LETRA DESATADA | Pandemia de amor y humor

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Canción. “¿Compadre, cómo está el mundo? / ¡El mundo va majomenos! / ¡Porque ahora no se acaba solamente pal pendejo!”, dice una canción de Gino González. Si algo ha dejado al descubierto la pandemia ha sido eso. Este virus no es como aquel que sólo asolaba a los pobres, a los homosexuales, a los negros. Este tiene la “particularidad” que no solo ataca a los pelabolas, a los diferentes, y, desde ese punto de vista, es bastante “democrático”.

Ovnis. Resulta que ahora los gringos “ven” objetos voladores no identificados. Y ahora sí hay que creer que existen porque lo dice el Pentágono. El mismo Pentágono que antes ha desclasificado sus genocidios, sus conspiraciones, sus torturas y torturadores, sus mentiras y, en suma, sus fechorías. ¿Cuál será el interés de los gringos de ponernos a mirar hacia el espacio? ¿Será una cortina de nubes? Vayan a lavarse ese paltó. Y esperemos la invasión extraterrestre.

Gasolina. El país, nuestro país, donde se “regala” la gasolina, de repente consiguió emuladores. Y en las bombas que ya estaban sin público por la pandemia en otras latitudes, el combustible es comprado “casi regalado”. Y miren pues que ya no se vende regalada porque las bombas se volvieron un negocio para los bachaqueros, pimpineros citadinos de todo pelaje hacen colas como antes lo hacían para comprar harinas de maíz y revenderlas. Sí, también hay gente que las necesita, las harinas y la gasolina, para trabajar y para comer. Pero los parásitos siempre andan medrando, buscando, husmeando, delinquiendo. Una bomba carga, según el número de surtidores. Entre 35 mil y 210 mil litros. A un dólar cada litro. ¡Fariseos!

Curvas. Subidas exponenciales, caídas exponenciales, curvas aplanadas, casos por cada millón, por cada cien mil habitantes… Eran cosa del periodismo de precisión. Preciso ahora es saberlo para entender bien cómo interpretar tanto número, tantas muertes, tanto recuperado feliz, tanto mercader de aquí y allá haciendo negocios con los tapabocas, con la gasolina, con los alimentos, con las medicinas, con el sufrimiento de las personas. El negocio de la salud, el capitalismo, quedó al desnudo en el mundo. Y en Venezuela también.

El centenario más sencillo. Antes de la pandemia, el centenario de Aquiles, como tantos otros proyectos, se celebraría “por todo lo alto”. Y así se hará, solo que ahora lo más alto es lo más sencillo, lo más amoroso, lo más Aquiles. Nunca como ahora nos volcamos tanto a difundir su palabra. Poetas, cuenta cuentos, artistas, cantantes, librepensadores, niños, niñas, adolescentes, abuelas y abuelos, actores y actrices, declamadores, burócratas sensibles y maravillosos. Cosas hermosas de la pandemia. Dice Ludovico Silva: “Ha sido el único poeta venezolano (Aquiles) que habló directamente a los desheredados, a los marginales, a los miserables y también a esos clase media que tienen un pie en el barro y el otro en el primer peldaño de la escala social. Sus versos entre cómicos y sentimentales, son la expresión más transparente y menos falsa que existe…”. Valga finalizar estas desatadas palabras, con estos versos de El perro callejero de Aquiles Nazoa: Mientras a él las mujeres / le ponen cintas, límpianle los mocos, / tú, Vagabundo, eres / -privilegio de pocos- / amigo de los niños y los locos. Sigamos.

MERCEDES CHACÍN