La mirada donde vivimos

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Luis Alberto Crespo es un poeta lleno de misterios y de sorpresas. Hace pocos días me encontré un calendario especial que se publicó en el año 1991 en donde el poeta caroreño escribió para cada mes de ese año un poema, y un último poema que corresponde al mes de enero de 1992. Estos 13 poemas no aparecen en ningún libro de Crespo, por lo tanto son inéditos. La mirada donde vivimos. Ventanas del pueblo de Chuao fotografiadas por el editor, añorado, entusiasta de las calendas Roberto Colantoni. Se produce el acto creador, donde lo visual es fundamental, no es la razón, es el ojo el que escribe. El ojo del poeta y el ojo del fotógrafo. Ambos atraviesan las ventanas, la cañavera, el barro, sus bordes, las caligrafías que deja el tiempo, parecen papagayos, estrellas y banderas ondeando, la ilusión de los sentimientos y los mensajes de la soledad. La ventana de la eterna esperanza como testimonio de nuestros ancestros. Dos creadores encontraron con sus sensibilidades y buenos ojos, con el ritmo de la poética el espíritu de nuestro pueblo en Imagen y Poesía. Hoy celebramos nuestro Valiente pueblo de Chuao.

El calendario lleva poemas inéditos de Crespo.

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Enero

¡Cuántas veces fue el afuera
con su enormidad blanca!
¡Cuántas veces la murmurante, la parlanchina,
la del encuentro y la espera!
Y la olisquéo el viento
y la rozó hasta hacerla gemir en la ranura,
en su velo exasperado.
¡Cuántas veces estuvo allá arriba,
en las constelaciones, sin moverse de la tierra,
mirándose en nosotros!
A veces se llamó el tiempo, el del este y el oeste
o el que nos borra a mediodía.
La ensimismada el chubasco,
la volvía sentimental la llovizna.
¡Cuántas veces fue como un ahora,
ahora que es sólo por dentro,
pura sepultura del fulgor!

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Febrero

¡Cuánto tiempo estuvo muda
[y ciega,
tras el velo, la mordaza,
sin poder siquiera holgarse [en su vastedad de cielo!
Hasta que rasgaron su
[enlutamiento
y se escapó esa luz que volaba
[y volaba…

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Marzo

¿Quién viene? Quién es ya un adiós?
¿Cómo se llama esa brisa,
ese borde de alguien?
Hay un sentimiento allá afuera,
una interioridad desnuda.
Pero nada es persona,
aunque la cortina es como ella,
y el muro el amado.
No hay nadie.
“Sólo lo silencioso vigila”.

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Abril

Deja el dolor,
no veas lo que te duele,
un éxtasis.
No te hieras más en la pared,
no te observes desde esa herida.
Irreverencia lo amargo,
Sonríele
Y sé de este mundo.

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Mayo

Yo soy quien no está.
Yo soy tú imaginándote
y habrás venido y amarás otra vez tu cautiverio
como si tu corazón no tuviera ya bastante
con esa orilla.

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Junio

No quiero estar.
No quiero esa semejanza.
Soy la mentira de mí misma,
mi invención.
Ya no hay casa en mí,
ni tengo adentro.
Soy lo que tú has soñado
o tu talismán.

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Julio

Eres nosotros.
Igual.
Dime si te pasa lo mismo,
si durar es descarnarse,
si olvidarse es una ascensión,
es espiritualizarse.
¿Me veo viéndote?
¿Te ves viéndome?
¿Quién de los dos es muro?
¿La ruina de ayer y mañana?

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Agosto

Me acuerdo del campo. Era un suspiro,
una gran vehemencia sobre la hierba.
Me he desgarrado para que quede en mí
como un sello.
Que el viento y el afuera no vengan después
con su olvido
a borrarlo todo.

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Septiembre

Yo fui ventana
y fui cautiverio,
pero vino el sol.
Dijo “Yo soy del arte”.
Quiso que yo fuera esa ilusión.

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Octubre

Yo fui mi infancia y mi única vez
y me tuteaba con los dioses
con lo invisible.
Me toqué toda y sentí lo que había sido:
polvo y tierra,
tierra roja,
endureciéndome, tapándome.

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Noviembre

De mi propio barro, de mi saliva
es tu recuerdo.
De mis manos es tu cuerpo,
de mi caricia con la que te invento.
Y digo con algo de viento y blancura
cómo es mi deseo,
cómo eres.

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Diciembre

Los bordados de comienzos de luz
y de finales de tarde,
el tejido de bruma
y pespunte de flor
que hace y deshace la tiniebla
y desbarata el tiempo
ya no serán más nostalgia del efímero telar celeste.
Ahora el cielo todo es nuestro.

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Enero/1992

No me dejas ser
ni un vuelo
ni nada lejano.

Soy lo que no soy.
¿Por qué me niegas?

Hay tanto rostro tuyo en mí,
tanta crispación a punto de gritar.

Poemas de Luis Alberto Crespo / Fotografías Roberto Colantoni / Texto Enrique Hernández D’Jesús