Invasión

0

¡Si no nos agarra el chingo, nos agarra el sin nariz! Somos más tercos que el muñeco aquel de Carlos Andrés Pérez, cuando la campaña del 88, que le dabas un coñazo y se caía y se volvía a levantar. Así somos nosotros, que  nunca fuimos tan sinceros. Agarraron a Cliver –Asustado- Alcalá en Colombia con unas armas al por mayor, y salió voluntariamente a hacerse un video, porque después de ese pelón estaba seguro de que lo iban a sacar del canal en muerto y en directo. En ese video dijo lo del contrato, “hay un contrato que firmó Guaidó”, dijo sudando y viendo a cámara. Después se fue de viaje de placer con la gente de la DEA que lo fue a buscar al aeropuerto del Dorado en Colombia. Ahora vienen los mismos que estaban esperando las armas que les enviaba Alcalá y que no llegaron, pero somos tercos e insistimos, porque somos insistencialistas.

Tomo y obligo un descanso. Y llegaron a Macuto en la madrugada del domingo y allí cayeron mansitos. Allí venía un tal Pantera, ¿y quién ha visto una Pantera en el mar?, coño, hay que ser bien arrecho. Y se supo todo. Unos cuantos se quedaron allí para siempre y dos fueron atrapados. Pero después vino el bochorno nacional e internacional para nosotros. En Chuao, un pueblo que creíamos que era colombiano, y alguien dijo que no, es aquí en Venezuela, y otro respondió como en la película aquella Canción mansa para un pueblo bravo: «Coño, este país sí es grande”. Allí nos pescaron unos pescadores que tiraron su atarraya y cayeron ocho sardinas que se vendieron como tiburones. Y allí venían dos gringos go home que se quedaron locos, porque creían que en la orilla de la playa estaba un pueblo esperando la democracia que le llevamos nosotros a Irak y a Libia, pero un carajo, allí estaba la gente arrecha con nosotros y nosotros arrechos con todo el mundo que nos metió en este peo. Uno de los gringos gritaba en español que llamaran a SilverCorp, y el otro pensaba en Toro, el amigo indio del Llanero Solitario que siempre pegaba ese grito: “jay silver”, o una vaina parecida cada vez que arrancaba con su caballo.

Después vinieron las declaraciones del dueño de la empresa, Jordán – Embarcado- Goudreau, reclamando su pago y mostrando el contrato del que ya Cliver –Asustado- Alcalá, había hablado en el video, solo que aquí estaban las firmas del Interino y de otros, y todo el mundo lo pudo ver. Y el hombre le decía a Guaidó: “Paga lo que debes”. Pero después dio unas declaraciones uno de los firmantes, J. J Rendón, que ahora en la oposición lo llamamos, no sé por qué, P.P. Rendón, y dijo que sí, él dijo firmeza, y firmó esa vaina, pero eso se había vencido, y además, puso 50 mil dólares que parece que los perdió, a  menos que Trump, que es el verdadero dueño de la empresa, le pague esa vaina, aunque SilverCorp no es atendida por su propio dueño. No pegamos una. También hay dos compañeros que se cayeron de la mata de coco; Pompeo, quien declaró que iba a abrir la embajada de Estados Unidos en Venezuela dentro de poco, y Ramos Allup, quien es el que tiene la llave de la embajada, estaba contentísimo y se quedó con la llave adentro. Y el otro compañero es Elliott Abrams, que dijo que venía un amanecer del carajo para Venezuela, y debe estar arrechísimo por la cantidad de dólares que le ha pagado a los periodistas de la prensa libre y por puesto que se están llenando y no saben informar un carajo, porque todas las fake news se las descubren por piratas.

El papá de Margot veía la televisión y gritaba: «Invasión, invasión” Mientras veía cómo los pescadores de Chuao tenían contra el suelo a las ocho sardinas que antes fueron tiburones. Y después dijo:» Qué invasión tan pendeja”. Y se fue al cuarto y agarró la puerta y le metió ese coñazo tan duro que la vecina gritó: “Aquí está otro mercenario, vengan a buscarlo”

-En el mar la vida es más sabrosa.- me canta Margot

Roberto Malaver