientras esperamos las cifras oficiales desde el años 2016 en Venezuela.

Según Utopix.c un obsertavorio de subregistro de medios que lleva la colega y activista feminista Aimee Zambrano, se tienen unos 16 femicidios en lo que va del mes de abril. Por otra parte, la psicóloga Yurbin Aguilar considera que así como se actúa con pasión para contener el coronavirus, así debería atacarse la estructura de la violencia, donde el meollo del asunto es la cultura de dominio.

—Hay quienes viven con sus agresores, niños, niñas y mujeres. ¿Cómo ha incidido la cuarentena en esas casas?

—Vivimos en violencia, en nuestro país y todos los países del mundo, desde que la civilización se instaló como una cultura de dominio y la violencia es el instrumento. La violencia intrafamiliar es una expresión paradigmática, porque ahí se aprende a ser violentos en todos los ámbitos del ser humano. Pero ciertamente la violencia intrafamiliar se incrementa en tiempos de cuarentena por la sobreexposición de unos con otros. El estrés que genera estar metidos todo el día en la casa por el hecho de no tener otros espacios de esparcimiento, por la presencia de hijos, esposos, esposas, abuelos y por la sobredemanda que entre uno y otro miembro de familia ejerce la presencia continua las 24 horas del día. Además se suma el hecho de que todos están en una posición de superioridad con otro ya sea por razones de edad, por discapacidad o cualquier otra razón.

También está la descarga de nuestras frustraciones y perturbaciones emocionales, culpabilizando al otro y por tanto acallar esa perturbación con la violencia. Entonces es factible que los hermanos adultos quieran someter y maltratar a los pequeños, que las mamás descarguemos nuestros estrés y nuestras angustias con los más chiquitos y que los hombres lo hagan con sus parejas.

— No solo estamos hablando de violencia en las mujeres sino de maltrato a niños. ¿En Venezuela hay un plan para atacar ese flagelo?

—Requiere una respuesta un poco compleja. Nosotros tenemos leyes, la Ley Orgánica por el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia y la Ley Orgánica de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes, que es el documento formal más allá de la Constitución que convoca a la planificación de las instituciones que les corresponde intervenir en estos hechos. Eso quiere decir que hay unos planes, pero ¿qué pasa? Que más allá del plan hay una estructura cultural de base, que lleva a que todos estemos inmersos en la cultura del dominio, que las dimensiones del abuso sean tan cotidianas, tan altas que se vuelvan invisibles e ineficientes las intervenciones que desde esas leyes y de esos planes institucionales se realizan. Esa cultura es tan inmensa, tan compleja, tan histérica, tan invisible, tan cotidiana que los planes no terminan de tener en cuenta esa complejidad, no terminan de revisar su implementación para ver en donde se cuela esa cultura de dominio.

Entonces es una demanda de revisarnos, de revisar los planes, las implementaciones, en pro de saber la complejidad a las que están llamadas a construir la intervención, pero planes hay.

—¿Las llamadas de emergencia por violencia han ido en aumento es un indicador de algo que no se está haciendo?

—El aumento de las llamadas de emergencia por violencia es un indicador de que estamos en una situación estresante, una sobre presencia de las personas con las que cotidianamente convivimos y aquí quiero hacer un paréntesis. Nosotros convivimos en intimidad con personas que nos muestran que nos sirven de espejo de los elementos que tenemos que revisar, para transformarnos para hacernos cada vez mejores personas. En la cultura de dominación no se nos enseña a la autocrítica, a la auto observación y la autocorrección. Todo lo contrario se nos enseña a poner el problema afuera y la solución afuera y la solución es a través de la violencia. La cultura no nos ha dado otras herramientas para resolver que no sea a través de la violencia. También es un indicador de que así como estamos haciendo todo este trabajo maravilloso para la contención del coronavirus, de una epidemia, hay una epidemia invisible que es la violencia intrafamiliar, la violencia social a la que debemos ponernos con toda esa pasión y con todas esas estrategias a diagnosticarlas y a intervenirlas.

—Se tiende a escuchar por la calle aquella de frase de “en peleas de dos no se debe meter nadie”.

—La frase esa de entre marido y mujer nadie se mete es un mito, se considera que lo ocurre dentro de la familia es privado, pero la familia no es sino una expresión de la cultura y si esa cultura es violenta tanto adentro como afuera de la familia debe ser intervenida.

No se puede justificar dejar a alguien, un niño, una mujer, un adulto mayor, una persona con discapacidad siendo objeto de abusos y maltratos por el solo hecho de que eso está ocurriendo en la privacidad del hogar. Es un absurdo y una propuesta mítica que convoca a dejar las cosas como están y a perpetuar la violencia. No se puede seguir ese mal consejo histórico.

— ¿Qué plantea el movimiento feminista venezolano?

—El movimiento feminista venezolano tanto antes como ahora siempre ha sido un movimiento crítico del abuso de poder y la violencia patriarcal. Tengo muchos años siendo partícipe y testigo del movimiento, y sí siento que hay un incremento de activistas y un incremento de acciones en contra de todas las formas de opresión patriarcal. Y por supuesto que hay un cuestionamiento, una revisión teórica y crítica para la compresión de la cultura de dominación y su violencia estructural, y un accionar transformador. Pero siempre los grupos feministas somos pequeños ante las dimensiones del fenómeno cultural, como también han resultado pequeñas las intervenciones del Estado. Entonces tanto las instituciones del Estado responsable de construir una cultura justa, de paz, de respeto a la diversidad como es la propuesta en la que estamos comprometidos una buena parte de los venezolanos, pues más aun estamos llamados a revisar a profundidad estos fenómenos y a intervenirlos, porque en una cultura desde los valores patriarcales o capitalistas la violencia es perfecta porque te neutraliza y se apropia de tus recursos, te reduce a un objeto y te utiliza tanto como lo que produce, pero en una propuesta político ideológica como en la que estamos comprometidos en Venezuela, eso es una incoherencia. Claro que es un dato histórico que nos arropa pero precisamente como decía Chávez la historia está para revisarla y no para repetirla. Más responsables somos hoy de ver y transformartoda expresión de dominio, toda expresión de violencia.

— ¿Cómo abordar aquellos casos que sufren de violencia intrafamiliar que no se animan a pedir ayuda sea por miedo u otras razones?

—Más allá de que las víctimas no busquen ayuda debe haber una política que busque los casos, como estamos haciendo con la pandemia. Entonces la respuesta debe ser integral, compleja, sostenida en el tiempo. Una, las instituciones del Estado; otra, la familia; otra, ustedes los medios de comunicación; otra , la comunidad; todos tenemos que visibilizar lo inadecuado, lo frustrante, lo contradictorio, lo antihumano que es descargar nuestras frustraciones en el otro y nuestras miserias humanas haciéndole daño a otro u otra. Es la institucionalidad, el entorno el que debe poner un para’o mientras llega la emancipación.

—¿Y la equidad de género?

—Pues es otro factor, sino uno de los más importantes e indispensables en esta lucha de también múltiples aristas. La investigadora Aimee Zambrano opina: “está el tema del aumento en el trabajo no remunerado (crisis de los cuidados) en el hogar, que son las mujeres quienes lo asumen en casi su totalidad: tareas del hogar, cuidados de niños, niñas y adolescentes, de adultxs mayores, de personas con discapacidad y cuidado de la pareja, el Clap, consejos comunales (…) creo que más allá de echarle la culpa a la cuarentena en sí, es crear planes desde el Estado para atender estas problemáticas que se profundizan con la situación de la cuarentena.

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Ampliar el debate y hablarle al varón

Esto ha hecho que el sistema quede intacto, sin rasguños, sin juicios que lo derriben. Para el colectivo Trenzas Insurgentes, no aparecen como corresponsables del machismo las tradiciones familiares, la escuela, la religión, la sociedad, los modelos de comunicación, la cultura y sobretodo las pautas de crianza impuestas.
Un punto de vista que bien puede ayudar a desmontar la violencia estructural, la raíz del asunto.
Ellas se han montado en una nueva campaña: “Desde el diálogo, pero a distancia por supuesto para contener los posibles femicidios que se puedan suscitar (…) Consideramos que la violencia machista va más allá de la víctima y el victimario. Le hablamos a la familia, a la comunidad, a la cultura del cuidado de nuestros pueblos, la lucha es entonces despatriarcal contra un sistema opresor y perjudicial tanto para las mujeres como para los hombres”.
Esta pequeña campaña propone ampliar el debate y hablarle al varón que violenta:
“Te proponemos grabar un video corto de máximo un minuto, con tu nombre, edad, ciudad y país, donde propongas alternativas, opciones y posibles soluciones para evitar la violencia en todas sus formas. ¿qué le dirías a otro varón que agrede a su familia, a su compañera o hijos? ¿cómo lo orientarías? ¿Cómo explicarle que esta encerrona nos está afectando emocionalmente a todos y a todas por igual? Y sobre todo a los más pequeños. Si fuera tu hermano, sobrino, primo, tu pana querido del alma, tu compadre, ¿qué le dirías?”. El video puedes enviarlo al correo trenzasinsurgentes@gmail.com

911: por una cuarentena libre de violencia

1 ¡Denuncia! Se realiza paso a paso y se le otorga orientación a la víctima para garantizar su protección.

2 Se enlaza. Con los Cuadrantes de Paz en el territorio para garantizar la acción efectiva y oportuna que garantice el Derecho de las mujeres a una vida libre de violencia.

3 A Fiscalía. Se remiten los casos en materia de delitos de violencia contra la mujer de guardia en cada territorio.

4 Seguimiento. A las víctimas, una vez que se conoce la situación, se llevan datos y estadísticas de los mismos. Un equipo multidisciplinario conformado por Tribunal Supremo de Justicia, Fiscalía General de la República, Defensoría del Pueblo y la Defensoría de la Mujer trabaja en sesión permanente para abordar este tema

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Biografía Mínima

Yurbin Aguilar es Psicóloga clínica. Magister en Estudios de la Mujer. Feminista desde niña pues siempre ha confrontado las expresiones de dominio y en la edad adulta gracias a su enfoque de género. Ha podido diseñar, implementar, supervisar y evaluar, en sus momentos, la Dirección de Prevención de la Violencia contra las Mujeres de la Asociación Venezolana para una Educación Sexual Alternativa (Avesa) e Inamujer; las primeras Casas de Abrigo del país; los programas de formación en la UCV, Inamujer, Minmujer, la Escuela de Derechos Humanos de la Defensora del Pueblo, entre otras instituciones.

Texto Francis Cova